miércoles, 17 de julio de 2013

Tercer rebumbio veraniego

Bastante visitada, y comentada, una nota que colgué en FB hace dos o tres días. Y ahí la reproduzco, no sea que me señalen por ocultar las pruebas. Se empeña el Banco de Santander, entidad con la que no tengo relación alguna, en que vuelva al cole. Y algún jubilado (o jubilada) se sumó al cachondeo para indicarme el camino de regreso. Cuidadito, no sea que hagamos el recorrido en mutua compañía. No vaya a ser que sea yo el único que se halla en perfectas condiciones físicas y mentales para el retorno. Muchos son los que arrancaron la caña antes de cumplir los cincuenta y… no quiero echar más leña al fuego. Lo mío cumplió todos los requisitos exigidos. Y ya está, estimado señor Botín. Me encuentro perfectamente y pienso seguir así. Y cuando llegue el 2 de septiembre (lunes), lo único que haga, y relacionado con el centro en el que finalicé mi andadura docente, será llamar al excelente amigo Ángel para darle la bienvenida a este mundo jubiloso. Si para ese momento ya fuese rico –la Primitiva está al caer–, nos iríamos a recorrer verdes parajes asturianos durante una buena temporada. Sin maleta, sin bolígrafos ni cualquier otra arma de destrucción masiva. Y sin daños colaterales.
El Cabildo tinerfeño se ha sumado a la campaña de desratización, pero ha reducido el presupuesto de 160 mil a 40 mil euros, que es tanto como asignar la cuarta parte del gasto anterior. Lo más curioso de la noticia es que se le añade la coletilla de que este nuevo sistema rinde mucho más, es bastante más eficaz. Los mata bien muertos, añadiría yo.
Puede que los políticos lo digan con la mejor de las intenciones. Me gustaría creer en su buena fe, pero como estamos ya ‘escamados’ ante tanta noticia desagradable, uno llega a pensar, mal por supuesto, que si en la época de vacas gordas los dineros se despilfarraban alegremente o cambiaban de bolsillo con enorme facilidad. Si te fijas bien en las declaraciones de concejales y consejeros, todos coinciden en que se hace lo mismo con menor capital. Y en ocasiones la diferencia entre el antes y el ahora es de unos buenos fajos de miles. Por lo tanto, algo debe estar fallando.
Leí, puede que tú también, que la obesidad se hereda a través del esperma. Otro mito que se nos cae. Aquello de que somos el espermatozoide más fuerte de la manada se va a quedar en agua de borrajas. Porque lo mismo viene a resultar –en unos años lo descubrirán, seguro– que es preferible ser descendiente del más débil y enclenque, porque al pobre no habrá habido bicho que le ataque por el camino ante la escasa sustancia alimenticia que podría brindarle. Bienvenidos sean los avances científicos. A este paso nos mandarán a pedir por correspondencia. Como antiguamente, cuando veníamos de París. ¿Te acuerdas de las bodas por poderes? Pues parecido.
Yo no voy a estar saliendo todos los días a desmentir informaciones falsas de todas falsedad. Aquí no nos prestamos a chantajes de ningún tipo. Y me vale todo ello para señalarle a los políticos canarios (del PSOE, fundamentalmente) que tampoco la Ley de Transparencia va a ser ese antídoto justo y necesario que acabará con la enfermedad de la corrupción. Y como ya me cansé de salir al paso de tanta majadería, me salto el turno de intervenciones y doy por concluido este párrafo porque me da la realísima gana.
El peligro no son los toros. Que se lo pregunten a los empitonados. ¡Ah!, se refería a esas imágenes que son un modelo de las enseñanzas en Pamplona. Fotografías preñadas de educación cívica y que pretenden traducir por abusos sexuales en masa. ¡Ay, San Fermín!, levanta la testuz y pon orden en el desconcierto. Me vuelvo a jugar 50 céntimos a que las denunciantes (incluidos políticos que se suben al carro a toro pasado) no son ninguna de las retratadas con las pechugas al aire. Porque si la cara es el espejo del alma, eso se dice, no demostraban las susodichas demasiado descontento con el manoseo. Seamos serios y pongamos los puntos sobre las íes. Falsos. Y falsas.
Penosa la actitud de los gobernantes portuenses ante las protestas ciudadanas motivadas por las obras que se pretenden llevar a cabo en San Telmo. El que a una vecina le hayan hecho quitar una pancarta, porque la ordenanza correspondiente así lo estipula, me parece de una mezquindad absoluta. Me temo que la reacción no hubiese sido igual si en el reclamo se hubiera signado una consigna a favor. Cuídese, a partir de ahora, el ayuntamiento en cuando deba colocar rótulos para aconteceres festivos, culturales o de cualquier otra índole. Y limpie –aprovechando este arrebato de imperativo legal– toda la ciudad de ejemplos nada gratificantes en plenas zonas turísticas que, a buen seguro, hacen mucho más daño que el visible reproche de quien ejerce su derecho a la discrepancia. No debería olvidar Marcos Brito que la década de los setenta del pasado siglo ya queda un poco lejos. Mejor haría en intentar poner orden en su gallinero, que en buscar problemas donde no los hay.
Todos los partidos políticos remiten diariamente a sus militantes, o afiliados, el manual de instrucciones, el argumentario (vocablo que la RAE va a incorporar en la próxima edición de su diccionario; todos vamos entrando por al aro). Me llegan varios de vez en cuando. Pero del PP, jamás. Aunque no me hace falta, porque, y en esto hay que felicitarlos, los repiten al dedillo. Son máquinas en el aprendizaje de las consignas. Lo mismo son multados si se desvían lo más mínimo. Haz un repaso a las declaraciones habidas tras la comparecencia de Bárcenas (ese señor) en la Audiencia Nacional y son calcadas. Ello implica un evidente peligro. Como a uno de los jefes le dé por dimitir (sí, ya sé que es imposible, pero ayer tampoco pasó nada con la sucesión de Valencia), el PP se iría al garete. Claro, los siguientes –todos– adoptarían idéntica postura y se marcharían para casa. Ingenuo, que te crees tú eso.