lunes, 29 de julio de 2013

Descrédito

No deben estar muy lejos las próximas elecciones. Porque en los periódicos comienzan  a proliferar escritos de los políticos (en poco arrancará Pepe Segura), cuya única misión o cometido, parece, es percatarse de tal hecho para inundar las redacciones con las cantinelas de siempre. Y escritas por sus lacayos, faltaría más. Esa fue una de las razones por las que este reconvertido a bloguero abandonó las colaboraciones con la prensa de esta isla. Que sigue embarcada en idénticos derroteros, dando mucha más importancia a estos espontáneos, advenedizos y aprovechados que a los que durante años, perdiendo tiempo y dinero, fueron fieles a la cita con los lectores. Y a ellos les pagan. Que sí, en A o en B, pero cobran.
Se extraña sobremanera el paradigma palmero del apoltronamiento institucional, el ínclito señor Castro Cordobez, del “preocupante descrédito de la clase política”. Fíjense que ya de entrada se encasilla en esa casta especial, de distinción, de categoría: la clase política. Y como digno ejemplar faunístico que desde la Era Cenozoica –o antes, vete tú a saber– se tiñe estilo Rajoy para aparentar taypocos en lugar de taytantos, y emulando a otro paisano de pro –están pero no son y son pero no están–, y que no voy a mentar porque ya tú sabes de quién se trata, nos espeta: “La creciente desafección ciudadana hacia la actividad pública tiene, por tanto, su primera causa –aunque no es la única, ni es exclusiva de nuestro país– en la propia actuación de los cargos públicos, que deben ser los primeros en ejercer la autocrítica y reconocer lo que están haciendo mal para resolver el problema”.
Qué cinismo, Antonillo. Así, en confianza. Ni aun escribiendo eres capaz de reconocer que el desapego social es debido, única y exclusivamente, a la enorme caradura de unos aprovechados que nos exprimen y que se han distanciado del tejido social hasta el punto de crearse un mundo ad hoc. Sostienes que no es la actuación de tanto desalmado la causa única de que nosotros no confiemos. No, arriba de los sablazos y recortes (para nosotros) y prebendas y privilegios (para ustedes), échennos también la culpa del distanciamiento. Eso es tener tanta cara como sostener una oficina del Gobierno de Canarias en Bruselas (amén de otras menudencias varias), mientras hoy lunes presentan en el Parlamento (tú Parlamento) otro plan (el cachondeo número doscientos cincuenta): La estrategia frente a la pobreza.
Y nos la exhibe la ingeniosa Inés Rojas de esta guisa: "La solución a la pobreza pasa ineludiblemente porque se establezcan los mecanismos para una mejora de la economía y que esta conlleve generación de empleo. Y esto es clave porque estamos oyendo declaraciones del Gobierno del Estado sobre la mejora de la economía pero también previniendo que esta mejora no va a generar empleo. La de Canarias, sin embargo, se trata de una Estrategia de Gobierno en la que estarán implicados los departamentos de Gobierno que tienen que ver con la economía, el empleo, las políticas sociales y la educación".
Me recuerda la perorata de Guadalupe González Taño, presidenta del Cabildo palmero, para justificar la ruptura del pacto: "Coalición Canaria, por responsabilidad, no puede ser cómplice de esta situación de incoherencia política que perjudica a la mayoría de los habitantes de esta isla y de Canarias y, por ello, ha decidido no mantener un acuerdo de gobierno en el Cabildo Insular de La Palma con el PSOE, que ha optado claramente por apoyarse en el PP". Ejercicio de cinismo, al que tan acostumbrados nos tienen, al que yo le he propuesto el siguiente juego: cambiar el nombre de La Palma por cualquier otra isla y trastocar las menciones de los tres partidos políticos, en el orden que prefieran, y habrán conseguido la cuadratura del círculo.
Aparte de las mil vaguedades que Antonio Castro –mejor, el negro que se lo escribió– expresa en su artículo periodístico (http://www.diariodeavisos.com/2013/07/escuchar-entender-respetar-para-dar-respuesta-ciudadania-por-antonio-castro-cordobez), me gustaría que me explicara lo siguiente: “Establecer la cocreación en los procesos normativos para recobrar el pleno crédito y el favor de la ciudadanía hacia las instituciones”. Si fuera tan amable, por favor, y lo mismo me acerco un fisquito más. No es por nada, pero me dejó medio trincado eso de la cocreación. Además, maldita la gracia que me hace cocrear con usted.
Dejo a la consideración de mis escasísimos lectores la posible lectura de la filípica, mas mi desánimo me conduce a los malos pensamientos, al creer –que no crear, mucho menos cocrear– que escasas soluciones existen para desfacer entuertos. Se han revuelto los papeles entre los Quijanos y Sanchos hasta el punto de iniciar una reforma administrativa al revés (dejen, ilustrísimas, que nuestra primera puerta esté en el ayuntamiento, que está al lado de casa, cacho rebenques), soltamos tortugas bobas en actos simbólicos para los que nos gastamos un pastón trasladando a las susodichas –y parecían tontas– por vía aérea, echamos una visual a un vídeo blog presidencial que se denomina ‘Rajoy en acción’ (manda trillos, si para moverlo cuesta un par de ovarios), escuchamos que el Papa critica la incoherencia de la Iglesia, nos suelta (Barragán) que si el pacto no es con ellos no hay estabilidad, soportamos que Rivero no atisba inconveniente para presentarse a la reelección (para presidente, que el resultado electoral es indiferente), nos enteramos de varias imputaciones a los alcaldes de este Norte…
Aunque los izquierdosos no suelen dejar comentarios –cada vez somos más en UPyD; ay, Rosita, qué morros te gastas–, me han soplado que uno de los M.A. –de los dos supuestos– se tomó, tal y como se pergeñó, a broma el post del pasado viernes. Al otro (te recuerdo que ubiqué las etiquetas de cuento, ficción y política, que son casi sinónimos), no tanto. Vale, no todos podemos ser tan serios. Y se nos está yendo julio.