jueves, 22 de agosto de 2013

El sendero turístico

Llevo un tiempo escuchando, y leyendo, comentarios acerca del notable deterioro de este sendero. Al que tantas páginas informativas se le ha dedicado a través del tiempo. Y al que llegó a denominársele el sendero del agua. Y el calamitoso estado actual viene a demostrar que se acometen obras sin que se tenga definido el futuro inmediato. Creo que se juega alegremente con los dineros públicos sin que exista previsión alguna para el adecuado y necesario mantenimiento que toda realización exige. Y los invito a que hagan un alto en la lectura, si a bien lo tienen, y piensen la cantidad de ejemplos que ahora mismo podrían citar.
Un paseo desde la zona de la playa de Los Roques hasta la Casona de Castro (ahora sometida a reiterados robos) nos pone de manifiesto que se han dilapidado muchos millones. La tan cacareada reposición de especies vegetales (fundamentalmente dragos y palmeras) ha sido un fiasco total, amén de una considerable pérdida de recursos económicos por el abandono secular de los diversos tramos y zonas del Paraje Natural.
Y como del particular he escrito en más de una ocasión, y creo que no sea esta la última, van unos párrafos publicados en el periódico El Día un lejano 10 de diciembre de 1991. Casi veintidós años después seguimos entonando un estribillo parecido.
“Los unos, los más, han manifestado que nos han esquilmado la arena de nuestro litoral. Los otros, los menos, han venido a desmentir a los primeros, ale­gando que los estudios pertinentes han deter­minado la nula incidencia de tales activida­des. Sea como fuere, y sin que sirva de pre­cedente. por esta vez voy a coger por el cami­no del centro: ni con los unos, ni con los otros.
En el cruce de comunicados habidos, en realidad no han sido tantos, merece la pena destacar una alusión al sendero turístico que habrá de recorrer, en su día, toda nuestra costa.
A bombo y platillo se destacó la noticia de la realización de la segunda fase de este proyecto. A aquellos que tenemos la inmensa suerte de transitar tales parajes, nos llenó de alegría tal buena nueva. Venía a ser, en defi­nitiva, la restauración, el acondicionamiento de una zona que había sufrido las consecuen­cias de la canalización de la red de saneamien­to en el tramo comprendido entre ambas Románticas. Se trataba, en fin, de hacer jus­ticia. Lo malo es que no se dijo que este tramo había quedado cojo. Le faltaba, y le falta, la conexión definitiva en Romántica I. Cuando caen los muros en la Europa del Este, aquí, sin ir más lejos, los levantamos para orgullo de cuantos nos visitan. Quien lo haya recorri­do sabrá a qué me estoy refiriendo.
Si lícito es destacar y colocar en su justo lugar aquello que bien se realiza, no lo es menos, o no debe serlo, la justa pretensión de poner los puntos sobre las íes cuando obser­vemos determinadas irregularidades.
Hace unas semanas, en un programa de la FM 107.5, un alto responsable del Hotel Maritim ponía el dedo en la llaga y aludía al lamentable estado en el que se encontraba el tramo comprendido entre este complejo turístico y Romántica II, es decir, aquel que discurre por los aledaños de la playa de Los Roques: lo que en el proyecto original se denominó como primera fase. ¡Y cuánta razón tenía!
De aquel primitivo encanto, de aquel deli­cioso paseo utilizado por infinidad de turis­tas, sólo quedaba el recuerdo. Grandes tra­mos de barandas arrancadas y arrojadas al callao, escalones en los dos accesos a la playa que brillan por su ausencia, suciedad y escombros por doquier, no vienen a ser, pre­cisamente, un atractivo para los transeúntes.
La culpa habrá que achacársela a todos. El paso inexorable del tiempo no puede ser, en manera alguna, el único factor desencade­nante de tal desaguisado.
Hace unos días nos congratulaba la noticia de que el Ayuntamiento realejero, merced a un convenio con el Gobierno Autónomo, se disponía a comenzar su reparación. Aunque lo que pudo haber sido subsanado con un mucho de imaginación, con un mucho de oportunidad, y un poco de dinero, habrá de ser repuesto ahora con mucho, muchísimo dinero. No obstante, hagamos caso a lo de más vale tarde que nunca, o, tal vez más ilustrativo, a lo que dice un buen amigo en estos casos: Nunca es tarde, si la ‘niña’ está buena.
Vamos a ver si a todos los que les gusta esti­rar las piernas por estos contornos vuelven a disfrutar de naturaleza al arrullo de las olas.
Vaya, para finalizar, un par de solicitudes. ¡Por pedir que no quede!
Y sea la primera la rápida solución al tra­mo conocido como La Fuente: los que bajan al Boguiño y los Pejerreyes lo hacen cantando lo de Pena, penita, pena... Y el segundo, que se sigan adecuando nuevas fases, que la brisa marina despeja la mente y pone en claro nuestras ideas, alguna de ellas puede que sea hasta aprovechable.
Pero, de vez en cuando, a dar una re­pasadita a lo que atrás quedó. ¿No les pare­ce?”
Aprender, lo que se dice aprender, a los hechos me remito. Y que lo vayan a arreglar por una carrera (Tenerife Bluetrail), cuando miles de usuarios (caminantes), entre ellos centenares de turistas, han padecido penurias… Sin apostillas.