miércoles, 4 de septiembre de 2013

Toca Tokio

Cuando doña Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha en sus ratos libres, nos adelantó, como respuesta a una pregunta sobre Bárcenas, que el dato del paro en agosto iba a ser lo nunca visto desde el año 2000, se me puso una cara de alegría que mi mujer estuvo extrañada toda la tarde ante aquella satisfacción mía que no podía disimular. Tan en el aire me puse que ni siquiera fui a caminar, sino que me dediqué a limpiar los balcones de casa, hechos un asquito por las cuatro gotas (de tierra) caídas en los últimos días de agosto.
Cuando ayer por la mañana tuve conocimiento de esos 31 afortunados (vete tú a saber si son más los que tuvieron que emigrar y olvidaron desaborrarse de la fatídica lista), díjeme que ahí teníamos, por fin, el agarradero perfecto para demandar que la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos de 2020 sea la elegida por ese grupo selecto de miembros del Comité Olímpico Internacional, cuya principal misión, amén de vivir del cuento, es la de estar atentos a ver quién ofrece más. A saber, ejemplo y modelo de que en este mundo todo se compra. Incluyan las voluntades, entendiendo por tales los arrojos (hacia lo que pueda caer).
El ministro De Guindos bailó sobre una pata sola y se fue raudo y veloz a propagar por el éter que los esperanzadores datos demuestran que el paro tocó suelo (salvo en algunos centímetros cuadrados; esto lo aclaro yo porque ya se sabe lo de todo es verdad salvo alguna cosa; ¿o era mentira?). Nada aludió a las 99.000 bajas en la Seguridad Social (ay mi pensión). Con estos mimbres, o números, nos presentamos en Buenos Aires (¿cuánto llevaremos gastado ya en los tres intentos, botellas de cava aparte?) para demostrar que casi todo está hecho y que con un poco de dinero y un mucho de imaginación (amén del voluntariado) estamos en condiciones de organizar unos juegos tan malabares como los que realizamos con la tasa de desempleo.
Leí que la candidatura se corona. Venía el titular a cuento de la llegada de Felipe, el Borbón, la cara más visible, a tierras argentinas. Hállase allí un séquito tan numeroso que a cada votante le corresponde una docena de acosadores que, a decir verdad y a perdonar la expresividad, no sé qué coño le podrán estar ofreciendo, como no sea un ERE, sobresueldo en B o un despido conciliado y mejor pagado. O un ordenador sin disco duro ni puerto USB que tanto se lleva en estos días.
Te invito a que leas con sosiego este párrafo extraído de la crónica periodística: “El Príncipe sigue cultivando las amistades que en su día hizo el Rey de España, sobre todo con la monarquía de los emiratos árabes. Los emires de Qatar, Tamiz bin Hamad Al-Thani, y Kuwait, Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah, acercarán el «glamour» real a Buenos Aires. El primero es miembro del COI y todos le describen como muy influyente en el manejo de voluntades para conseguir los votos del mundo musulmán y ambos, cercanos al Rey Juan Carlos, mantendrán breves reuniones con el heredero de la corona española”.
¿Está claro, no? Una mafia auténtica. ¿O puedo pensar otra cosa? Debe ser una nueva versión del denominado espíritu olímpico. Luego, cuando llegue Rajoy, con el camino expedito, presentará como aval los 31 parados menos, que se sumarán a la comitiva, al tiempo que desde Canarias reclamaremos graciosamente una subsede en Caleta del Sebo porque nuestro descenso fue mucho más significativo. No añadiremos los 4294 afortunados porque Rivero sigue investigando en su entorno más cercano, y en el de Paquita Luengo, qué foráneos (incluidos madrileños) se le colaron. Pobrecitos, ¡cómo los tranque!
Tras Londres 2012 y Río 2016, apuesto por Tokio 2020. Y que me crucifiquen los patriotas (aquellos bien situados que no tienen que apechugar con el coste añadido en la deuda a pagar). Un país minado por la corrupción, en el que la credibilidad política hace aguas por todos lados, y en el que los millones de parados no se merecen más cachetadas, no puede embarcarse en esta aventura. Las supuestas panaceas (añadan Eurovegas) no arreglarán el desaguisado, sino que nos hipotecarán, aún más, para ese futuro cada vez más negro.
Esa artillería pesada, ese séptimo de caballería ibérico, que despilfarra recursos en el país sudamericano, es otra muestra de las alegrías con que gastamos capitales ajenos, que pertenecen a un pueblo enfermo y tan necesitado de otro tipo de inyecciones.
Ya que gusta tanto aludir a los estudios, de todos los efectuados ninguno concluye que en las ciudades anfitrionas de juegos se hayan reportado beneficios económicos. Y no me digan que no solo podemos medir con ese rasero. Pues sí, ahora sí, no queda otra. Porque en todos ha habido un generoso incremento respecto al presupuesto inicial. Y ello ha ido en detrimento de otros servicios sociales. Si tan fácil fuera lo de gastar poco, no estaría la capital de España en la situación de quiebra actual. Estado al que se ha llegado de la mano de personajes bastante populares.
La venta de humo tiene el inconveniente de que terminas por verlo todo turbio. No vaya a ser como el equipo de gobierno de mi pueblo (muy popular también) que se arroga como mérito el que la obra en los terrenos aledaños al Estadio Los Príncipes (campo de fútbol), destinada a canchas de paddle, haya supuesto coste cero para las arcas municipales. Bueno fuera. Mira si le vamos a ceder durante cuarenta años unos terrenos municipales a un particular y arriba le regalamos las pelotas. Manda eso.
Dejemos que los japoneses olviden Fukushima y centrémonos nosotros en procurar que el 1 de enero de 2021 nuestro sistema productivo siga vivo. Renqueante, pero latiendo. Y gracias señora ministra por asegurarme que mi pensión no se va a congelar jamás. No sabe usted qué aliviado me siento. Lo mismo reservo billete para darme un salto americano en 2016. Para cerciorarme de que la imagen con la que ilustro este post ha quedado desterrada para siempre y que las manifestaciones habidas en Brasil han sido producto de la ignorancia de sus habitantes. Qué alegría. Benditos Juegos.