martes, 17 de septiembre de 2013

El semáforo de las monjas

Varias han sido las ocasiones en las que redacto unas líneas para opinar de temas educativos. Parece normal pues no en vano ha estado uno toda la vida metido o relacionado con ese mundo. Y jamás habrán leído –o escuchado, si de otro foro se tratase– que me haya posicionado en contra de la enseñanza privada. Pero sí de cortar por lo sano con aquellos desalmados que hacen del particular un negocio puro y duro. Sobre todo en aquellos casos que bajo el amparo o paraguas del término concertado, abren centros que se sostienen con dineros públicos mientras aprovechan cualquier resquicio para cobrar a sus alumnos hasta el desgaste del piso (Gila dixit). A lo que se han prestado asociaciones de padres y madres que sirven de tapadera para tan oscuros procederes. Pon tú los ejemplos.
El colegio Pureza de María, ubicado en el paraje natural de la Montaña de los Frailes (La Montañeta, Los Realejos), ha sido objeto de mis comentarios en diferentes medios de comunicación porque entiendo que desde su construcción, en lugar inapropiado, hasta los desaguisados de tráfico que ha venido provocando a lo largo de sus bastantes años de historia, constituye el paradigma de un quehacer viciado desde sus inicios.
Dice Paulino Rivero (ay, cómo lo quiero) que Canarias hace su propio camino. Y yo me apropio de su parecer para señalarle –como un contribuyente más del pueblo y defensor acérrimo de la educación pública sin que ello me ciegue o me obsesione en mis planteamientos– a la congregación que rige el funcionamiento del colegio en cuestión, que cuando uno monta un chiringuito para vender algo no pretenderá que el ayuntamiento le solucione las humedades (es un símil) que pudieran aparecer.
Aunque parezca de Perogrullo, viene a resultar que sí lo han conseguido. Mientras nosotros no podemos disfrutar de sus instalaciones (por ejemplo la piscina, subvencionada generosamente mientras se negó en la época otra para mejorar el pavimento del polideportivo Toscal-Longuera), ni vemos un euro de las cuotas mensuales, entre Ayuntamiento, Cabildo y Gobierno de Canarias se les realizó un acceso de más de 400 metros, con un montante económico de casi 400.000 euros. Eso ocurría mientras un vendaval se cargaba tejas y vallas de colegios públicos sin que la diligencia para el arreglo de los desperfectos fuera al menos tan dadivosa como aquella participación. Es probable que las monjitas sepan llorar mejor. O que posean un enlace divino.
Y los que vivimos en el pueblo o transitamos por la carretera que nos lleva a San Jerónimo, hemos podido sufrir en carne propia que los atascos continuaron. Y que los problemas de tráfico siguieron tan acentuados como antes. También lo observamos en las horas de entrada y salida del colegio Nazaret, pero aguantamos estoicamente y callamos para que no nos señalen. Ya se sabe que vivir en un pueblo tiene ciertos inconvenientes, los de que en lengua de todos te veas. Con el agravante de que hasta los militantes de izquierda, adalides de lo público (en privado), envían a sus hijos a estos centros porque la calidad educativa y bla, bla, bla.
Ahora, bajo la peregrina excusa de la apertura de grandes superficies comerciales en los aledaños, vamos a realizar una nueva inversión para que no tenga que bajar ninguna hermana a dirigir el tráfico. Pondremos semáforos. Por las fotos e informaciones que tengo, en el cruce de arriba (y ya todos se sitúan). En el de abajo, el que se halla en la vía más reciente (en la de las bombonas, para entendernos), ignoro si colocaremos asimismo luces intermitentes. Algo más de 30.000 euros (apoquinan Ayuntamiento y Cabildo) para que nuestra circulación sea más placentera. Y menos mal que Los Beatles ya no existen, porque de acudir otra vez a pasar unos días de vacaciones, el presupuesto municipal (ese que goza de excelente salud financiera) se iría a freír chuchangas.
Nos sorprende Cristiano Ronaldo con que hay cosas más importantes que el dinero. Mira quién lo dice. Y puede que tenga razón. Pero creo más interesante el que se reparta con criterios adecuados y pertinentes el que poseen los que dicen administrarnos y que lo obtienen metiendo la mano en nuestros esmirriados bolsillos. Las confesiones religiosas, al igual que sindicatos y partidos políticos, que se busquen la vida y que no nos la compliquen aún más.
A partir de ahora, cogeré la autovía, no sea que cuando pase por La Montañeta un círculo rojo me diga que debo esperar un rato a que salgan los que hallan el camino expedito gracias a mis impuestos. Si el juguete se porta bien, hagan otros estudios para otros centros, menos elegantes pero con más derechos, ubicados en La Cruz Santa, Palo Blanco, Realejo Bajo, Icod el Alto… No hace falta que continúe porque los tendrán apuntados en un registro. Y en las próximas obras del RAM (¿se siguen llamando así?), añadan a las monjitas. A ambas, claro. A cambio, matrícula gratis.