lunes, 22 de abril de 2013

Comprometidos con Los Altos

“Se hizo un poquito largo”, comentaba una señora cuando descendía por la escalinata del ayuntamiento villero. Sentí ganas de replicarle con un ‘muchito’, pero me contuve. Las campanas del reloj de La Concepción señalaban las diez de la noche. El toldo que cubre la plaza era –es– muestra inequívoca de los prolegómenos para la confección de la alfombra. Los músicos (que pusieron el broche) corrían por las pinas calles hacia sus coches porque se les hacía tarde.
El acto había dado comienzo a las ocho en punto en el Salón Noble de las Casas Consistoriales. Se presentaba la obra titulada Comprometidos con Los Altos. Sí, Los Altos con mayúscula. Porque fueron demasiados los años que estuvieron en minúscula. Y tanto que parecía no existiesen.
Con Álvaro Hernández Díaz como maestro de ceremonias, y en un salón de plenos abarrotado de público, tuvo lugar este pasado viernes el acto de presentación en sociedad de una publicación en la que se da norte del esfuerzo y trabajo, por el bien del pueblo y sus gentes, de cuatro personas implicadas hasta la médula en pro de la igualdad de unos vastos sectores poblacionales que vivían hace unas décadas en la mayor de las miserias e ignominias. Fueron ellos, Víctor Rodríguez Jiménez, María Nélida Sarmiento Suárez, Francisco Sánchez García y Santiago Palmero García.
Intervinieron Francisco Linares, primer teniente de alcalde y concejal de Cultura; Juana Teresa González Pérez, en representación de la Asociación DonVíctor; Cristina Valido García, consejera del Cabildo de Tenerife, quien tuvo el cometido de la presentación de la obra en un magnífico y bien trazado discurso en el que intercaló vivencias personales con pasajes recogidos en el libro por los diferentes colaboradores que aportaron los textos; e Isaac Valencia Domínguez, alcalde de La Orotava, que…
Te preguntarás el porqué de los puntos suspensivos. Es que me puse a pensar. Creo que entre todos vamos a poner de moda ‘las cosas de Isaac’. Y lo enlazo con la frase de la señora a la que aludí al principio: un poquito largo. Como al final siempre se arma el rebumbio de rigor y un servidor arranca la caña con pasmosa facilidad, no tuve tiempo de ofrecerme al regidor municipal para comprometerlo y, él con la narración y yo con la escritura, plasmar en una ’enciclopedia’ (en dos o tres tomos va a ser imposible) avatares y vivencias acaecidas en La Villa (el mejor pueblo de Canarias, y el que me demuestre lo contrario que me lo diga) en algo más de treinta años.
Ameno fue, sin duda. Pero ya más de un culo inquieto se removía en la silla. Y menos mal que no cumplió su ‘amenaza’ de estar hasta la mañana siguiente: “si yo contara”. Desde la llegada de don Víctor a Los Salesianos allá por el lejano 1948, pasando por aquella mesa con dos tablones de novopán en la que se celebraban las sesiones plenarias, hasta el cambio radical que han sufrido los barrios desde el advenimiento de la democracia (te corrijo, amigo: todos los pueblos, no solo el tuyo; que mi Realejo, al lado del poniente, con sus Llanadas, Palo Blanco, Icod el Alto… también estaba hecho un asquito), fue desgranando en fluido relato –se le notaba a gusto y recuperado del achuchón– el cómo de la transformación. Y háganme el favor de no criticar a Juan en Benijos. No sé a qué se refería, pero Dóniz, socarronamente, sonreía. Tampoco consideré oportuno indagar mucho más allá de la anécdota espontánea.
Y ustedes se preguntarán qué pintaba este realejero en el ‘fregado’. No se preocupen, yo también. Aunque intento aclarártelo: “Luis Melo (coordinador de la edición), como en otras tantas ocasiones, me llamó para preguntarme si podía ayudarle en un nuevo proyecto”. Y así comenzó todo. La original tarea de echar una visual a los textos, acabó con la redacción del prólogo. Y no pude regatear la proposición y me correspondió el honor de ser el primero en alongarme al volumen.
Debo felicitar muy efusivamente este tipo de iniciativas. Es libro de obligada lectura. Para las gentes de los altos, porque han sido los protagonistas del cambio radical de la sociedad. Dentro de mi ateísmo, a Dios gracias. Para las gentes de los bajos, o los cascos, para que comprendan que había otros mundos no tan agraciados; y no tan lejos. Aquellos que ni siquiera estaban, a decir del alcalde que acompañaba a Suárez; sí, seres ocultos en la inmensidad tenebrosa de las noches de quinqués y palmatorias.
Se congratula uno, además, de haber saludado a algún pariente. Porque mis ascendientes eran, asimismo, de esa zona deprimida hasta ha bien poco. Que bajaron al cultivo de la platanera y fijaron su residencia más hacia la costa. Pero que el espíritu campesino siguió marcando huellas indelebles. Perdigón y Yumar, dos apellidos que los descendientes hemos perdido, pero que permanecen adheridos en los genes. Pero eso no toca hoy.
Enhorabuena Luis (Eusebio) porque todo salió bien. Parabienes a los que intervinieron en la presentación y a los que colaboraron con textos y fotos. Y tú, estimado fisgoneador de Pepillo y Juanillo, compra el libro. Solo son diez euros. Y contribuyes a una noble causa. Porque la Asociación DonVíctor (sí, todo junto) contempla entre sus objetivos el ‘seguir echando manos’, como muy bien les dejó marcado su maestro.
También se presentará, a finales  de mayo, en La Palma natal del cura salesiano. Para que las gentes de Todoque, allá en Los Llanos de Aridane, puedan volver a sentirse orgullosos de su paisano.
Si hasta aquí llegaste, gracias infinitas. No por sumarme una visita más, sino por el contenido que se ha dejado retratado. ¿Lo has comprobado? También sé escribir de algo diferente a la política. Que te crees tú eso. El comentario de hoy fue de POLÍTICA, la de la generosidad y amplias miras.