miércoles, 3 de julio de 2013

Ley de Transparencia

El consejero de Presidencia del Gobierno Canario, Francisco Hernández Spínola, nos propone que hagamos sugerencias, que aportemos ideas para plasmarlas en la nueva Ley de Transparencia. Partimos, dice, de un folio en blanco y quiere que nosotros redactemos también los párrafos, el articulado. Idea a la que se ha sumado Rivero en las redes sociales con una alegría digna de… mandarlo pa´l carajo.
Si no estuviéramos comprobando cómo son capaces los políticos de (no) cumplir lo que ellos mismos han puesto por escrito hasta ahora, convendríamos en que se trata de un estupenda idea. Pero una cosa es predicar y otra bien distinta dar grano. Por lo que nos inspiran tanta confianza como dejarle la cartera a Bárcenas para que nos la custodie. La ejemplaridad que en tantas ocasiones he demandado sigue siendo asignatura pendiente. Los medios de comunicación sacan a la luz cada día un nuevo chanchullo, por lo que me temo, estimado Paco, que o echan a los golfos de los círculos elitistas en los que ustedes se desenvuelven, o una vez más lloverá sobre mojado. No creo sea menester señalarte ejemplos, pero como lo mismo un común y estimado conocido me sirve de enlace, van unas muestras.
Antonio Castro Cordobez, presidente del Parlamento de estas tierras periféricas, en la inauguración de la 22º edición de la Universidad de verano de Maspalomas, ha pedido un nuevo pacto porque la desafección de la ciudadanía es más que evidente. Parece que todo se pega, como el raboburro (lo conocíamos más por rabodiasnos, cuando íbamos por esos caminos entre plataneras y llegábamos a casa con todas las hojas pegadas en la ropa). ¿Hasta cuántos planes van a ser capaces de elaborar? ¿Para qué? ¿No vamos a estar desafectos? ¿Qué nos resta? ¿Entrar al cachetón limpio a ver si se enteran de que lo que necesitamos es gente que trabaje y sea modelo en su vida –y en la nuestra– cotidiana?
Ustedes han transgredido todas las normas y traspasado todas las líneas rojas posibles. Tanto que ni se percatan de que meten la pata hasta extremos de total estulticia. Ustedes se contemplan cada diez minutos en el espejo de los cuentos y se mandan besos volados. Ustedes están tan alejados de la realidad que se han creado un mundo que solo existe en vuestra imaginación. Y creen disponer de la varita mágica que brinda soluciones, pero hasta ahora solo han sido capaces de hechizarnos y convertirnos en ratones de laboratorio.
Algunos llegan al extremo de plasmar en sus códigos deontológicos que apartarán de la organización a todo militante imputado. Y ahí tienen a la señora delegada del Gobierno estatal, doña María del Carmen Hernández Bento, que se nos fue a La Gomera a presentar la regadera veraniega (el folelé, como lo bautizara un buen amigo), y lo hace bien acompañada de doña Luz Reverón y don Javier Trujillo, ambos de vacaciones permanentes y con causas judiciales pendientes. Eso sí, se colocaron los chalecos reflectantes, no sea que entrara en esos momentos el vuelo regular de Binter y no le diera tiempo de frenar.
Pero lo que más me llama la atención, y no es la primera vez que lo señalo, es el comprobar el grado de desfachatez con el que se desenvuelven los políticos, quienes parecen reírse de nosotros cual arteros consumados. Este pasado lunes por la mañana (para entendernos, en horas de trabajo), se reunieron, por separado, socialistas y populares en la capital española para debatir sus particulares batallas internas.
Todos los allí congregados cobran sueldos del erario público porque ocupan cargos de diputados, senadores, miembros de los diferentes gobiernos (nacional, comunidades autónomas, diputaciones, cabildos, ayuntamientos). Y se les importa un rábano abandonar su puesto de trabajo (sin sonrisitas) para ir a solventar los problemas del tío de los sobres o de las peripecias para hallar un líder carismático. Imagínate tú que yo estuviese aún en activo y le dijera al director del centro que no puedo ir a impartir las clases porque tengo en la sede de mi partido un asunto de gran calado y requieren mi indispensable presencia…
El problema no es que hayan perdido la vergüenza, que también; es que ya uno duda muy seriamente de si alguna vez la tuvieron. Una cosa es ser trepa y otra bien distinta ser golfo. Y las actitudes del personal no me auguran que la situación tenga visos de cambio. A mejor, claro, porque a peor, cada minuto que pasa.
Me causa tremenda tristeza el contemplar cómo otras fuerzas políticas dejan pasar estas oportunidades para el conveniente desmarque. Da la impresión de que procede seguir a la expectativa no sea que mañana les toque y deban dar cabida a los suyos. Mientras tú y yo seguimos yendo a la mar a meter la mano en el agua. Nos mantiene la esperanza y la utopía. Al menos que nosotros no las perdamos.