miércoles, 27 de noviembre de 2013

Encallados

No fue en el corazón del océano, a saber mar adentro (o muy adentro, si estás algo más lejos). No surgió una isla misteriosa tras disiparse la niebla contra la que se dieron sonado estampido. Qué va, fue allí mismito, casi en la orilla, nada más salir de la rada de La Villa, antes de alcanzar la altura de la playa de La Guancha, donde le dicen El Bufadero. Y no iba guiada la nave por ningún cabrito (ahí menos llegaron), sino que se trataba de un experto y consumado navegante el que patroneaba, o capitaneaba, el catamarán. Tan versado en las travesías de larga distancia (ganador de numerosas regatas colombinas, esas que nos llegan desde la onubense Punta Umbría), debió creer el marinero Iñaki Domínguez que para tan corto recorrido no le hacía falta la brújula y en lugar de enfilar hacia el sur (Playa Santiago), agarró la dirección de la carretera a la Degollada de Peraza (algo así como SO) y ni al Cristo de El Machal le dio tiempo de mandarle un silbido de aviso.
Alegan las crónicas que el mejor escribiente tiene un borrón. Pero en mala hora fue a chocar la embarcación. Porque en estos días La Gomera se encuentra en el cénit  o punto de mira informativo con el rodaje de la película que dirige Ron Howard. Hito que atrae la atención en las lindes de San Sebastián con Alajeró y que congrega la atención mundial en la isla colombina. Amén de la alegría inmensa de los propietarios de los comercios de la zona, quienes han visto incrementadas sus ventas merced a la avalancha de gentes que la productora del film ha traído.
Lo llamativo del caso es que ese ‘trayecto’ ya era harto conocido, pues el director se había dado sus buenos garbeos en busca de rincones, parajes o platós naturales en los que ubicar, para que nade a sus anchas, a la Moby-Dick de Herman Melville. En consecuencia, deduzco que el ‘chófer’ de la lancha se pudo haber mandado un par de rones (a la salud del que corre con todos los gastos) antes de poner el motor en marcha o se dedicó a mirar para donde no debía. A lo peor la culpa fue de Elsa Pataky, quien pudo ponerse melosa con Chris Hemsworth en el momento menos adecuado, que como todos sabemos, o hemos escuchado, es el del despegue. O quizás habrá que lamentarse por no haber en la actualidad línea que cubra la mentada como ruta interior y tener que recurrir a estos alquileres de ocasión.
Nadie me ha informado de los daños sufridos por el Macano Quinto (los pasajeros, todos bien), ni si la aseguradora cubrirá los posibles desperfectos o si acabará en el complejo de El Revolcadero, que le queda ahí, a tiro de piedra. Pero el afer es –no podía ser de otra manera– de película. No parece el momento más idóneo para el percance, cuando todos dirigimos nuestras miradas a La Gomera. Parece que me estaban acechando, se lamentará el desafortunado marino. Es como cuando te metes un estampido contra una farola en el preciso instante en el que varios curiosos observan tus andares. O quizás no debemos darle más vueltas y fue algo más simple. Por ejemplo: se agachó a recoger la muñeca de la niña que se había caído al suelo y soltó el timón por dos segundos. A todos nos ha pasado algo similar en el coche, ¿no?
Anécdotas al margen, me alegro de que la isla –también le está ocurriendo a la oriental Fuerteventura– se revitalice. Desde el Tecina hasta el último bar de la avenida, o mejor, hasta la punta del muelle, se nota movimiento. Mucho. Y eso es bueno. Que no están los tiempos para desaprovechar oportunidades. Y esta se la han brindado en bandeja. El accidente ha sido un elemento ‘positivo’ añadido. Como no han surgido daños colaterales, bienvenido sea. Un poco de ‘chapa y pintura’ y a navegar de nuevo. Eso sí, con algo más de precaución.
Hasta mañana.