viernes, 26 de julio de 2013

M.A. versus M.A.

El debate se presuponía interesante. La Asamblea, convocada al único efecto de elegir candidato a la alcaldía de Los Realejos en la agrupación local del Partido Socialista, mostraba una asistencia bastante considerable. La posibilidad de que a la reunión pudiesen concurrir aquellos simpatizantes que previamente habían sido incluidos en un censo específico, surtió el resultado deseado. Máxime cuando después del cambio de Secretario General federal en el último Congreso, hecho acaecido un año atrás, las expectativas de un cambio de tendencia en la proyección del voto intuían ciertas dosis de mejora tras los reveses electorales habidos desde 2003.
La caída en picado del Partido Popular que todas las encuestas señalaban, una vez conocido el varapalo judicial en el denominado Caso Bárcenas, por el que varios dirigentes tuvieron que presentar su dimisión, parecía haber insuflado bocanadas de aire fresco en la formación política progresista. Aunque tampoco podían lanzar las campanas al vuelo pues aún restaban las dos piezas separadas que no habían sido invalidadas del sumario instruido por la juez Alaya en el otro famoso caso, el de los ERE andaluces. No olvidemos que cuando se apartó Griñán, los acontecimientos se habían conducido de manera tan precipitada –en contraposición con el larguísimo periodo anterior– que desembocó en otra de las chapuzas jurídicas a las que, desgraciadamente, tan acostumbrados estamos.
Varios fueron los intentos y denodados los esfuerzos, pero no se había podido alcanzar un acuerdo entre los dos pretendientes a encabezar la candidatura. La Comisión Ejecutiva evacuó consulta, mediante cuestionario por escrito, a los registros de afiliados y seguidores y se decantó por otra fórmula menos tradicional que la mera exposición de posibles programas y la posterior votación. Consistía esta nueva modalidad en un cara a cara, en un debate entre los interesados, moderado por un reconocido profesional de la comunicación.
Y es en un instante preciso del mismo cuando se inicia nuestro relato:
–Todo eso te ha quedado muy bonito, pero me gustaría ver cómo lo podrías llevar a la práctica –replicó M.A.
–Con ese ánimo me presento ante los compañeros. Quiero ser abanderado en que existe otra forma de ver y hacer política…
–Pareces un calco a lo que escribe ese lumbreras de Pepillo y Juanillo…
–Por favor, no se pisen las manifestaciones. Es la quinta ocasión que debo cortarlos. Hay que guardar la compostura. No olviden que los aquí presentes, como casi toda la sociedad, está harta de espectáculos y circos –intervino el moderador–. Continúe, por favor, señor M.A. No, usted no, el otro que fue el primero en dejar su plática a medias.
–Gracias, señor moderador. Decía que debemos ser novedosos, al tiempo que austeros. No atravesamos un momento histórico como para estar echando voladores, por muy foguetero que sea este pueblo. Y coincidir con los planteamientos de alguien, que al no encontrarse presente le debemos un mínimo de respeto, no creo que sea motivo para el escarnio público. Es más, esta agrupación ha ido a menos con el paso del tiempo sin que hayamos sido capaces de curar heridas sino que nos hemos conformado con poner parches. Los resultados a la vista están.
–Compañero, pareces anclado en ese pasado glorioso de mayorías absolutas que no va a volver. Pregonar que ahora es factible dirigir un consistorio con cuatro liberados y sin asesores, es una utopía como la copa de un pino. Y los concejales deben estar bien pagados para que, entre otras cosas, no tengan tentaciones para meter mano por debajo de la mesa. No parece tampoco lógico que haya funcionarios que cobren más que el alcalde. La verdad por delante; si tú al pueblo le informas de antemano, te lo agradece.
–Un partido de izquierdas no puede ir con ese discurso. Me niego a formar parte de esa dinámica. El escritor francés Anatole France decía que la utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor. ¿Cómo vamos a enfrentarnos a unas elecciones pensando que no es posible obtener mayoría? ¿Acaso no la consiguió en 2011 el Partido Popular? ¿Y fue solo por la debacle del PSOE a nivel nacional? No, no, y no. Desde aquí contribuimos a que la caída llegase a cotas que ni imaginábamos. Por ello debemos presentarnos ante la sociedad para reclamar su voto con las cartas boca arriba, con mesura, austeridad y como portavoces de una clase trabajadora que lo está pasando mal. ¿O no avergonzamos, también, de la O de nuestras siglas?
–Me defraudas, M.A. Vaya discurso de frases hechas nos has preparado. Tú no vives esta realidad actual. Sigues enclaustrado en una etapa célebre del partido que ahora solo sería posible cuando comencemos a habitar el planeta Marte. Me alegro, no obstante, porque todavía haya pluralidad en esta organización y nos permita maneras de ver y tratar los asuntos de forma tan dispar.
–No demando yo una estructura monolítica, pero combato las comodidades, el aparentar y el quedar bien en la foto. Nos hemos olvidado de la etiología, del estudio de las causas. Los programas de los años 79 y 83 no difieren gran cosa de lo que hizo el PP en las pasadas. Y, engañados o no, los realejeros votaron en masa a Manolo porque supo ilusionarlos. A la mitad del mandato se encuentran bastante defraudados porque los espejismos se han borrado con las tormentas de arena. Está cayendo en la autocomplacencia. Pero no me consuela, como pareces estarlo tú. Yo aspiro a gobernar por méritos propios, por ideales, por principios y no porque el contrincante se haya estrellado solo.
–Bueno, llevamos algo más de los noventa minutos estipulados. Ruego a los candidatos, antes del obligatorio receso para la votación posterior, que sinteticen en una última intervención, en un par de frases, a ser posible, la idea o germen que conformaría el proyecto que, de ser el elegido para liderar la plancha, someterían a la consideración de los electores. Según el orden acordado previamente, concluya usted, señor M. A. y daremos por finalizado este vis à vis con usted, señor M.A. Recuerden que tienen dos minutos.
–Mucho menos, señor moderador, y muchísimas gracias. Creo estar capacitado y me avala la experiencia. Es, modestamente, lo que el partido necesita. Dejémonos de experimentos y salgamos de este impasse. Nadie podrá gobernar en solitario y apostemos por ser la llave en los pactos que puedan fraguarse. Ahí es donde debemos ser inteligentes y jugar nuestras bazas con valentía, decisión y arrojo. Sin descartar, obviamente, la sorpresa. Tengo el convencimiento personal, será por aquello de que a la tercera va la vencida, de que el PP va a sufrir una debacle sin precedentes, CC sigue con sus luchas internas e IU, por lógica, no va a pasar de su único concejal. Seamos sensatos y no nos lancemos a esas aventuras cuyo recorrido es imprevisible. Gracias a todos. [Aplausos]
–Yo sí apuesto por los cambios. Bastante quietos, anquilosados, hemos estado estos últimos dos lustros. En el partido hacemos falta todos, pero no todos valemos para todo. Y como las instituciones públicas no pueden seguir siendo la vaca lechera a la que ordeñamos sin piedad montando un organigrama paralelo al de la propia administración en el que nos colocamos los elegidos y los que no, reitero todo lo manifestado aquí esta noche con esta nueva cita. Ahora de Eduardo Galeano: La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Muchísimas gracias. [Aplausos]
Sigo escuchando el estribillo de la canción del verano. Comienza así: Lo peor ha pasado… Qué bonita es la ficción, cuánto juego nos brinda. Sean felices. Y el ruego de que no repasen, ni se les ocurra, los artículos de opinión de un periodista aficionado (eso sí, presume de título y se cabrea con los advenedizos que ayer dieron lustre a la profesión enlodándose hasta las cejas con la tragedia de Galicia), cuyo único mérito es poseer al menos dos lectores incondicionales: su hermana mayor y su hermano menor, quienes a bien primera hora de la mañana se asoman a esta ventana. Qué bien quedé. ¡Ah!, como no disponía de sonómetro, desconozco el final de la historia. ¿O cuento? Y como no estaba allí, no han querido soplarme el resultado del escrutinio. Avísenme.