martes, 2 de abril de 2013

Yo también invito

El obispo Bernardo Álvarez invita a los que más tienen a luchar por los más pobres y necesitados. Así lo leí y así lo transcribo. Tal cual. Y sin que sirva de precedente, totalmente de acuerdo con la autoridad eclesiástica. A la que me atrevo a sugerirle que comience a predicar con el ejemplo. Porque entre esos que más tienen se halla la Iglesia Católica. Y para demostrar mi respeto, he utilizado las mayúsculas.
No creo que el palmero ignore la inmensa riqueza con la que cuenta la institución religiosa. He tenido la oportunidad de hablar en varias ocasiones con católicos practicantes (hasta la médula; a perdonar, pero no sé dónde se halla localizada el alma, de lo contrario lo hubiese escrito) que pudieron visitar El Vaticano y retornaron renegados, o con un cabreo sordo provocado por el lujo desplegado ante sus ojos. Porque a los clérigos les suele ocurrir lo que a los políticos: pierden todo contacto con la realidad circundante. Y el Papa Francisco, intuyo, está dando tímidos pasos a favor de practicar lo que en sus propios manuales se estipula. Ojalá, por su propio crédito, no se vaya a quedar en meros gestos de cara a la galería en estos primeros envites del mandato. Me aterroriza el que pueda seguir la que yo denomino ‘línea rajoyana’.
Si difícil es para un alcalde sostener que no hay dinero para acometer proyectos en su ayuntamiento cuando él cobra 6000 euros mensuales, más complicado y sinuoso es el discurso de una iglesia que atesora fortunas de escándalo y demanda que sean otros los que echen una mano a los desvalidos.
Lo de cualquier tiempo pasado fue peor, valdría aquí para no establecer la comparación con aquél que corrió a los fariseos del templo (¿o eran simplemente comerciantes?). Pero tampoco se estima conveniente realizar tales peticiones de ayuda, cuando el boato, la parafernalia y la desmesura presiden los actos religiosos en una semana en la que se recuerda el padecimiento y muerte del que trazó las líneas que ahora parecen no seguirse. Sí, las de la humildad, sencillez, cercanía, amor al prójimo y todo ese capítulo de buenas intenciones que suele decirse pero no hacerse. Seamos serios y quizás se cumpla que a mayor credibilidad, mayor espiritualidad.
Mientras haya hambre y pobreza, no puede sostenerse un discurso por parte de una institución que atesora la segunda mayor reserva mundial en oro, con paquetes importantes de acciones en Wallstreet, que participa en consorcios relacionados con los sectores inmobiliario y de la construcción, que posee ya la tercera parte de las casas de Roma (repartidas en órdenes religiosas y exentas de impuestos, con lo que las rentas de sus alquileres son íntegras para el incremento patrimonial), que posee millones de hectáreas en terrenos por todo el mundo, que presume de palacios cargados de ostentación, que es dueña de varias entidades bancarias (quién es el propietario del Banco Vaticano?)…
Creo que no es menester ceñirnos a la sede central, pues también hallamos muestras por entornos más cercanos. ¿Por qué la demanda del ayuntamiento de Buenavista del Norte, luego secundada por otros, para qué todas aquellas propiedades que se hallen en alquiler o arrendamiento y no estén destinadas exclusivamente al culto religioso, abonen el Impuesto de Bienes Inmuebles, la familiar Contribución? No he cuestionado nunca la labor de cierto sector de la Iglesia, o de entidades relacionadas con ella, en su intento de paliar las diferencias sociales. Pero si el propio Papa ha lanzado en sus recientes mensajes que es necesario ir a los problemas y no esperar pacientemente a que los desamparados vengan a solicitar ayuda, es tanto como reconocer que en mucho se ha fallado hasta ahora.
El problema de la Iglesia Católica es que siempre ha creído que España era su cortijo. ¿Hace falta recordarte aquellas confesiones en nuestra época de colegiales? ¿Qué es lo que siempre te preguntaban, los muy golfos? Con pelos y señales. Y se arrimó al gobernante de turno en busca de cobijo y prebendas. No, si no hace falta remontarme a la época franquista, porque seguimos en las mismas. Y si al menos las ‘ganancias’ obtenidas hubiesen sido repartidas convenientemente, puede que este comentario no hubiera visto la luz. Vendría a ser el equivalente, salvando las distancias, de Robin Hood. Seguiría siendo un pecado, pero mucho más venial.
Todo esto se zanjaría si lo del estado aconfesional se llevara a rajatabla. Pero como acabar con las ventajas que goza la Iglesia Católica supone asimismo cerrar el grifo a partidos políticos, sindicatos, fundaciones y una enorme tubería por la que salen euros a porrillo, nadie se atreve ponerle el cascabel al gato. Y que solo equivaldría a dar cumplida cuenta de lo que la propia Constitución establece.
Espero que a don Bernardo no se le haya ido la olla. Como cuando lo de las jovencitas que te provocan. Y es que, a veces, el subconsciente juega muy malas pasadas. No obstante, le repito, en prueba de mi buena voluntad, que coincido en lo de repartir con aquellos que lo están pasando canutas. Pero siéntese un fisco con el administrador y haga un repaso del patrimonio de la diócesis. Espero que no tenga que llegar al extremo que acontece en Alemania, donde se venden iglesias por falta de clientes. Pero bien podría dejar un par de fincas de la Isla Baja en régimen de medianería. U otras fórmulas, que ustedes saben más que yo. Como no tengo propiedades, me pierdo.
Nada, hombre, no hay de qué. A mandar. Cuando vaya para La Palma, ya le avisaré. Que la cosa está jodida y los hoteles salen caros. ¿Me entendió, no? Eso, que hay que compartir.