viernes, 15 de marzo de 2013

Matrimonio sin futuro

Ahí tienen en la ilustración –siempre suelo colocar al menos una en cada post– al presidente insular del Partido Popular, y a la sazón alcalde de mi pueblo, con su homólogo ramblero. Y su “estacón”. Aclaro que recibía tal nombre, cuando yo era joven, el artilugio que sostenía el plantón para que aguantara bien sujeto en tiempos ventosos. Y lo del vendaval, es decir, que se bambolea, interprétalo como te dé la realísima. Ahora los fabrican metálicos. Antes eran de procedencia vegetal. En ambos casos, inanimados, sin raciocinio, sin que den más de sí. ¿Cómo? No, hombre, yo me refería a los estacones. Aunque pensándolo bien… Si he sostenido hasta la saciedad el que no todos podemos ser concejales, conjetúrate qué es lo que me puede pasar por el magín cuando escucho hablar, o intentar argumentar que dos y dos son cuatro, a… Pon tú el nombre porque a mí me da un no sé qué.
Manolo gobierna en el municipio de Los Realejos merced a una cómoda mayoría absoluta (11 de los 21 concejales de la corporación). Y un número de votos que casi dobla a la segunda fuerza política: CC. Tomás lo hace en San Juan de la Rambla por un pacto que no tiene justificación alguna. Tan impresentable como los que lo llevaron a cabo. Y eso lo sabe Domínguez, porque bobo no es, pero una alcaldía bien merece todo tipo de sacrificios. Por lo que si se debe aceptar los postulados de esos gastados, sin ideas (ya los denominé en anterior comentario como los del encefalograma plano, que tú criticabas en El Debate haciendo referencia a los que están en el Gobierno de Canarias y que en San Juan te auparon a los altares), y si arriba son tan imbéciles que me ofrecen puesto tan apetitoso (por razones de incompetencia o porque quieren manejar los hilos desde la trastienda), miel sobre hojuelas.
Tomás se autocensuró y Manolo repartió las bendiciones. Los 217 votos o haber sido primer teniente de alcalde, es lo de menos. Como fiel alumno aventajado de don Soria, tiempo habrá de no decir nada en las declaraciones que haya lugar. Me refiero a Domínguez. El otro, ni eso. Tanto que osa hablar de matrimonio sin futuro, que no le importa la imagen del partido sino le preocupan los vecinos de SJR. Se necesita tener mucho morro (político, por supuesto, y sigo las directrices del que tú le pusiste el nombre de una calle en el pueblo en contra del sentir de al menos doscientos, o más, ciudadanos realejeros, me incluyo) para atreverse a sandeces semejantes. Lo que opinen los habitantes del noble pueblo ramblero te la trae al pairo. Me parece mentira, si tan amigo eres de las redes sociales, de que no te percates de la que se cuece desde La Rambla hasta la Fuente del Bardo. O visita el pueblo, como hago yo.
Cuando se defiende lo injustificable, lo paradójico, lo inconcebible, cualquier argumento suena a hueco, a vacío. Te reitero el ejemplo que te menté no ha tanto. Imagínate que hubieses obtenido 10 concejales en las elecciones de 2011. Y que, por consiguiente, la suma de los otros tres grupos hiciera ese anhelado número 11. Por ejemplo –hipotético– que CC hubiese alcanzado 7, que junto a los 3 del PSOE y el de IU, te pudiesen haber dejado en la estacada. Y que arriba fuera Jonás el alcalde. ¿Estarías hoy defendiendo los mismos postulados que osas esgrimir para que los estimados amigos rambleros entiendan, o evidencien, la vil jugada a la que te has prestado con sumo gusto y deleite. No me jodas, Manolo, todo sea dicho con el mayor respeto que le debo a mi alcalde, pero no al máximo dirigente del PP en Tenerife. Eso se llama mear por fuera de la bacinilla y cuando eso ocurre hay que acudir al urólogo. Y te lo manifiesto por experiencia. En los dos campos: el político y el del galeno.
Qué bien aprendiste lo de la ‘separación’ para ‘iniciar una nueva vida’. Tú, militante de un partido tan puritano y ultracatólico. Fiel exponente de la falsedad imperante. En la que incluyo parte significativa de un clero que es capaz de negar algún sacramento a los infantes porque sus progenitores están en pecado y hacen la vista gorda en otros casos, estimado alcalde, que tú bien conoces y no creo sea menester recordarte. ¿Cómo puede sostenerse la prédica de tu partido acerca de las abominables leyes del divorcio, del aborto, del matrimonio homosexual y otras de igual calado (puertas afuera), si la cantidad de militantes populares que han hecho uso de las mismas ya no es posible contabilizarla con dedos de manos y pies (puertas adentro). También en este pueblo, ¿o no husmeas en tu interior y aledaños? ¿A qué jugamos? Contra ese mercadeo y falsedad arremetió alguien siglos atrás cuando corrió del templo a mucho fariseo.
Las citadas leyes –por general conveniencia e intereses bien definidos– no deben estar en desuso, como esa otra que no te permite arreglar el desaguisado de Santa Úrsula. Eso se llama, estimado presidente popular, tener mucha cara. ¿Cuántos raseros y varas para medir? ¿Te recuerdo la negativa a institucionalizar el acto de acogimiento civil a los recién nacidos cuyos padres no opten por el bautismo, sino que decidan ellos –los críos– libremente cuando sean mayores? ¿Tenías miedo a que la iglesia pusiera el grito en el cielo como si estos aconteceres fueran solo meros elementos de una contabilidad ficticia o de un negocio encubierto?
En fin, ¿para qué seguir? A mis escasos lectores los considero lo suficientemente inteligentes como para hacer un brillante comentario de texto, cábalas incluidas, con estas líneas. Son pocos, sí, pero bien avenidos. Y ayer se disparataron las visitas por lo de La Caixa, contando con la inestimable ayuda de una amiga de La Longuera. En el de este fin de semana, el que tienes ante tus ojos, me temo que ni siquiera sea leído por los interesados. Por las mismas obvias razones que dejo entrever en lo que hasta aquí hayas vislumbrado. Es lógico, tienen temas más importantes que resolver. ¿Cómo? Eso te crees tú, capacitados no están pero la mala praxis es la mejor consejera de la ineptitud que abunda en la política. Estos son mis principios, mas si no gustan los cambiamos. “El hotel de los líos”, “Sopa de ganso”, “Tienda de locos”, “Una tarde en el circo”… Eso mismo, “La historia de la humanidad”. Qué camarote.
Sean felices y no se casen con nadie. No vaya a resultar que en el futuro tengan que darse golpes en el pecho y se vayan a fastidiar una costilla con tanta contrición.