lunes, 2 de septiembre de 2013

Quinto rebumbio veraniego

Comienza el curso y aquí estoy sin mayores agobios debidos al denominado síndrome postvacacional, que algunos mentan y otros padecen. Un servidor, desde hace unos años, pasa de semejantes modernidades. Ahora no suelo viajar en verano. Pensaba acudir a Puerto Calero, pero como Paulino, con quien tenía previsto platicar, anda saltando como un quíquere de peña en peña, lo dejé para el inminente otoño. Lo malo es que él no se acoge a los programas del Imserso.
Estuve, eso sí, unos días caminando –más que bañándome– por esos ‘sures’. En la costa de Guía de Isora. A cuyo alcalde, amén de parlamentario autonómico, creo oportuno señalarle que esas orillas de la mar océana están muy sucias. En los pesqueros tradicionales, auténticos chiqueros. Y como basamos nuestra posible recuperación en la llegada masiva de turistas, no creo que nuestros visitantes se congratulen con retratos de tal guisa. Vaya usted, si le place, a darse un garbeo desde el muelle pesquero de Playa San Juan (de pena) hasta Alcalá –por debajo, por los riscos– y luego, si a bien lo tiene, hablamos un fisco.
Leí que había habido una reunión de productores de leche en no me acuerdo qué lugar. Y me quedé patinando. Porque da la impresión de que los conceptos han cambiado con los tiempos. A mis años creía que eran productoras de leche las hembras de los mamíferos. Pon tú los ejemplos que prefieras. Pero llamar de tal manera a los que se dedican a comercializar el producto, no sé, no acabo de verlo del todo. Las connotaciones peyorativas afloran y las comparaciones resultan odiosas.
Ignoro si Bale vale lo que dicen que vale. Pero este mercado de fichajes se ha convertido en un escándalo de muy difícil digestión. Que produce casi tanta bulla como los fichajes estrellas de las chicas de Zapatero en la ONU y otros organismos varios. Cuyo valor es directamente proporcional a los vetos y acuerdos con los que juegan los poderosos. Y que han convertido este mundo en un caos permanente. Donde priman los intereses económicos y donde la vida de un sirio, mero ejemplo, tiene menos valor que un billete de dos euros. Un día de estos, cualquier iluminado se va a equivocar al pulsar el botón y nos mandará a tomar viento fresco más rápido que queriendo.
Atisbo enorme peligro en el anuncio de la bajada de impuestos, para cuando se acerquen las elecciones, que el hombre del castillo nos lanzó hace dos días en su Galicia natal. Ya sabemos, y hemos sufrido, cómo se han ido cumpliendo a rajatabla las promesas anteriores. Y dado que nadie, ni siquiera Bárcenas, lo va a distraer en su empeño de satisfacer los dictados de Merkel y entidades bancarias, tiemblen como lo hago yo desde que me enteré de la ocurrencia.
Los canarios sabemos mucho de brotes verdes. Y de salidas de túneles. Y de incrementos notables del turismo. Y de los rezos a las patronas insulares para que sigan los conflictos bélicos en los países que pueden ser competidores directos. Ya hemos batido récords de visitantes. Y proclamamos bien alto que los rusos acudan en masa a tostarse en las doradas arenas de nuestras playas. Pobres calas norteñas.
Mientras los supuestos hechos positivos son proclamados desde el blog presidencial hasta el último boletín informativo de la tele canaria (ese portento que no visionan los socialistas canarios), el paro persiste en su cruda realidad numérica. Y nos machaca. Inexorable e inflexible, con los chirridos de que algo falla. Si tú vas a La Gomera, por ejemplo, observa cómo aún se vislumbran las demarcaciones de los terrenos agrícolas que en pretéritas épocas de hambruna, crisis y miseria constituyeron el sustento del pueblo canario. Y alguien no sospechoso como Wladimiro Rodríguez Brito, nos señala que se han perdido en estos últimos años la nada despreciable cantidad de tres mil agricultores en las islas. Hecho que se constata con un paseo por cualquier paraje rústico y echar una visual a las hectáreas de campos abandonados que constituyen un excelente ‘abono’ y potenciales peligros de incendios.
Demasiados aspectos que no casan en esta prolongada crisis. Demasiadas picarescas en torno a esa lacra del paro. Demasiados políticos entretenidos en acciones del bien quedar, pero de nula eficacia. Demasiados vividores que se desenvuelven como pez en el agua en medio de turbias componendas. Demasiada mediocridad, escasa preparación y manifiesta falta de interés en quienes deben llevar las riendas de una economía que agranda diferencias y establece distancias insalvables entre unos extremos que cada vez lo son más.
Hace unos días me contaron que ante el ofrecimiento de un puesto de trabajo en una instalación hotelera, la respuesta del parado (amén del subsidio que como tal percibe, hay que sumarle los cáncamos de rigor) fue la de ‘me lo pensaré’. Y me consta que la labor que se le iba a encomendar no era la de pinche de nada. Se me dirá que es el clásico grano de arena en la montaña de la ignominia. Me temo que no.
Otra que se sumó a los recortes es cierta costurera palmera que insinúa meter tijeras a los trajes típicos de aquella isla. Bonita manera de preservar las tradiciones. Debió tomar ejemplo en las romerías. Para que las sufridas magas no tengan que remangarse tantas prendas, se acorta todo lo que vaya de la cintura hacia abajo y muerto el perro, acabose la rabia. No me jeringuen.
El más listo, y con creces, el chucho chalanguero (Sebastián) que hace las delicias de los que acuden a Gran Rey. Tanto que ya tiene imitadores y, a este paso, habrá tantos que pretendan obtener comida gratis que las pobres lisas van a tener que emigrar a otros caladeros. Lo mismo viene a resultar que el pez en cuestión también se quedó en paro y va en busca de la gabela (acepción: provecho o ventaja) sin tener que molestarse lo más mínimo.
Y me apetece concluir dando la bienvenida a este estado jubiloso al entrañable amigo Ángel, un asturiano de pro, que hoy, primer día del nuevo curso escolar, ha acudido al instituto a dar por finalizada su etapa docente (en activo). Es, sin lugar a dudas, una buena manera de principiar. Comenzar es terminar, como aquella publicidad de Maltesers. Ya somos más en Mundo Senior. Nos lo merecemos. Sí, por qué no.