lunes, 25 de marzo de 2013

'Cruising'

Fuerte ignorantón estoy hecho. Cada vez que me califico de rebenque de la platanera, me quedo corto. Estoy en el mundo por falta de viento, que si no ya hubiese volado cual polen que en la primavera se balancea por entre esos pistilos ávidos por fecundarse.
El amigo Luis Febles, corresponsal (si no se dice sí que me corrija) del periódico Diario de Avisos en la zona Norte, publicó ayer domingo un reportaje que tituló “Zona cruising”. Y ya te puedes imaginar a este tolete intentando averiguar qué demonios era eso. Y entre las líneas que el periodista plasmó en el diario y lo que me señalaba la Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Cancaneo), me fue entrando un sudor frío que casi me da el patatús de rigor. Pero vamos por partes.
Parece ser que en las épocas de crisis es cuando más se agudiza el ingenio. Y como estas prácticas libertarias no formaban parte ni siquiera de la imaginación en mis tiempos mozos, uno sabía lo de echar un cáncamo, racanear un fisco y poco más. Pero te juro que lo del cancaneo, y mucho menos, lo del cruising, me eran aspectos conocidos. Por eso te digo que como me soplen, salgo escafidiendo por la Punta del Viento.
No voy a entrar en detalles porque lo mismo me pasa lo que a Luis. Sí, los comentarios que hicieron ciertos lectores no lo dejaban muy bien parado. Ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos y los que creyeron verse reflejados en los párrafos en cuestión, arremetieron contra el que sacó a la luz el tema (si yo lo desconocía, me imagino que me acompañarán en el sentimiento un buen puñado de puretas analfabetos como yo mismo). Clásico ejercicio de matar al mensajero. Además, con los precedentes que te dejo indicados, Internet es la tabla salvadora para estos casos de supina inopia.
Y viene todo esto a cuento porque lo mismo me escapé por unos minutos. Y con el agravante de una temporada de bastantes semanas. Y hazme el favor de no reírte con lo que te voy a confesar:
Cayó la casualidad de que hace no tanto un servidor tuvo un percance con la próstata (me dejó el caño tupido y ni gota) y en el período que debí andar sondado a la espera de la operación (ya estoy bien, gracias), coincidió en que mi mujer estuvo yendo a rehabilitación al Centro Médico Tucán por una fractura en una muñeca. Y mientras ella permanecía la hora estipulada con los ejercicios correspondientes, uno aprovechaba los minutos para darse una vuelta por los alrededores. Como el urólogo me había señalado que sin pasarme, tiraba despacito y me hacía un recorrido por la Urbanización La Paz. Y pasaba, obviamente, por los lugares que en el reportaje se mencionan.
Sabido es que por los aledaños de la iglesia que se encuentra en dicha urbanización, existen unos senderos bastante agradables y curiosos. En los que, por cierto, me cruzaba con bastante gente. De día, tú. Al atardecer, pero con luz solar. Que ya te estoy viendo. Y no te creas que en más de una ocasión tuve que arrimarme detrás de cierta planta cuyo porte permitía ocultar tus vergüenzas, para vaciar la vejiga, casi descontrolada en ese entonces y por las razones antes esgrimidas, mediante el no muy agradable ejercicio de quitar el tapón de la sonda. Y como uno va con chándal, imagínate que había que dejar al aire ciertas partes pudendas… No sigo, que te vas a creer que esto es un capítulo de cualquier novela erótica al uso. Ya está.
Y a lo que iba. Pues sí que pasé, y en más de una ocasión, por las descritas montaña del Amor y plaza del Mirador. Reitero, por lo leído, un fisco antes de que comenzara la función. Aunque a estas edades piensa uno que ya el peligro pasó, me congratulo de mi total desconocimiento hace un año y poco. Chacho, no sé qué hubiera ocurrido en el supuesto de que me hubiesen hecho una proposición deshonesta. A mis años, qué ilusión. Y haber tenido que ir a la policía a denunciar la falta de respeto. Quita. Te imaginas las carcajadas del agente delante del teclado.
No pensaba comenzar la semana de cancaneo. Pero ya ven cómo se tuercen las cosas. Como ayer a Fernando Alonso. ¿Lo viste en la tele? Qué vergüenza la verborrea barata del comentarista. Sólo le faltó rezar un padrenuestro para que se ‘estallaran’ los de las alas.
Bueno, seguiré caminando por la autovía. Me da la impresión de que solo existe el peligro de los coches. Tengan cuidado y pónganse a buen recaudo.