martes, 3 de septiembre de 2013

Los ordeñadores de Bárcenas

No creo que hubiese un español que pensara que en los ordeñadores de Bárcenas (prestados, en realidad eran propiedad del Partido Popular) iba a encontrar el juez Ruz información alguna. Ni que fuéramos bobos en este país. Bueno, sí los habemos, pero estamos en un nivel mucho más bajo. Tanto que si a cualquiera de nosotros se nos presentara una denuncia, la justicia, antes de comunicarte la imputación, te ha registrado la casa y todos tus útiles, incluyendo la bolsa de la basura (si ese día aún no la habías sacado al contenedor).
Se confirmó, pues, que se había extraído hasta el último byte (ocho bits contiguos y unidad de medida básica para memoria, almacenando el equivalente a un carácter.). Eso, no le dejaron ni el carácter. Los manipuladores exprimieron con verdadero deleite y extremada fruición las tetas (que no teclas) de los aparatejos que guardaban celosamente las cuentas de esa gran empresa que es el PP. Ánimo, Soraya. Y con tales criterios (empresariales) fueron extirpados, arrancados de cuajo o secados (que todo vale en este sugerente campo de los lácteos), para que manos extrañas (incluyan las del magistrado) no intenten obtener el último chijo blanquecino.
Como siempre, lo mío es broma. La realidad, en la presente oportunidad, me superó. Y con creces. Uno espera y desea que el fenómeno no se contagie. Aunque los derroteros del sindicato andaluz de Sánchez Gordillo se me antojan poco adecuados. Porque mezclar churras con merinas no ha estado bien jamás. Y me da la impresión de que carta blanca para cualquier desmán no puede ser el camino correcto para salir de esta bazofia en la que nos hallamos inmersos. Más que nunca podríamos aplicar lo de que el fin no justifica los medios.
Ayer por la tarde estuve de compras en cierto supermercado. Y un paisano me preguntó que cuántos años hacía de mi participación en la política activa municipal. Y nos dimos cuenta de que éramos ya mucho mayores. Pero me espetó que los que me habían seguido fueron mucho más listos que yo. Por supuesto, asentí. Y así estamos en la actualidad. Pagando hasta los fichajes estrellas de los equipos deudores de la mejor liga del mundo. Y rogando para que, más que sea lenta, la justicia vuelva a poner orden y concierto en el desaguisado.
No quisiera imaginarme que en los importantes sumarios (políticos) que se vienen instruyendo, cualquier fallo en su tramitación mandase al traste la ilusión nacional de ver alguno de estos pejeverdes en chirona. Porque ya está bien. Con los de primera línea y con los que vienen detrás, quienes apenas levantan un poco la cabeza y ya empieza a vérseles el plumero. ¡Ay!, Rosa Díez.
Son innumerables los llamados efectuados desde cualquier tribuna a las que me haya asomado para emitir opiniones para que las renovaciones, tan necesarias y urgentes, se produzcan. Pero no hay manera. Los asideros siguen siendo bastante resistentes. Y la lata continúa dando gofio para tanto bergante. Iba a meter en el saco al mismísimo rey, pero como padre debo hacer la pertinente salvedad: ¿Quién no le ha echado una mano a un hijo ante cualquier apuro económico?
Otro que ordeña, y bien (múltiples imágenes circulan por los medios de comunicación), es nuestro presidente autonómico. Cuando agarra una batahola, le saca más jugo que a un bloque de veinte. Lleva con la matraquilla de que el trabajo es para los de aquí, que comienzo a sospechar si sus relaciones familiares van por buen camino. Cuídate, Angelita. Aprovecha hasta la Feria de Pinolere para deleitarnos con el estribillo. Al lado de Melchior y Valencia parecía un pibito de sesenta y tantos. Sin otro oficio –aparte del de licenciado en magisterio; manda corridas de toros– que el de arrogarse representaciones por mor de una ley electoral que perpetúa ordeñadores.
Te juro que tengo una ganas de que alguno no deje a Luis (alias el cabrón; bastante adecuado por el tema del ordeño) en la soledad de una fría celda… Hoy no me siento muy católico. Debe ser que estoy cabreado.
Si al angelito preso se le han descubierto taytantos millones de euros en cuentas desperdigadas por esos paraísos fiscales y nadie del PP se percató  de lo que se mangaba el fulano de la película, ¿te imaginas cuántos montones de sacos de binladen circularon por las cuentas no oficiales? No las denomino como B porque nos hacen falta por lo menos diez o quince letras más. Chacho, sigo cabreado. Ahora más.
Concluyo felicitando a la familia Acosta Sörensen. Sigan sacando buenas instantáneas de olas, parapentes y demás. Ojalá los medios de comunicación presten más atención a esos gratificantes quehaceres. Sería buen síntoma.