lunes, 16 de septiembre de 2013

Paso del fútbol

Apenas llevamos unas jornadas y ya comenzó el baile de opiniones. Porque tengo la manía de leer de todo, también entra el fútbol en la recopilación de la necesaria información que te permita luego emitir juicios de valor. Y aunque la temporada pasada conseguí no ver ni un partido, ni siquiera en la tele, nada más entrar en Internet te hallas bombardeado por los aficionados de aquí y de allá.
Así que sentado lo precedente, y dejando constancia de que solo me interesa el cómo se desenvuelve el personal en torno a este ¿deporte?, me parece conveniente plasmar un par de guindas. No sin antes hacer referencia a las excepciones de turno:
Fueron 328 personas a defender nuestra quimera olímpica. Lo hicieron tan bien que ahora estaremos años sin conciliar el sueño, porque deberemos arbitrar cómo pagamos la cantidad que nos han endosado.
Un concejal ramblero me ha ilustrado sobre un nuevo concepto que desconocía por completo: carretas con todo incluido. Fue en la romería de San José, a donde tendré que ir el próximo año para echar una visual a ese portento de vehículo.
No me gusta el nombre que le han puesto a una cerveza elaborada en Los Realejos, por la zona de La Cruz Santa: Tierra de perros. Excesivas connotaciones negativas para la bebida, máxime cuando la califican de producto gourmet.
Pues sí, estimados míos, solo cuatro partidos y arden redes sociales, tertulias en los medios audiovisuales y ese lenguaje característico causa estragos en la prensa. Los árbitros se arriman con descaro hacia los poderosos (cuánto valor pueden tener esos tres puntos al final del campeonato). El de los cien millones ya ha amortizado unos cuatro o cinco con el gol del empate, y creo que se la metió por debajo de las piernas.
El lateral de no sé qué equipo se corrió por la banda… unos cincuenta metros… Algo exagerado. O a mi edad ya lo considero toda una proeza. Quien también corre, aunque nunca los sigue, es Hacienda. Pero el (supuesto) problema no es del jugador sino de su representante. Con lo que el organismo fiscalizador de impuestos y tributos queda en fuera de juego y debe guardar sumo cuidado en que el juez de línea no le levante la bandera.
Se marchó Guardiola, dio un paso al lado Tito (cuánto deberían aprender los políticos) y la aparición de nuevos personajes ha provocado que se comience a cuestionar el archiconocido tiki-taka, sobre todo tras la apropiación indebida de la denominación por cierta cadena televisiva. A cuyos tertulianos se les vislumbra demasiado el plumero, a decir de los catalanes. Cuídate Del Bosque, serás el próximo.
Y ya que los menciono, me asalta la duda de cómo serán las competiciones en Cataluña tras la independencia. No deberá ser numerosa la participación en las ligas de fútbol, baloncesto, balonmano… y el Barça tendrá que repartir jugadores para que exista algo de competencia. Los del Madrid, como ya lo hace el editorialista chicharrero, sí deberán estar aplaudiendo con las orejas para que la escisión se produzca más pronto que tarde.
La etiqueta de ‘resucita muertos’ que le han adherido al Tenerife no me la pueden atribuir. Registren mis pertenencias y no hallarán prueba que me incrimine. Asistí por última vez al Heliodoro hace muchos años ante un partido del representativo (ya voy dominando los tecnicismos) con el Villarreal. Y empataron, como ayer con el Madrid. A alguien que iba conmigo se le ocurrió aplaudir cuando los de Castellón marcaron un gol… Menos mal que por aquella zona no había mucha gente.
Vivo a cincuenta metros, en línea recta, del Estadio Municipal Los Príncipes. Vivía, en La Longuera, a menos de cien metros, en línea recta, del Estadio Olímpico. Estoy con Nadal (espero que no lo manifieste de cara a la galería) en lo de que el país no está para demasiadas alegrías (por ejemplo, las entradas a los eventos deportivos), me gusta el deporte, lo practiqué bastante en épocas pretéritas, sigo caminando con cierta asiduidad… Lo malo es que abusos, componendas y añadidos me han provocado, merced a los efectos colaterales, ingentes dosis de aversión. Tanto que me pongo a ver las etapas de las grandes vueltas ciclistas, por las excelentes imágenes que nos brinda la pequeña (algunas no tanto) pantalla, y peco mortalmente, pues quedo frito antes de llegar a la meta. Aunque así me libro de las pesadísimas cuestas de L´Angliru. Es tanta la profesionalización que en la mayoría de los casos nos hemos cargado el espíritu deportivo.
Lo dicho: paso del fútbol. Con el resto, voy escapando. Espero aguantar un fisco más.