viernes, 20 de septiembre de 2013

Probabilidades

Vamos a comenzar la lección 16. ¿Por qué 16 y no 14? Porque hoy toca explicar las probabilidades. ¿Y eso qué es? Me copio:
La probabilidad mide la mayor o menor posibilidad de que se dé un determinado resultado (suceso) cuando se realiza un experimento aleatorio.
La probabilidad toma valores entre 0 y 1 (o expresados en tanto por ciento, entre 0% y 100%):
El valor cero corresponde al suceso imposible: lanzamos un dado al aire y la probabilidad de que salga el número 7 es cero (al menos, si es un dado certificado por la OMD, "Organización Mundial de Dados").
El valor uno corresponde al suceso seguro: lanzamos un dado al aire y la probabilidad de que salga cualquier número del 1 al 6 es igual a uno (100%).
El resto de sucesos tendrá probabilidades entre cero y uno, que será tanto mayor cuanto más probable sea que dicho suceso tenga lugar.
¿Cómo se mide la probabilidad?
Uno de los métodos más utilizados es aplicando la Regla de Laplace: define la probabilidad de un suceso como el cociente entre casos favorables y casos posibles. P(A)=Casos favorables/casos posibles.
¿Tú juegas a cualquier modalidad de lotería? Comienza, entonces, a hacer cálculos. Y si nos sumergimos en el campo de las combinaciones, variaciones y permutaciones, tendríamos que llamar a Montoro para que nos deleite con una de sus amenas y entretenidas charlas.
Leí que los restos (al menos el 25%) de la nave espacial GOCE (Gravity field and steady-state Ocean Circulation Explorer), según nos señala la ESA (Agencia Espacial Europea), van a caer en un lugar impredecible de la Tierra antes de que finalice este año. Pero señalan los científicos que no debemos preocuparnos demasiado. Y tienen a bien argumentarlo para que nos quedemos tranquilos. Como la dos terceras partes del planeta son mares y océanos –agua, en suma–, y en el tercio restante abundan las zonas poco pobladas, la posibilidad de que te caiga un cacho del artefacto sobre la testuz es muy bajo. Y en el caso, insisto, poco probable, de que te toque la lotería, te produciría un goce descomunal. ¿Te imaginas que entre tantos millones de personas estés paseando tranquilamente por el Paseo de San Telmo –el actual, sin baranda– y venga el susodicho a incrustarse entre la frondosa mata de pelo? Sería como una de seis con reintegro incluido.
Me moriré, me incinerarán, esparcirán mis cenizas y me quedaré con las ganas de entender ciertas incongruencias que todavía quedan en este mundo de locos. Hemos adelantado tanto –para unas cosas–, que no resulta muy creíble que se produzcan atascos en el campo científico equiparables a los que provoca el colegio de las monjas en La Montañeta. Mientras aquí nuestro alcalde –no sé si tiene críos en edad escolar– se lía la manta a la cabeza y monta unos semáforos de la noche a la mañana, por ahí arriba aún no hemos sido capaces de poner en orden el caos circulatorio. Ni de ubicar una chatarra como la de Icod donde arrimar todos esos hierros retorcidos que ya no están aptos para pasar la ITV.
Nos gastamos 600 millones en reflotar el Costa Concordia para luego llevarlo al desguace. Se requieren mil millones para destruir el arsenal de armas químicas en Siria (qué listos son los dirigentes políticos responsables de suministrar estos juguetes). Nos vamos a ahorrar (qué cinismo) otro buen fajo procedente del robo a mano armada del gobierno (im)popular al bolsillo de los pensionistas (tercera de las tres rayas que no iba a traspasar el gallego y su cohorte). Y como estoy convencido de que tú puedes seguir poniendo ejemplos, ¿no te parece raro que no se haya buscado una solución para cuando estos artefactos dejen de ser operativos en los espacios siderales?
Es que no interesa. Y más de uno reza –a su manera– para que produzca una catástrofe bien gorda. Qué alegría se llevaría la ministra española del desempleo si un par de tornillos oxidados, incandescentes y venidos a toda pastilla, cayeran en la cola donde se fotografió Rajoy. Por supuesto, piénsalo, el bruto soy yo. Aplícame el cálculo de probabilidades y estarás rondando el 100% de acierto. Por idéntico método, te puedo asegurar que esos meteoritos jamás caerán en el Palacio de San Jerónimo, en una reunión del COI o sobre el helicóptero de Paulino. Que sí, hombre, que sí, reitero, el tosco, grosero, brusco, rústico y cateto soy yo.
Existe una altísima posibilidad de que hasta el lunes descanse, que bien merecido lo tengo. Y va una última consideración. Tiempo atrás era raro que en periodismo perro comiera carne de perro, pero ahora, puede ser por la crisis, se está formando una jauría por este Norte que acabará siendo más peligrosa que los rebaños de cabras. Se diferencian de estas en que solo dan mala leche, no apta para el consumo.