lunes, 7 de octubre de 2013

Conciliación

Después de un fin de semana bastante entretenido, iniciamos la andadura por la segunda de este mes de octubre con renovados bríos. Los que parecen faltarle, a tenor del último sondeo de El País, a los dos principales partidos políticos españoles. Uno, con bastantes años a las espaldas, sigue demasiado confuso y no comprende cómo con la que está cayendo sigamos con este pasotismo. Parece que se nos importa muy poco el que existan algo más que sospechas en la gestión de los escasos recursos. Y que la mayoría de los encuestados crea que el Partido Socialista haría lo mismo, o peor, es muestra inequívoca de cómo está la situación.
Con ser esta desafección un tema preocupante, comprobar que más de la mitad de los miembros del comité regional de los socialistas canarios no hacen acto de presencia en el momento de votar la gestión de la ejecutiva, a pesar del refuerzo y apoyo que Rubalcaba vino a mostrar a José Miguel Pérez, es de juzgado de guardia. Lo mismo se marcharon a echarse un cortado porque les pudo el estrés. Y si recordamos que la mayor parte de ellos son cargos públicos, échale guindas al pavo. Esta táctica del avestruz del PSOE solo tiene la explicación de que todos los que forman parte del chiringuito temen ver sus sillas en peligro y rezan lo de Virgencita que me quede como estoy. Y los escasos afiliados, pagando cuotas al tiempo que meten la mano en el agua por lo de la esperanza. En fin, voy con cosas más serias.
En unas cuantas ocasiones he escrito que si dispusiera del suficiente dinero montaría un colegio-guardería. Recogería los alumnos desde las seis de la mañana (acogida tempranísima) y en el centro harían todas las comidas del día. A las once de la noche, debidamente bañados y con el pijama puesto, serían devueltos a sus padres para que durante el trayecto de vuelta al hogar tuvieran tiempo de contarse sus cuitas y hacer posible la tan ansiada conciliación de la vida laboral y familiar.
Y he sacado a colación este particular porque leí que algunos centros infantiles van a permanecer abiertos hasta la hora que he señalado en el párrafo anterior: las once, o las doce en la península (salvo que cambien la hora). Como la Consejería de Educación canaria está en manos del máximo dirigente socialista (no se enfaden los otros socialistas, los que están más a la izquierda y luchan con denuedo diariamente para que el espectro siga disgregado para general regocijo de los populares), coincido con aquellos que esgrimen que las actuaciones de gestión de los unos y de los otros son idénticas, calcos, copiaderas. De ahí que, y va el inciso, cuando me informan de que el Plan de Seguridad de mi pueblo, razón de ser de uno de los mejores sueldos de los contornos, estará listo antes de finalizar este año, aconsejo que lo comparen con otros ya aprobados por esa geografía patria, porque me apuesto otros cincuenta céntimos a que aflorarán dudosas concomitancias.
¿Cómo se puede entender lo de la conciliación de la vida familiar separándose del crío con las primeras luces del alba (oscuro total en invierno), después del ‘asesinato’ de levantarlo de la cama y llevarlo semidormido, y retirarlo cuando las tinieblas de la noche ya hicieron acto de presencia y el infante vuelve a estar en los brazos de Morfeo sin que padre o madre haya atinado a abrir la puerta de su casa? Con estas medidas que se vienen adoptando, ¿no será aún más grave el desarraigo?
Nos quejábamos años atrás de que los padres se habían distanciado de los centros docentes, que habían hecho dejadez de sus funciones y habían convertido a los maestros en hermanitas de la caridad. Observo, unos cursos después de haber abandonado la docencia directa, que a peor la mejoría. Puede este proceso finiquitar en la paradoja de que los críos, al finalizar el periodo lectivo y comenzar el vacacional, pregunten a la ’seño’ quién es aquel, o aquella, con quien se debe ir durante una temporada.
Y es en este punto donde echo en falta políticas de partidos de izquierda. Que se lancen de forma decidida y presta a arbitrar soluciones más prácticas y rentables. Con las que se vuelvan a posibilitar cuestiones tan simples como que padre o madre pase con su hijo una cantidad de horas adecuada al papel que la familia debe jugar en el proceso educativo. En vez de recluir al infante, libérese una parte de la jornada laboral a cualquiera de los cónyuges para que el crío crezca en armonía con quien debe hacerlo. Lo otro es un remiendo que separa en vez de unir, que causa el efecto contrario del loable objetivo definido. Apréndase a evaluar y que el contribuyente sepa si los resultados son los previstos o todo se queda en meras campañas de imagen. Porque me temo que aún existen salideros en las alcancías de las administraciones. Y ocurre lo que en los jardines: sembramos pero luego abandonamos las plantas a la suerte de las lluvias esporádicas. O como se le preguntaba a un concejal portuense sobre el número de trabajadores en determinado servicio y contestó que entre 80 y 90. Si esa es la concreción que asunto tal requiere, que se dedique a defender a voceros lenguaraces.
Mañana volvemos. Hasta entonces.

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