viernes, 11 de octubre de 2013

Trío

Ayer tarde, después de permanecer dos días medio enclaustrado por un ligero resfriado, me fui a dar la caminata de rigor. Y en el transcurso de la misma surgieron los tres temas de los que aquí plasmo mi parecer.
Salí de la zona de El Castillo (TF-320) en dirección a San Nicolás. Pero no lo hice por la antigua autovía, sino que tomé por el Camino de La Gallera (yo creía que se llamaba de Cho Romualdo) que nos conduce hasta El Jardín. Pues bien, entiendo necesaria –y va el primer aviso a las autoridades ‘competentes’– una limpieza de las plantas que están invadiendo la calzada en el tramo que se halla bordeando las instalaciones que el Cabildo posee en el lugar y destinadas al mantenimiento y conservación de las vías públicas (qué incongruencia), justo antes del paso por debajo de la autopista (TF-5). Bastantes son los metros que la vegetación se ha adentrado en la parte destinada al tránsito de los vehículos, amén del abandono secular de los sembrados que un día ya lejano adornaron el entorno. Y no solo ahí. Basta un paseo hasta el puente de La Higuerita, por esa vía de servicio que es utilizada por la guardia civil de tráfico para colocar el radar –y bien que me parece–, y comprobar que la suciedad es un hecho destacado y notorio. Por ambos márgenes. Es la eterna canción de plantar y dejar a la ventura de la naturaleza.
Ya te he contado que voy escuchando a Francino y su ventana. Que a las seis y veinte (hora canaria, hasta que Soria se aclare con lo del meridiano de Grinich) pasa a ser propiedad de Juan García Luján a través de otro ventanillo ultraperiférico. Y también me informo de lo que acontece en las ínsulas, menos cuando hace el cara a cara entre políticos. Ahí debo desconectar porque no quiero unir al cansancio físico este otro neuronal. El mío, por supuesto, que deben tenerla desgastada –sí, la única– los salvapatrias.
Y de la escucha radiofónica, dos pinceladas. El secretario de la Federación Canaria de Ocio y Restauración (FECAO), un portento llamado Antonio Vélez, al que me niego a llamar ‘canarito’, como José, el de Telde, creo que de Melenara. Este elemento es un bocazas al que debe prohibírsele el tránsito por todo espacio público, no sea que muerda a alguien. Sobre todo si se encontrara en las cercanías de personas humanas del género femenino. Porque es un misógino convicto y confeso. Escupir que las mujeres no tienen iniciativa empresarial (quién coño habrá dirigido la que fue su casa de soltero. Ah, no sé si está casado. Espero que no por razones obvias.) es tanto como pegarle a una madre. Este tipo es un peligro y hay que recluirlo en un espacio bien reducido y con una sola muda de ropa. A qué estará esperando la organización a darle dos patadas en el culo y ponerlo en cualquier playa nudista a pasear sus colgantes. Que deberá tenerlos bien turgentes, a tenor de la otra guinda anterior en la que nos señalaba a los que ya tenemos cierta edad que no practicáramos nudismo porque somos unos estropajos. Sabes lo que te digo, lumbrera: vétete por ahí, lancha rápida. Qué sería de nosotros, émulo de Hugo Sánchez, si no tuviésemos mujeres a nuestro lado.
También estuve atento a la entrevista al Gran Wyoming (ese, el cocainómano, según otro impresentable, Miguel Ángel Rodríguez), el conductor del espacio televisivo El intermedio. Y con palabras mucho más elegantes que las que he plasmado en anteriores comentarios, vinieron a ratificar que no andaba yo muy descarriado cuando pretendo interpretar algo tan complicado como son los telediarios de Willy. O de Daswani. Esos asombrosos programas en los que la información –su razón de ser– brilla por su ausencia y se fomenta, según la teoría de Noam Chomsky, la mediocridad y la idiotez. Donde nos tupen con hechos sin importancia, dándole un falso barniz de trascendencia, para así soslayar los temas de calado que pudieran provocar escozores en la dirigencia. Cuando no presentarnos como un problema aconteceres de escaso recorrido, para darnos la impresión de que el poder establecido –su patrón– pondrá cuantos elementos sean necesarios para solucionar lo que ya estaba derecho antes de que le dieran la apariencia de cambado. Y acabé con idéntica reflexión a la que ya he esgrimido en reiteradas ocasiones: ¿Es que no tenemos periodistas que eleven su voz, que protesten y sean capaces de defender no ya la dignidad de su profesión, que también, sino la suya propia? Qué tristeza contemplar cómo se aborregan los que eligieron el sugerente camino de hacernos llegar información veraz. Si Chomsky me solicitara una tele sectaria y partidista para un estudio concienzudo, le propondría la autonómica canaria. Y de paso, como efecto colateral, que realizara unas pruebas psicológicas a los socios de gobierno (socialistas).
Y hasta aquí el trío. ¿O pensabas que se trataba de lo otro? Bueno, mis estimados, feliz fin de semana. Y no vean la tele. Porque se pueden indigestar con los maratones que se están dando Rodolfo León (PSOE, ¿o ya no?) y Teresa Barroso (PP) a cuenta de la moción de censura en Tacoronte. Parecen la caja del turrón. Y Milagros, en Santa Úrsula, reclamando un monumento.