jueves, 7 de marzo de 2013

El Lago

Los tentáculos privatizadores del Partido Popular parece que también se extienden por el Penitente portuense. El pacto gubernamental que rige los destinos del Consistorio (PP-CC) –en el que Marcos Brito muestra cada vez más un andar demasiado cansino, harto repetitivo, como ciertos movimientos que se suelen llevar a cabo con los dedos de las manos, cuando estas se depositan sobre ciertas prominencias abdominales– imbuido en el afán de las concesiones administrativas –sin más–, pretende deshacerse de una de las joyas de la corona: el complejo turístico Costa de Martiánez, el Lago, como lo conocemos los de aquí (o el Lago de los Martínez, como me preguntó uno de los tantos visitantes con el que me tropecé meses atrás por la zona de La Paz).
Y lo mismo venía a tener razón el forastero e intuía que algo se estaba tramando en las trastiendas de los despachos. Porque los dirigentes políticos, que parecen perder el sentido de lo ‘público’ con una facilidad pasmosa, deberían, si ello no les supone mayores quebraderos de cabeza, contar siquiera hasta diez antes de lanzarse a tales aventuras. Y si no se hallasen capacitados para este sencillo ejercicio, sería cuestión el que la población, ese ente abstracto al que solo se recurre en periodos electorales, volviera por sus fueros reivindicativos que se abandonaron por mor de comodidades que se han tornado armas arrojadizas.
La cantinela es la de siempre, el archiconocido argumento del ahorro de gastos en las cuentas municipales. Y al paso que vamos, a los portuenses –añadan los que lo somos sentimentalmente– no les va a quedar más remedio que ir esquivando en sus paseos diarios el dichoso cartelito de propiedad privada e ir con sumo cuidado ante la posible aparición del perro guardián de rigor. Si el Lago pasa a manos privadas, como vendrá luego el Parque Marítimo, no tardaremos en buscar alternativas para Playa Jardín.
Cada vez que he tenido la oportunidad de asomarme a cualquier medio de comunicación –y este, aunque modestamente, también lo es–, he sostenido que la pretendida reforma de las Administraciones Públicas puede que se quede corta. Porque son los propios concejales, en el caso que nos atañe, los que están demostrando bien a las claras sus enormes dosis de incompetencia. Y bien harían, en consonancia con sus actuaciones, en renunciar  a delegaciones, representaciones, consejos de administración y otros cargos de buen ver, y dejar el ayuntamiento, a la par que sus propios planteamientos, en las buenas manos de gestores privados que ejecutan estupendamente sus cometidos. De tal suerte habremos añadido un notorio e importante ahorro económico a ese paquete de medidas por el que parecen regirse en esta época en la que las ideas deberían aflorar como consecuencia de procesos de reflexión y en los que se imponen grandes consensos.
Me temo que mucho deberán luchar los portuenses para que este desaguisado no se produzca. Los actuales dirigentes están harto viciados. Y el PP –en mi pueblo existen ejemplos al respecto– corta el bacalao a la medida. Se trata de vivir bien, cobrar bien y que otros hagan aquello por lo que yo percibo suculento sueldo y para lo que fui elegido. Y los verdaderos actores de la película, aquellos que depositaron la papeleta en la urna, tendrán ante sí un negro porvenir. Y quizás no les reste ni el derecho al pataleo. ¿Ante quién? ¿Acudirán al concejal de su barrio? ¿Para qué, si este los remitirá, ipso facto, al gerente o encargado de la empresa concesionaria y este, argumentado criterios de rentabilidad, los mandará a freír caballas a la punta del muelle? Eso sí, antes de que pase a ser gestionado por otros capitales.
Mal, muy mal se vislumbra el futuro en la otrora Ciudad Turística. Acabarán cobrándonos por respirar, por sentarnos ante la inmensidad de la mar con el único propósito de aspirar yodo y sal. Y nos lamentaremos profundamente de un pasado plagado de errores. Porque no sería objetivo si no reconociera la nefasta política en la gestión del complejo que en su día proyectara Manrique, y en el que ha habido, desde sus inicios, un coladero de enchufados de carné y amiguetes del amigo del amigo y otros desaguisados de idéntico o mayor porte.
Ahora, como casi siempre, a tapar errores propios con la recurrente propuesta de privatizar. Las promesas de mantener puestos de trabajo acallarán las cuatro voces discordantes y cubrirán las vergüenzas de quienes debieron velar por la transparencia. Los mismos que seguirán aupados a sus poltronas, cobrando por no hacer nada y disfrutando de entrada gratis. Saber poner la mano, hasta un inepto como yo.
No he escuchado que la oposición haya dicho mú. ¿Todos iguales? Me gustaría pensar que no. A lo peor no es suficiente un perfil de FB para que Brito y Ledesma tomen conciencia. O la retomen, si algún día la tuvieron. Jolines, que fácil es ser concejal en la actualidad. Cuánta comodidad. ¿El pueblo? ¿Qué pueblo? Chacho, ¿vas a empezar otra vez?
Sí, estoy anticuado y obsoleto. Eso mismo me espetó uno en activo. ¿En activo? Déjalo ya.