miércoles, 28 de agosto de 2013

Algo más que panza de burro (3)

Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero... Llegan dos. Los rezagados habituales. O los que se retrasan habitualmente. No importa. Vienen. Los hay que no. Aquellos aportan. Poco, pero suman. Estos, no. Restan. O detraen. Es más fino. Como el vino dulce y el anís. Que se toman a pequeños sorbos. Asiendo el minúsculo recipiente de vidrio con los dedos pulgar e índice. No da para más. Ni para menos. Hasta tal punto enano que ni siquiera te molesta la nariz. Lo más, el bigote. No te olvides de las pastas. O los pasteles del Realejo. Sí, pastas y licores. A la antigua usanza. De cuando maestras y maestros, que no tenían donde caerse muertos, invitaban con semejantes deleites a las autoridades que acudían a los exámenes en sus escuelas. ¡Oh, progenitora que los trajo al mundo!
Nueva parada. Nadie sale. Deben estar a las once en la fábrica de hacer chicos. Seguro que algunos así lo desean. De no estar aquí... Y este tenía buen vino, me cago en la madre que lo parió. La madre, siempre inspirando buenos sentimientos. Es la Navidad. Se nota, ¿no?
El cielo limpio, radiante. Muchacho, si ya lo dijiste al inicio. Pero es verdad. Estrellas, constelaciones, osas, sagitarios, escorpiones, piscis y tauros. Mide cinco veces la distancia de las dos estrellas que conforman el lado inferior del cuadrilátero de la Osa Mayor, traza una línea en la dirección que ambos puntos luminosos indican y ahí mismito te encontrarás con la Estrella Polar. Única práctica de fundamento que valió la pena en el cuartel. La que señala el Norte. Sí, nuestro norte, verde, húmedo, apanzaburrado. Regado por el alisio desde Teno a Punta del Hidalgo. Desde el faro hasta el folclorista del sombrero. Cuyo apellido se ha multiplicado para bien. ¿Dije norte, alisio, verde húmedo...?
¿Mirar arriba o abajo? ¿Un firmamento preñado de guiños de fuego –¡qué literario!– o un cacho de roca que te puede llevar las narices al suelo –¡qué práctico!–? Dos polos de una misma realidad. Una acera, ¿qué raro, tendría proyecto? […]
Un lunes, y seguimos en enero
Me dirás que hoy no toca. No, los lunes no toca. Ni toco. Casi nunca toco solo. Es aburrido. Es preferible tocar acompañado. Y más chachi. Depende de la tocada (musical). Si está bien, mejor. Ya lo decía un compañero aficionado a jugar con el rico refranero: "nunca es tarde si la niña está buena". Pero como me siento bien –¿habré dormido en Flex?–, decido cambiar las cuerdas. Las pobres antiguas llevaban inactivas un trienio. Añádanle lo poco o mucho que pudieron estar sonando en mis reencarnaciones musicales anteriores. Hasta el afinador –Korg; DT-2 (Digital Tuner), made in Japan, adquirido en Musi Realejos el 18 de junio de 1993 (factura número 000259, espero que Hacienda no tenga acceso a estas líneas, por si no la declaró), por un importe global de 9.700 pesetas– se puso contento. Después de ponerle una pila nueva, por supuesto. Kodak, 9V. Estaba la pobre, de pena. Casi, casi como yo. Con el voltaje bajo mínimos.
Día siguiente, martes (claro)
Hoy ha llovido con ganas. Y con un brisaje guapo. Hasta truenos hubo anoche.  Llevé al ensayo la letra de una berlina de El Hierro. Habla de luchadores y cosas de esas. Siento que para algo voy a servir. El que no se consuela, es porque no quiere. ¿Que cómo me va? Sigo sin enterarme. Espero que aquello de burro cargado, busca camino valga en la presente ocasión. De no ser así, la habremos jeringado. Como el cemento a la platanera, como la electricidad a la capochina, como Roca a los baños de aluminio, como Santillana, Edebé y adláteres compinchados al Faro de la época franquista...
Jueves de la misma semana
No me encuentro bien. Unos "hijos de la gran puta" –así, entrecomillado, para destacar mi cabreo–, enormemente valientes con una pistola  en la mano, han asesinado a un concejal del PP y a su mujer en Sevilla. Y me duele; mucho. Así entienden el diálogo en defensa de ideales políticos. ¿De cuáles? Nacionalismos excluyentes del conmigo o contra mí. El entrenamiento es la misa. Mis creencias, insisto, bajo cero, pero me acordaba de las familias de los que cayeron bajo el horror de las balas.  Y me recogí, a mi manera, pero recogido. Por cierto, recuerdo, ahora que ya no llueve como antes, ese día también San Pedro fue generoso. Bastante. En La Palma, con viento.
(Continuará)