miércoles, 24 de abril de 2013

Hoy, de cotilleo

No acierta una nuestro hombre. Y nos había prometido portarse bien. Pero a las primeras de cambio va y nos suelta: “Pronto estaré dando guerra otra vez”. No aprende. Y lo entiendo, porque son tantos los agobios que se le vienen encima que difícilmente va a poder levantar cabeza. Sin embargo, hace votos para seguir al pie del cañón. O de la escopeta (nacional). O del rifle. Porque las guerras siempre tienen elementos destructivos añadidos. Si el plan cumple los plazos establecidos, en unos meses vuelta al continente africano. Y no sería mejor, pienso, y nos costaría mucho menos, el regalarle una carabina de aquellas que disparaban un corcho amarrado con un hilo para que no se nos fuera muy allá. Después, lo soltamos en Cabárceno y que se explaye. No he reproducido el nombre por respeto constitucional (mientras no cambie), pero tú sabes quién corre detrás de los elefantes (muertos) para sacarse la foto. Bueno, en Italia, con República, no las tienen todas consigo y el jefe romano es más viejo todavía. Casi nonagenario. Y Rubalcaba frotándose las manos.
Una sentencia ha dictaminado que no ha habido delito contra la intimidad en el vídeo de Olvido. Que se había trabucado en el manejo de la pestaña (le dio al play antes que al stop) y se grabó todita por sus partes íntimas. Y la justicia (toda la plana, incluido la defensa, ojeaba, y hojeaba, Interviú para comprobar si las pruebas eran dignas de crédito) estimó, con muy certero criterio, que la ropa es un estorbo. Cuestión harto sabida, por cierto, hasta en las tribus más remotas de la selva amazónica. Como el fallo no cuestiona el que uno hace con su cuerpo lo que le viene en gana (ay, si no fuera por estos colgajos), el magistrado concluye, con atinada puntería, que la señorita Hormigos puede seguir cobrando por sus destapes, pero que no pretenda ponerle puertas al campo.
Se volvió a caer la Duquesa de Alba en la capital italiana, a donde había ido a darse un garbeo con Alfonso y, de paso, comprarse un cristal de Murano para un ventanillo de uno de los cuartos de baño. Se fue de bruces la buena mujer y casi deja el suelo como cuando se le fragmenta el parabrisas a un coche. Recuerden que ya en 2011, creo que recién casada, otra caída le provocó fisura de pelvis. Nunca se llegó a saber si por el esfuerzo de agarrar al mozalbete heredero en su intento de realizar el salto del ángel. En este nuevo tropiezo se ha roto la cabeza… del fémur. Y a esas alturas de la vida no sabe uno qué puede ser peor. Porque soldar, lo que se dice soldar. Algún gen debe fallarle a la señora porque sus congéneres son bastante elásticos. Jamás he visto uno con escayola.
Un titular reflejaba: “Casi todo el gofio que se consume en el Archipiélago proviene del extranjero”. Ignoraba yo que mi amigo Eduardo ya estuviera desde Alemania mandando pellas por esos mundos de Dios. Viene todo esto a cuento por la manía de redactar el encabezado informativo con una alegrías dignas del mayor de los rechazos. Una cosa es que compremos los cereales allende los mares y otra bien diferente el que hayamos cambiado los molinos de lugar, con lo que pesan las piedras que trituran los pobres granos. Soy consciente de que los chinos lo copian todo y acabarán desayunando sus buenas escudillas de leche de cabra con gofio, pero por ahora dejen que las industrias de Icod el Alto y La Orotava, por la cercanía, sigan envasando la harina de maíz tostado, que diría Vieira.
Una empresa holandesa está buscando voluntarios para irse a vivir a Marte para siempre jamás, es decir, para ser marcianos toda la vida. Eso será en 2023. Y en esa fecha andaré por los setenta y tantos, por lo que lo mismo me apunto. Allá arriba, con otras condiciones de gravedad, me sentiré más liviano y puede que me rejuvenezca un fisco. Lo peor que llevaré será lo del solajero por lo que tendré que comprarme un sombrero de ala ancha. Nos pareceremos todos, al poco tiempo, con esos extranjeros –allí también lo seremos hasta que nos concedan la nueva nacionalidad– que se achicharran el primer día de playa y están todas sus vacaciones como tomates tirando a ketchup. A los pocos años, me imagino, volverán a resplandecer las películas del Oeste. Tiembla, Almería.
Bueno, me voy a ver Telecinco. Hay que mamar cultura, que no todo pueden ser libros. Me han soplado que Mercedes Milá, aparte de enseñar anatomía, se dedica a dar clases de vocabulario y lexicografía. Eso está bien, hay que aprovechar todos los recursos didácticos.