jueves, 21 de noviembre de 2013

Renovación

(IV) De hace trece años, de cuando transitaba Radio Realejos. Creo que no cambiaría demasiado. En fin, juzguen ustedes:
El anquilosamiento de las máquinas administrativas locales está alcanzando limites alarmantes. Los ayuntamientos se están convirtiendo en fábricas donde gandules y aprovechados campan por sus respetos. Donde gentes sin mayor preparación que saber trepar y figurar se acomodan para vivir del erario público. A los que se les dota de un teléfono móvil, que no suele estar operativo en la mayoría de las ocasiones, pero cuya factura abonamos los ciudadanos; que disponen de un vehículo oficial para sus frecuentes desplazamientos y cuya gasolina se surte del bolsillo de los contribuyentes y que, como contrapartida, casi siempre están ocupados o reunidos, sin que de dicha ocupación o reunión salgan demasiados resultados positivos para la población. O al menos eso percatamos los de a pie, es decir, los paganinis.
Corporaciones que disfrutan de muchos concejales liberados que interfieren sus cometidos, que solapan sus quehaceres y cuya rentabilidad deja mucho que desear. Se diversifica la acción municipal en tantos chiringuitos que al final es muy difícil demandar responsabilidades, porque cada cual se escuda en el “eso corresponde a fulanito de tal”. Como si a todos no se les hubiese colocado ahí para dar el callo. Sí, se ha profesionalizado la política hasta tal punto que se considera normal esperar meses para poder intercambiar dos palabras con el concejal-delegado de tal o cual servicio. Y no digamos nada si la pretensión es hablar con el jefe, con el alcalde. El argumento de que está de viaje se ha convertido en el recurso ideal que sustituye a todas las reuniones posibles. Además, viviendo en una Comunidad Autónoma con muchísimas competencias transferidas, se entiende bien poco las reiteradas ausencias hacia lugares bien distantes. No me extraña, pues, que en todo un mes no se haya tenido unos míseros minutos para recibir al director de un colegio que sólo pretende señalarle los mil y un defectos que tiene el centro antes de que la cosa explote. Pero no, parece más conveniente que padres y vecinos se subleven, y con toda la razón del mundo, para luego acudir en plan bombero a apagar el fuego.
Se impone, urge una profunda renovación. De ideas, de planteamientos, de objetivos. Y también de personas. Sencillamente porque nos hemos cansado de verlos apoltronados, encerrados en urnas de cristal y de espaldas a un pueblo que demanda servicios de calidad. Otras gentes que partan con ilusión y ganas en aras de un progreso consecuente, armónico. Donde el desarrollo urbanístico no esté reñido con la estética, donde la vivienda tenga el complemento adecuado para que nuestra infancia y juventud pueda realizarse convenientemente. Han atravesado los ayuntamientos épocas de satisfactoria bonanza económica. Pero los dineros no se han repartido convenientemente. Da la impresión de que el capítulo de las asignaciones por ocupar determinado cargo, por delegaciones y representaciones, por dietas y gastos de protocolo y un etcétera bastante amplio, ha sido lo verdaderamente importante. Y a la primera sesión plenaria del ayuntamiento realejero me remito. A la hora de repartir prebendas, todos de acuerdo. Además, como contamos con elegantes despachos para todos los grupos, mejor que mejor. Cuando los padres de Toscal-Longuera vengan al centro público a protestar por las estrecheces, deberemos enviarlos al elegante edificio de la Avenida de Canarias para que pongan a su disposición algún espacio libre. El que ocupa la policía, por ejemplo,  que no es de su agrado. Nosotros nos conformamos con menos. En la próxima ocasión les pienso hablar de las aludidas faltas o penurias.
Hasta la próxima semana. estrechez