viernes, 31 de mayo de 2013

Me asaltan dudas

Concluye mayo y navego aún en el mar de la confusión. Solo tengo claro que mañana tendremos la comida de la promoción. Y ágiles ‘puretas’, casi todos jubilados y chupando del bote, nos daremos cita en Casa Yeye (voy a hacer publicidad porque una conejera de San Bartolomé se lo merece), allá por Las Mercedes. Y por unas horas olvidaremos regímenes, dietas y le daremos a la lengua como en nuestros mejores tiempos de la docencia en activo. Me imagino que tendremos que arropar al alicaído Rafa Yanes tras el batacazo güimarero. En fin, si los ‘compis’ me hacen llegar algunas fotos, puede que el lunes te cuente un fisco más. Y vamos con el asunto que da pie al titular de este último día del mes de las flores.
El fin justifica los medios (Maquiavelo). El fin no justifica los medios (doctrina cristiana). Y entre ambas sentencias, un infinito campo para las disquisiciones de rigor. Porque el espectro de matices entre las enunciativas afirmativa y negativa es de tal calibre que ayer los medios de comunicación y las redes sociales (que para un servidor todavía hay diferencia) realizaron un despliegue increíble, del blanco al negro, con respecto al telemaratón de Manuel Artiles.
Convendrán conmigo en que el fin pretendido era pertinente. Pero el ego del conductor de la ‘montada’ (sí, por qué no) desbarata los esquemas de la sensatez, la cordura y el bienfacer. Este último vocablo en el sentido del objetivo mismo de la cita santacrucera. Que ha quedado diluido por el protagonismo ‘baboso’ del que se arroga la representatividad del noble pueblo canario. Orgullosos debemos sentirnos, se podía leer en los comentarios que suscitaban las fotografías del ‘evento’. Y centenares de ‘me gusta’ me dejaban en la duda de si hacían referencia a la noble causa de satisfacer las necesidades más perentorias de los que lo están pasando mal o a exaltar al ‘musculitos’, tan necesitado de los arrumacos que le permitan olvidar otras deudas contraídas.
Ya que mencioné arriba al exalcalde de Güímar, y habiendo leído demasiadas declaraciones tras la moción de censura próxima pasada, me gustaría que cualquier alma (persona, individuo, habitante) sensata me diese una explicación lógica acerca de los nuevos sueldos. Ya saben ustedes que el principal cometido en la primera sesión plenaria que se celebra tras la toma de posesión es la asignación de prebendas. Y mientras los unos (los desalojados) argumentan que ha habido un significativo incremento en el montante económico que supone el nuevo reparto de las áreas de gobierno, los otros (los que acceden; bueno, algunos estaban pero pretenden mejorar sus condiciones laborales) esgrimen que va a haber un ahorro de bastantes millares de euros. Y la concejal de Sí se puede, quien había manifestado en la propia sesión plenaria que todo iba a seguir igual (más de lo mismo), ha reculado y ahora sostiene que se equivocó en su apreciación. Si los que somos meros espectadores, hacemos cruces (a pesar de significados agnosticismos) ante semejantes dislates, cómo tendrán el cuerpo en estos momentos de esperpento los habitantes de Balandra-Los Picos, Chacaica, Chacona, Chimaje, Chogo, El Escobonal, El Socorro, El Tablado, Guaza, San Pedro Arriba, San Pedro Abajo, San Francisco Javier, La Caleta, La Hoya, La Medida, La Puente, Lomo de Mena, Los Barrancos, Pájara, Puertito de Güímar, Punta Prieta, San Juan y el barrio de Fátima. Esto me lo copié, no te vayas a creer. Si en algo erré, mañana me tirarán de las orejas.
Y las últimas, cómo no, con más de política. Debe ser mi debilidad. Ese ente abstracto llamado Europa, que, como muy bien saben ustedes, suple a Mariano en sus ratos de ausencia (a saber, siempre), ha recomendado (en español debe traducirse por ordenado) que hay que volver a subir los impuestos y bajar las pensiones. Si ya lo escribí hace un par de días: no puede ser el contemplar esas reuniones de mayores, que no viejos, sentados en cualquier esquina o jugando a las cartas un día sí y el otro también, mientras el país se va pa´l carajo. A mover ese esqueleto que se les anquilosa sin remisión, a coger papas o a sembrar caña dulce (para que los políticos sigan chupando). Y cobrando el día 25. Qué ejemplo para esa juventud sobradamente preparada. Muévanse, coño.
Salvo tímidas protestas de grupos minoritarios que nada temen perder en procesos electorales, los políticos españoles (incluyan los canarios), a la hora de establecer impuestos e imponer restricciones, no se cortan lo más mínimo. Les basta con la disculpa consabida de que no es posible hacer otra cosa. Pero hay dos temas pendientes (Reforma de la Administración y Ley de Transparencia) con las que practican muy a menudo lo de “aleja de mí esta cruz”. Una cosa es que te toquen tu bolsillo y otra bien distinta es que le desmonten los chiringuitos. Su bolsillo, que no es de cristal como propusiera Tierno Galván, tiene un mecanismo tan especial que es permeable para las entradas, pero impenetrable a cualquier guante que pretenda echarle mano. Transparente, sí; pero confeccionado con vidrio a prueba de balas. Lo mío es mío, pero lo del pueblo es capital del bien común. ¿Reformar la Administración? Fuegos de artificio. Eso no se toca. Y gin tonic gratis.