martes, 22 de octubre de 2013

Incapacidad permanente

Mucha tinta corrió ayer con el dictamen de Estrasburgo. Y demasiada ignorancia supina surgió en comentarios alegres y dicharacheros. Un servidor prefiere ser prudente. Al tiempo que se dedica a pensar si no será que tenemos demasiados parlamentos para legislar y escasos elementos que sean capaces de pensar, de razonar y de poner los bueyes delante de la carreta. Porque, que yo sepa, ni las leyes pueden tener carácter retroactivo ni es posible actuar desde la venganza en asunto tan delicado. Claro que puedo, y debo, ponerme en el pellejo de las víctimas, pero habrá que cambiar normas y reglas si pretendemos que las aplicaciones sean otras. Que todos estos alegatos no tendrían lugar si en España estuviera implantada la cadena perpetua y la pena de muerte –y muchos militantes populares, incluidos jóvenes a los que la vida les ha sonreído sobremanera, están por la labor–, adelante pues, y acometan los cambios pertinentes en el ordenamiento jurídico. De no ser así, el saltar a las redes sociales a escribir sandeces no solventa el problema. No se puede cambiar la aplicación de las normas a conveniencia. Si el sentido común y los deseos de la sociedad van por un lado y los fallos judiciales por otro, convendremos que algo chirría.
No se halla capacitado este conductor de “Pepillo y Juanillo” para asuntos de tal calado, por lo que deja a la consideración de comentaristas y tertulianos de mayor porte disquisiciones de tanta enjundia. Y me limito a cuestiones más simples, que puedan ayudarnos a recapacitar, a utilizar la lógica, la cordura, la sensatez. Para ello, un somero repaso por lo que acontece en la santacrucera calle de Teobaldo Power, 7, sede del Parlamento de Canarias, lugar que da cobijo a 60 políticos, de los que la inmensa mayoría dice tener dedicación exclusiva. Y yo por tal entiendo que les pagamos por dedicarse a las funciones que se recogen en el Estatuto de Autonomía. Pero como los ves a cada instante entretenidos en asuntillos de las organizaciones políticas a las que pertenecen, tú te quedas dubitativo.
Esos sujetos (individuos) inviolables, y no sujetos (de sujetar) a mandato imperativo, disponen de un sueldo (céntimo arriba, céntimo abajo) medio de unos 60.000 euros. Cuestión esta, la económica, en la que siempre están de acuerdo todos los grupos. Si alguno discrepa (no muy alto por si algún periodista se halla al acecho), lo hace, en todo caso, para protestar por lo barato que salen y lo justifican con la equiparación de emolumentos con dignidad. Es decir, si cobraran menos serían indignos. Pues no habemos pocos en esta nacionalidad ultraperiférica.
A los casi cuatro mil euros (brutos) debemos añadirle las dietas e indemnizaciones, porque sus señorías (sus = suyas, de ellos mismos) deben trasladarse desde sus respectivas islas y comer. Tienen que mantenerse (buen porte y nobles modales), aunque sea en un lugar modesto como el Hotel Mencey (es que he visto a Román en varias ocasiones cuando voy a Hospiten). Pero estos estipendios no son, como podrías estar maquinando, para pagar el medio de transporte. Qué va, eso es gratis, y si el avión (el barco tarda mucho) ya está lleno, se deja a un pasajero en tierra y a reclamar a la plaza. También hay bono mensual para el taxi. Y me parece estupendo; no van a echarse la mano al bolsillo, o al monedero, cada vez que hacen uso de este servicio público. Que como su propio nombre indica sirve para que tú y yo lo abonemos religiosamente.
Pero no pienses que es todo, aún hay más. En este tinglado, como toda obra pública que se precie, hay muchos cargos y pocos currantes: portavoces (adjuntos y titulares), presidentes de grupo, secretarios, vicepresidentes… ¡Ah!, el presidente es solo uno, que bueno está Antonio para delegaciones (dinerarias). Este esfuerzo adicional conlleva un incremento significativo en el sueldo base, con lo que ya rondamos los cinco mil (Castro va por los seis mil; discursos aparte, que para tal menester está PanGar –que es lo mismo que mangar, pero más fino–, que redacta párrafos por encargo [especializado]; y ya puestos, más vale que se los lea asimismo).
Y te señalo que estas dietas o indemnizaciones no están sujetas a tributación alguna, por lo que entran a las cuentas (no tan) corrientes de los susodichos y susodichas limpias de polvo y paja, en un ejercicio claro y diáfano de transparencia y austeridad.
Para que los partidos o formaciones políticas no les apliquen cuotas de militancia ni zarandajas de tres al cuarto, cada grupo dispone de una asignación mensual (unos tres millones de pesetas más o menos), amén de otro pico por cada diputado obtenido. Son apenas unos dos millones de euros al año. Que bien pensado es una menudencia si se compara con lo que cobra cualquier pensionista (yo mismo, si te valgo de ejemplo). No existe obligación alguna de justificar este dinero ni órgano que los fiscalice. Para casa nada pesa.
Tú sabes (¿no qué va?) que trabajar, lo que se dice trabajar, lo que tú entiendes por trabajar, ellos no están por la labor. Y como mucho, siendo muy elástico y condescendiente, están en las dependencias consabidas de martes a jueves. Los lunes, normalmente, disponen de muchas horas para sus reuniones de partido. Mira los telediarios, como yo, y te desengañarás. Los viernes ya retornan al hogar bien temprano. Y en los tres días intermedios semanales aprovechan para las visitas a cualquier lugar fuera del Parlamento. Porque siempre en el mismo sitio, estarás conmigo, se aburren. Y cuando van a Fuerteventura, por ejemplo, aparte del viaje gratis, los desplazamientos hasta Jandía (coño, y quién no va a la playa estando allá), también comen de gorra, porque siempre habrá un ayuntamiento, un amigote, el propio hotel donde se reúnen y eso, que le pongan un plato de garbanzas, un vaso de vino y un puñado de chochos. Con lo que la dieta (sí, otra diferente a las anteriores), íntegra pa´l bolsillo. ¿Entiendes, zorullo, por qué Antonio Castro Cordobez no tiene una cana? Con 80.000 euros anuales, de los que dos quintas partes no se sujetan a reducción alguna, yo también. ¿O no?
¿Quién dijo privilegios? A mí no me lo habrás escuchado. ¿Te parece mucho? Ni mucho menos, porque falta un iPhone 4 con tarifa plana, una Blackberry y un portátil, que posteriormente se quedan para su disfrute personal, un Ipad, un seguro sanitario privado cuyas coberturas no se desvelan, un seguro de vida pagado con recursos del Parlamento y otro de incapacidad permanente.
¿Qué, cogiste ya lo del título? Si hasta el seguro lo atestigua: sesenta inútiles con incapacidad permanente reconocida y siguen chupando del bote. Gracias excelentísimo señor don Manuel Fernández González, vicepresidente segundo de la Mesa, por sus aclaraciones y que ayer dieron pie a que muchos se asomaran a esta ventana (incluso a la escondida hasta en cierto edificio señorial santacrucero): somos gilipollas. Pero me leen, chúpate esa. Pero como soy rebenque, aparte de lo manifestado antes, me conformo con poco, cuando bien podría ser otra señoría más. Qué pasa, feo soy, pero asimismo honrado. ¿Cómo? Con esa condición no. Vale entonces.
Mañana más. Y sin obligación ni prebenda.