lunes, 30 de septiembre de 2013

Adiós, septiembre, adiós

Aunque saben que no comparto, y menos en épocas de crisis, los excesos de enchufes en los organismos públicos –y el ayuntamiento realejero no es ajeno al modismo–, no dejo de reconocer que se están haciendo obras necesarias, y que llevaban mucho tiempo en el cajón del ya se verá. Pero, al tiempo, existen pequeños –o quizás no tanto– detalles que ponen de manifiesto la tozudez (terquedad, obstinación, empeño, capricho, testarudez, y en canario, perreta) de los que llevan las riendas del gobierno municipal. Muestra inequívoca de lo que puede un mullido sillón, que provoca alejamientos (puede que hasta enclaustramientos) muy difíciles de corregir por la ceguera que suelen llevar adherida.
Aplaudo, sin reticencias, la medida de incrementar las partidas de educación y cultura en 13.000 euros. Pero me entristece que se haya perdido la oportunidad de que fueran 28.000. Con lo que muchos colegios públicos hubiesen podido ver suplidas las carencias que vienen arrastrando desde tiempos remotos. O que las bibliotecas públicas incrementasen dotaciones (en esta faceta las inversiones siempre son escasas). O que pudiera, de una vez, iniciarse el periodo de recuperación de tantos valores dispersos (abandonados, olvidados) por la geografía de la Villa de Viera. No creo que te estés preguntando de dónde saqué los otros 15.000 euros. Por Dios, te enciendo la bombilla: ¡¡¡de los semáforos!!!
Me parece estupendo que se soterre la red eléctrica por La Piñera y La Cruz Santa. Y que a ese presupuesto de un millón de euros se le pueda sacar todo el rendimiento posible. Pero me temo que al jefe de Manolo, el ínclito señor Soria, se les crucen los cables, se le cortocircuite el meridiano y pretenda resarcirse mandándonos otra clavada en el recibo de la luz. Muy capaz lo creo. Y quedarse más fresco que un salmón noruego.
Otra ovación por el asfaltado del tramo comprendido entre Puerto Franco y San Vicente. Me imagino que el consistorio ya habrá hecho los cálculos, porque el cambio de estos trayectos de carretera insular a vía urbana acarreará nuevos gastos en las arcas municipales, tan necesitadas para suplir desaguisados en concesiones administrativas y olvidos urbanizadores.
No es bueno, ni de buen cristiano, desear el mal ajeno. Pero como los políticos se olvidaron de la máxima, no me duelen prendas en calificar como una desfachatez total la postura de doña Sandra Rodríguez, concejala administradora de los escasos caudales portuenses, cuando, sin rubor alguno, espeta que “ahora más que nunca son necesarios los once concejales liberados y los ocho puestos de personal de confianza”. Esto es de una golfería sin precedentes. Máxime cuando lo suelta a las pocas horas de la aprobación de un severo plan de ajuste que considera lícito recortar por todos los recovecos presupuestarios, menos en aquellos que hacen referencia a los emolumentos de los ediles. Chiquita jeta.
Y lo adorna con un no menos sugerente: “Me iré cuando me apetezca”. Se le quedó corta aquella tal Fabra, autora del ‘que se jodan’. ¿Pero quién se ha creído que es la señora o señorita esta? Si el líder socialdemócrata alemán ha dimitido por perder las elecciones (¿se lo podrían pasar a Rubalcaba?), una expresión de tal calado, aparte de merecer el más despreciable rechazo, solo podría absolverse con un salto al vacío por la Punta del Viento, con o sin remodelación del paseo.
Mientras nos reímos de esta galanura sin importancia (una salida de tono), nos hallamos gravemente preocupados por el porvenir de un gorila de Loro Parque que puede ser enviado a Brasil, a un zoo en el que se producen muertes extrañas. Somos un país de primates. Nos echan un plátano y nos tienen entretenidos un buen rato. Y en este huerto existen vergeles donde los dirigentes (los más monos) viven placenteramente y se les abonan suculentos honorarios por sus gracietas y ocurrencias. Cuando no destemplanzas. En fin, hechos que rayan la golfería, sin más. No, yo no califico, eso son meras conjeturas: se califican.
Como todavía no me ha citado ningún alcalde para tener una charla en la que poder indicarle las directrices de cómo llevar un ayuntamiento con menos de la mitad, puede que un tercio, del personal político y de confianza, debo recordar a Juan Manuel García Ramos, líder del Partido Nacionalista Canario si tras haber firmado las paces con Coalición Canaria sería capaz de resolverme este sencillo ejercicio, nada complicado para tal eminencia intelectual:
Se trataría de llamar a un tal Andrés Chaves y entre ambos escuchar todas las grabaciones mañaneras de aquel Radio Burgado (miasmas –puede traducirse por pedos– y ronquidos incluidos) en las que Paulino Rivero (el Pollito de El Sauzal, el maestrito de escuela, el mago, el analfabeto…) fue diana en la que se incrustaron dardos envenenados… E incierto periódico habla de la hez del periodismo. Solo falta el aderezo del marcado compromiso católico, de otro.
Mañana ya es octubre. Solo queda un trimestre para volver a la senda de la recuperación económica. Funcionarios y jubilados, abstenerse. Me callaré (es decir, no escribiré) cuando me apetezca. ¿Por qué iba a ser yo menos?