jueves, 11 de abril de 2013

Hacer aguas

Días pasados teníamos la oportunidad de leer que se canalizaban las aguas pluviales en el puente de San Benito. Uno de los escasos pasos estrechos que aún restan en las vías principales del pueblo, pero que todo se andará. Y me pareció muy correcta la postura del equipo de gobierno, pues en nombre del ayuntamiento realejero agradecía al servicio de carreteras del Cabildo tinerfeño que hubiese acometido la tan necesaria obra.
Los ciudadanos normales –y me van a conceder la licencia de que me incluya entre ellos– entendemos que es entre instituciones la manera que deben arreglarse los asuntos. Y guste o no, en estos momentos los destinos del Consistorio de la Villa de Viera se hallan en manos del Partido Popular porque así quedó reflejado en el escrutinio de las elecciones municipales de 2011. No significa ello que los partidos de la oposición, y sus representantes legítimamente refrendados, permanezcan ociosos y no puedan aportar también su granito de arena. Pero dentro de los cauces que dicta el sentido común. Y ahí lo dejo, aunque no descarto retomar el “De verdad, no lo entiendo”, porque sigue habiendo planteamientos de muy difícil consistencia. Casi me atrevería a manifestar que rayan el ridículo más espantoso. ¿Mi consejo?: déjenlo, ya se han retratado bastante. Y lo he meditado muy mucho antes de escribirlo. Ya está, no sea que me pregunten el sentido del voto.
Ahora bien, dicho lo cual, y sin que sirva de precedente, hete aquí que pasé ayer por la mañana por la zona de Piloto y allí se encontraban unos sujetos verdes (chalecos reflectantes) arreglando el arcén derecho (según vas pa´llá), o izquierdo (según vengas pa´cá). Y les está quedando bonito, práctico y utilitario. Pero aún les queda buen rato para concluir la canalización. Momento en el que enviaremos a un miembro del gabinete de prensa para inmortalizar el hecho. Con lo que habremos vendido el particular en dos ocasiones, y así daremos la impresión de que se han finalizado dos proyectos. Como lo del plan de empleo. Y otros tantos. Resumo: no se pasen, que pueden causar indigestión.
Pasado San Benito, seguí escuchando la radio. El receptor del coche sintonizaba la SER. Ya no escucho Radio Realejos por la mañana. Me lo quitó el médico porque en la última analítica tenía algo elevado el colesterol. Y por la tarde, entre la siesta, la pateada y que si viene algún nieto, me dirás. Me faltan horas. Y jubilado. ¿Dicen que ha habido cambios? ¿Sabes algo?
A lo que iba, que ya estoy bajando Los Cuartos. Como hay pocos camiones y la amplitud de la calzada, un montón de coches mal aparcados por la zona del Centro de Formación Ocupacional (¿o ya no se llama así?). Casi no alcanzo la rotonda de Alteza (¿o tú no la mentas de tal guisa?). Mientras, escuchaba a unos tertulianos en el programa de Juan Carlos Castañeda. Políticos todos. Y casi hacían más aguas que las que vamos a recoger en el lugar anteriormente señalado.
Si hay algo que me moleste sobremanera es el escuchar a un cargo público hablar o escribir de cualquier problemática de la sociedad actual, con una jeta de padre y muy señor mío, y como si aquello no fuera con él. Sí, los que pasan por allí, pero de soslayo o de esto no va conmigo. Pero carota, ¿a quién compete entonces solventar los entuertos? Creen que con echar la culpa a la otra administración, aquí paz y en el infierno calorcito. De ser nosotros los que hemos de buscarnos la vida, ¿para qué te queremos a ti de figurín?
Era mi enfado permanente con la fórmula esgrimida por Wladimiro, cuyos escritos dominicales daban la impresión de que el susodicho era un ente ajeno a la institución insular. Y ayer, como te iba relatando, al escuchar a Cristina Valido tuve idéntico sentimiento. Comentaban el terrible drama de los desahucios. Se dieron gusto dando leña a diestro y siniestro. De los presentes –reitero, todos políticos–, salvo el del PP que osó mentar las excelentes medidas adoptadas por Rajoy en esa faceta (mejor se hubiese estado callado), ni un asomo de reconocer que como representantes de los ciudadanos deberían moverse para algo más que blindar sus domicilios y que no vayan a molestarlos. Medida esta última que yo, si actuara tan egoístamente como ellos, no debería criticar, pues me beneficia el tener varios políticos en el círculo de los 300 metros.
Si ya me cabrea el que en horas de trabajo (¿tú has oído que les descuentan algo?) dediquen un altísimo porcentaje a tertulias y declaraciones (vayan por la noche), el grado de enfado adquiere tintes alarmantes cuando los escucho y no hablan sino paja. Quién los verá estallados de risa cuando se columbren en una de las tantas repeticiones. Y lo peor es que se creen que somos idiotas (los que estamos al otro lado del receptor y los que les pagamos sus gracias). Lo mismo tienen razón y los que hacemos aguas somos nosotros.