miércoles, 9 de octubre de 2013

Coherencia

Los realejeros que hemos tenido la suerte de alcanzar bastantes décadas, recordamos con afecto a un personaje entrañable de nuestro pueblo: don Domingo, el de La Hoya. De cuya boca siempre, en casi toda conversación, salía la palabra ecuanimidad. Y acuden nítidos esos momentos de cualquier esporádico encuentro en Realejo Alto, cuando tengo la desgracia de escuchar o leer declaraciones de quienes hoy nos representan en las instituciones. Y en esa evocación de un pasado en el que era mucho más difícil ejercer cualquier actividad –don Domingo también fue parte activa de la historia de la Villa de Viera–, me retumban en los oídos los sacrosantos (a pesar de mi notorio ateísmo) conceptos de imparcialidad, justicia, equidad, razón, legitimidad, rectitud, integridad, honradez…
No solo me valgo de las redes sociales para el entretenimiento y el chismorreo. Que también. A veces, puede que en menos ocasiones de las serían menester, hallamos auténticas joyas que nos invitan a la reflexión. Una de ellas, ayer mismo, un vídeo (un sugerente ‘Ustedes’) de Moncho Borrajo, nuestro realejero showman y dramaturgo (según nos señala la Wikipedia), en el que dedica unos minutos a mirarle a los ojos a los políticos (fundamentalmente, los de alto starling, palabreja que puntualiza a la perfección la altísima cualificación del concejal que la utilizó para definir cierta posible inversión extranjera en el municipio), y decirle que estamos hartos, empachados de sus sandeces, saciados de sus incompetencias y avergonzados de tanto energúmeno. Cargo para el que no se precisa examen alguno, ni siquiera de cultura general.
Ayer me correspondió la visita anual a mi urólogo para la revisión oportuna. Después de la operación a que fui sometido en abril de 2012 (adenomectomía retropúbica, tipo Millin, en Hospiten Rambla), las analíticas señalan que el antígeno prostático específico (PSA) ha vuelto a los cauces de la normalidad, gracias al buen hacer del excelente profesional en la urología, el doctor Pablo Sánchez Clavero. ¿Que por qué lo mento? Ya concluidas, y publicadas en Facebook, las décimas prostáticas, iniciaré las denominadas hospitalarias. Ahí te lo cuento. Mientras sigue riendo la expresión “mear y no echar gota” y cuando te toque, me avisas. Inteligente con arrancadas de diputado.
No solo piensen que vale el párrafo anterior del consabido inciso. Las visitas al galeno también son la excusa para hablar de otras facetas no tan relacionadas con la medicina. Y no puede quedar la política al margen. Pero por razones que no vienen al caso, no hubo ayer minutaje suficiente.
Cuando llegué al pueblo, medio mareado –creo que estoy algo resfriado, que pase de largo la gripe–, y en medio de la vorágine de los martes –vienen los nietos–, intenté leer la prensa digital. Y en uno de esos periódicos pude comprobar el terrible dilema que está sufriendo Manolo, mi alcalde. Sabedor de que juega muchas cartas ganadoras para encabezar la lista al Parlamento de Canarias y erigirse en futurible para la presidencia gubernamental, se halla el hombre en una encrucijada insoslayable. Porque existirán implacables escrutadores –yo soy uno– que van a mirar con lupa las declaraciones de aquí y de allá, desde su condición de alcalde y desde la otra, la presidencia tinerfeña del PP. Y casar ambos discursos se antoja una papeleta asaz complicada. Y es que una de sus realidades debe conocerla y la otra le llega por referencias de sus correligionarios. Sesgadas, como las de cualquier formación política que se precie.
Entiendo no sea necesario recordarle aquella magnífica novela del escocés Robert Louis Stevenson titulada Dr. Jekill y Mr. Hyde, en la que se pone de manifiesto el desdoble de personalidad o trastorno de identidad disociativo, problemas psicológicos graves y de muy complicado tratamiento.
Sabe usted mejor que nadie que el paro en Los Realejos alcanza cotas alarmantes. Las promesas de su campaña electoral no han sido, en este particular caso, un dechado de virtudes. Seis mil y tantos habitantes son demasiados, equiparables al total del padrón de otros municipios cercanos. Y señalo lo de la proximidad porque parece poco creíble que usted crea tener recetas, por ejemplo, para la Isla Baja, mientras por estos lares el enfermo no mejora.
Insiste usted en el comunicado que he leído, con machacona pesadez, que falta información a los vecinos de aquellas poblaciones acerca de los proyectos que inversores privados están dispuestos a realizar. Y, palabras textuales, “No podemos esperar que languidezca aún más la comarca de la isla baja por falta de incentivos”.
Si tan fácil es, y tan claro lo tiene, ¿por qué no aplica estos remedios a todo el Valle de La Orotava donde cada municipio va a su bola y se tapan las vergüenzas culpando los unos a los otros? Incluso de echarse la mierda.
Vuelve al asunto del aeródromo de Buenavista, del que ya he comentado algo en anteriores ocasiones, y lo ve como el maná que resolverá la problemática y nos conducirá por la senda del progreso y el bienestar. Habla también de demagogia y pedagogía en una clara y manifiesta intromisión en los asuntos que deberán regir aquellos que, como usted, fueron legitimados en las urnas para llevar las riendas de sus respectivos consistorios. Bien que lo ha cacareado su partido a nivel nacional a cuenta de la mayoría absoluta en el Congreso de los diputados. Osa, además, referirse a falta de información a los vecinos. Vaya con lo que dice. Tenga sumo cuidado no sea que le recuerden las comparecencias diarias de Rajoy. ¿Será posible?
“El aeroclub del norte estaría ubicado en una pista de 500 o 600 metros cuadrados entre espacios verdes y pequeñas instalaciones dedicadas a diferentes disciplinas aeronáuticas”. Lo entrecomillo e indico, como en otro post de este mismo blog, que no acabo de entender cómo en tan poco espacio, a no ser que aparezca petróleo para la satisfacción personal del señor Soria,  existe la posibilidad de obtener tan enormes rentas.  Me encantaría que me explicara, despacito porque soy muy torpe, lo de la pista con 600 metros cuadrados (¿30x20 o 60x10?). ¿Por qué no le ofrece los terrenos situados al sur del estadio olímpico de La Longuera? ¿No hubo inversores, también alemanes, que pretendieron ubicar allí un centro para viejitos de alto poder adquisitivo? Lo mismo aterrizan Jumbos.
De verdad, Manolo, y sin acritud, el día en que la tasa de paro descienda en Los Realejos a unos niveles normales (siempre será bastante), se hallará usted en condiciones de lanzar propuestas a otros colegas. Que, a buen seguro, pretenderán para sus gentes el mismo grado de confort que usted para las suyas. Ya sé que es de cajón, pero se olvidan con pasmosa facilidad.
De nada, y a mandar, que para eso estamos (jubilados). Hasta que tu jefe quiera. Puede que me declare aún lúcido y me obligue al retorno. Supuesto improbable porque tú me sacarás antes para asesorar más que sea al gabinete de prensa. Así se ha acabado con otros díscolos. Entraron y se volvieron dóciles y mansitos.