martes, 16 de abril de 2013

Educación y enseñanza

Ayer bien temprano tuve que ir al taller porque el coche no quiso arrancar el fin de semana. La batería dijo basta y cuando la susodicha no tira, tú tampoco. Es en esos instantes cuando uno se percata del grado de dependencia tan grande que tiene. Ocurre algo parecido cuando hay un corte en el suministro eléctrico. Vas por cualquier dependencia de la casa haciendo el tonto. Porque sabes que no hay luz y tú dale que te pego accionando los interruptores. Incluso enciendes el ordenador. Bueno, lo intentas. Y pones el cortado en el microondas. No te rías, porque tú también has caído.
Menos mal que la pequeña industria aludida no se halla muy lejos del hogar. No obstante, qué empinadas son las calles, carreteras y caminos de mi pueblo. Menciono las tres vías porque hube de transitar por todas ellas. Dos calles de la urbanización en la que vivo, la carretera de Icod el Alto (hasta La Azadilla) y los correspondientes atajos. El trayecto es corto, pero llegué asfixiado. Regreso con el mecánico (transportado), garaje, pinzas, conexión, contacto… Tercer idéntico itinerario, dejar el fotingo –aprovecho la devolución de Hacienda (sin llegar) para ponerle dos zapatos nuevos (delanteros)– y retorno. Y cuarto viaje. Caminando. En prolongado descenso por La Sombrera. Qué bonitos están los campos sembrados de papas.
Tras este aperitivo, rápida ojeada a la prensa digital, paseo por las redes sociales, correos electrónicos… Me culturizo otro fisco. Me entero de que el Papa ha tenido la (in)feliz ocurrencia de recibir a Rajoy. Fuentes vaticanas dignas del mayor de los créditos (hasta ahora no me han mentido jamás) me soplan que han hablado de cómo salir de la crisis (económica y existencial, respectivamente) sin morir en el intento. Supieron aprovechar que pasaba por allí la guardia suiza, hicieron cuentas y platicaron de los paraísos.
Le llovieron chuzos de punta a Isaac Valencia por sus recientes declaraciones (las cosas de Isaac). Y no compartiéndolas, y mucho menos justificándolas, tampoco entiendo los sectarismos de los progres de izquierda que practican de manera reiterada el o conmigo o contra mí. No admiten matices. O es blanco (lo suyo) o negro (lo del resto). Y tales procederes no concuerdan con los dictados democráticos que dicen practicar.
Me entretuve, asimismo, y reconozco que esto sí es pecado, con el serial de Olvido Hormigos, ese portento que fuera concejal ‘sociolista’ de la población toledana de Los Yébenes. Que no contenta con su animado vídeo masturbatorio, ahora sigue enseñando en otros foros sus dotes y cualidades. Y cuando vi la foto de la revista Interviú, le columbré cierto parecido de la susodicha –en edades no me meto– con doña Australia Navarro, salvando también las vestimentas. Cuidado con eso, que un respetito es muy bonito. Aunque dicho lo cual, con respecto a la que aparece con las domingas al aire, a mí que me registren. Mi manejo del Photoshop es más limitado que el discurso de la mayoría de parlamentarios de Canarias, excepción hecha de Nacho González Santiago. Como siempre hay alguno desconfiado, nada mejor que ilustrar estas líneas con las dos mentadas políticas. Pues sí, se dan un aire. Como el Papa con Almunia.
Parece conveniente, ya que el párrafo anterior trata del capítulo de las ‘enseñanzas’, sumergirnos en el educativo. Hace un año exacto (16 de abril de 2012) el título de la entrada en este mismo blog era: Educar en familia. Y hacía alusión a la escasa implicación de las familias en la educación de los hijos. Sobre todo a la exigua participación en los asuntos de la escuela, que según la ideología imperante es cosa de las mujeres. Uno que sigue relacionado con ese mundo, comprueba cómo las votaciones para elegir miembros de los consejos escolares de los centros es ridícula. Es tal la desidia, que conozco casos en que ni siquiera los propios candidatos se acercaron al colegio a depositar la papeleta en la urna. Y no me vale los altísimos porcentajes en los sectores del profesorado, alumnado y personal de administración y servicios porque para todos ellos es una novelería y escaquearse del trabajo durante unos buenos minutos.
Ayer, cuando retornaba del taller, como antes te señalé, escuchaba idéntico lamento de una de las tantas entendidas que a raíz de los informes Pisa han surgido como setas. Puse entendidas pues se trataba de una mujer, pero lo mismo me hubiese valido el masculino si el comentarista hubiera sido hombre. No presumo yo de ir por el mundo discriminando a nadie. Pero me enfada muchísimo el escuchar opiniones de personas que jamás han pisado un aula y, por lo tanto, no tienen ni la más remota idea de cómo enfrentarse a una situación de las que luego presumen tener la solución para solventarla. Del dicho al hecho. Luego, con echar la culpa a la ineptitud de los políticos, asunto zanjado. Falta de ignorancia.
No caeré en la tentación de Valencia y manifestaré que jamás me he equivocado, pero el pasar bastantes años ‘lidiando chicos’ me da algo más de autoridad para comentar asuntos de educación y enseñanza (no la de Olvido), sin tanta ligereza como la de mucho atrevido suelto por esos mundos republicanos. Chacho, le estamos devolviendo con creces la ‘cacería’ al Borbón.
Hasta mañana. Y viva España.