viernes, 15 de noviembre de 2013

Los Huaracheros

Con Fernando Estévez suelo compartir mesa y mantel, si las ocupaciones y la próstata nos lo permiten, una vez al año. Que desde esta última oportunidad, en Casa Yeye de las Mercedes, hemos fijado en el primer sábado del mes de junio, por órdenes directas del organizador mayor del tinglado, el común amigo, icodense y realejero, Juan José Martín (Chene, para la grey), y bajo la atenta –y a veces severa– mirada del comandante en jefe, y victoriero de pura cepa, Manuel Afonso Carricondo (MAC para los amigos). Formamos un bien avenido grupo de estudiantes de Magisterio. Sí, con mayúscula. De los de la vieja Escuela Normal lagunera en Heraclio Sánchez, esquina Dr. Zamenhof. Y con Fernando disputamos en noble lid no solo puestos elevados en aquella promoción de maestros, sino también en los exámenes para ingresar en las milicias universitarias.
Pero hoy no nos concita el recuerdo estudiantil, sino un acontecer que no sé si tiene precedente en el campo musical, en la faceta artística y cultural. Porque el colectivo del que ahora es parte activa Fernando, puede enarbolar bien alto una bandera denominada canariedad, de la que algunos se atreven a alardear desde la más supina ignorancia y al socaire de vientos (políticos) supuestamente favorables.
En atento e-mail (cómo nos modernizamos) me comunican que Los Huaracheros cumplen 70 años en esto de la Canción Canaria, y tal efeméride la celebrarán con la presentación de un nuevo CD (¡que apenitas nos costó!, me enfatizan) en el Auditorio de Tenerife el 23 de este mes de noviembre (sábado), a las 9 de la noche. Un disco que lleva por título “Canciones de oro” y en el que colaboran artistas como Braulio, Luis Morera, Mary Sánchez, Benito Cabrera, Los Sabandeños, Chago Melián, Javier Castro ...
Uno, afortunadamente de naturaleza inquieta, ha osado inmiscuirse en unos dieciocho mil berenjenales a los largo de su existencia. Que se traduce en varios años menos de los que pueden presumir Los Huaracheros. Lo que es handicap a título individual, se torna en mérito cuando de un colectivo se trata. Y algunos trabajillos han surgido de tan modesta pluma. Que le han conducido a campos bien dispares de lo que su profesión marcaba. Y la pertenencia esporádica en dos grupos folclóricos coadyuvó a inmersiones en facetas novedosas.
De tal suerte, en ese husmear, hallé un viejo libro (Folclore y canción, de Diego García Talavera, 1978), del que copié: Canción canaria (a diferencia del folclore canario, que es la música popular que nadie ha inventado y que el pueblo ha ido arrastrando a través de su historia) es un tema con texto y música inspirada en el folclore (nace con el auge de los medios de comunicación y la industria discográfica).
Podemos diferir en el contenido que encierra este último paréntesis, quizás discrepemos del propio concepto de este tipo de manifestación musical, puede que, por lo de para gustos colores, establezcamos diferencias de apreciación, pero no sería justo negar que Los Huaracheros se han erigido en leyenda viva de la canción popular canaria. Más que grupo, es sentimiento convertido en tradición que atesora música e historia en dilatado repertorio. Son, y permítaseme el símil gastronómico, el ingrediente fundamental del guiso.
Setenta años merecen consideración y respeto. Aspectos que, y lo sé de buena tinta, han sido obviados por quienes no han sido capaces de comprender, de captar el hálito que dio lugar al inicio de tan emblemática formación en los primeros años de la posguerra, fruto de un afortunado embarazo en plena contienda (in)civil qué germinó en un “Siete Rosas”, cuyas notas inocularon Canarias allende los mares.
Varias han sido las ocasiones, y a través de diferentes cauces, en las que he elevado protesta de cómo los repartos, en forma de subvenciones, parecen dirigirse, de manera machacona e inexorable, a idénticos destinatarios. Como si colectivos privilegiados –no discuto valías– estuvieran siempre atentos al lugar de la subasta para la recolección de las viandas de rigor. Se arrogan los unos (repartidores) y los otros (beneficiarios) la representatividad de lo nuestro. Y en las componendas del amiguismo más descarado, tras las giras generosamente gratificadas, alcanzamos paradojas que se traducen en repartos de dividendos. Atrás, muy atrás, quedan aquellos duros años en que el grupo que hoy da título a nuestro post, como pudieron serlo asimismo la ya mentada Mary Sánchez o María Mérida, fueron embajadores de nuestra tierra. Y allá por donde dieron a conocer su trabajo, con enormes dosis de ilusión pero sin un duro en el bolsillo, fue Canarias leitmotiv. Ahora también, no lo discuto ni lo debato, pero qué diferencia: las penas con pan, son menos.
En fin, largo y tendido podría platicarse –y escribirse– de cómo, aun en épocas de crisis, sigue habiendo hijos y entenados. Mas no era ese el meollo de la cuestión, de nuestra cuestión. Corresponde felicitar efusivamente  a Los Huaracheros y desearles todos los éxitos y parabienes en esta próxima presentación musical. Canciones de oro que bien pueden serlo de diamante. Y sin las alharacas de los que vuelven por Navidad. Desde este humilde blog (a los periodistas del Norte nos quieren los medios de comunicación tradicionales para colaborar desinteresadamente y ya lo publicarán cuando haya un hueco), el deseo inmenso de que les vaya bonito este próximo 23 en el Auditorio. Puede que no sea Pepillo y Juanillo el vehículo que ustedes, amigo Fernando, se merecen, pero puedes tener la más absoluta certeza de que haré llegar estas líneas a los contactos, con el ruego de que lo hagan llegar a los suyos. Así, este enemigo acérrimo de las cadenas, contribuirá por un día, con la excepción de rigor, a que tenga lugar una bien grande. Se lo merecen. Solo los “locos” que se queman las pestañas en preparaciones y ensayos, con sinsabores y fatigas, con incomprensiones y amargas penas, son capaces de captar cómo es posible –ha sido posible– permanecer setenta años en el candelero.
Mis más efusivas felicitaciones. Mi más cordial enhorabuena. Y a seguir en la brecha. A por otros tantos. No puedo asegurarte, Fernando, que me halle presente en la ceremonia de ese 140º aniversario. No obstante, lo intentaré, por mí que no quede. Y gracias por enviarme el correo y concederme la oportunidad de redactar estas líneas. Ha sido un honor y un placer.