viernes, 1 de noviembre de 2013

¿Tiene futuro el PSOE?

Hoy es festivo, lo sé. Pero me parecía un fin de semana demasiado largo como para que mis incondicionales me pudieran echar en falta. Tate quieto. Y he decidido, pues, alongarme de manera extraordinaria a esta ventana.
¿Por qué extraordinaria? Porque pasmosa es la situación del Partido Socialista Obrero Español, hecho que no es, desgraciadamente, para aquellos que tiempo atrás formamos parte de sus filas y fuimos partícipes de cambios importantes en el progreso de pueblos y ciudades, una novedad surgida hace dos días cuando el PSC (Partido Socialista Catalán) escenificó otro vodevil (Del fr. Vaudeville: Comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades) en el Congreso de los Diputados.
Bastantes han sido los artículos de opinión que he plasmado en este blog acerca de esta carrera de obstáculos –más que travesía del desierto– en la que se halla inmerso el que otrora fuera partido de gobierno o principal partido de la oposición. Tras utilizar expresiones como quo vadis o refundición y no refundación, me pregunto si esta nave llegará a superar esta enorme borrasca y podrá encontrar refugio en no se sabe qué lugar protegido de la virulencia de los elementos.
No vayas a pensar que hacía referencia a los fenómenos atmosféricos cuando escribí antes el vocablo elementos. Ni mucho menos. Al PSOE no le hace falta buscar enemigos que lo destruyan, los tiene –siempre ha sido así– dentro, a buen recaudo. Y me atrevo a manifestar que no son los catalanes la almorrana más molesta. Porque a lo mejor debo coincidir con Alfonso Guerra, que no es santo de mi devoción precisamente, en que podría salir más ‘rentable’ hacer un Partido Socialista nuevo en Cataluña y dejar a estos nacionalistas de nuevo cuño (PSC) que se abracen con quien les dé la realísima. Es más, muchos de ellos se bajarían en la primera estación (ya que de penitencias tratamos) para continuar en el proyecto que un día se le ocurriera a Pablo Iglesias.
Tampoco lo es el balanceo habido en Euskadi y Navarra con la indefinición en la postura a adoptar contra ETA. Porque esgrimir argumentos peregrinos que parecen ir más encaminados al descrédito de los proponentes (PP) que a la condena explícita del terrorismo asesino y de los secuaces que lo apoyan, ni se entiende ni se justifica.
¿Y qué pinta Rubalcaba en semejante maremágnum? Nada en absoluto. Ni pilota, ni dirige. Y ese es el principal grano en el culo del Partido. Dijo Iñaki Gabilondo no ha mucho, en uno de sus tantos comentarios, que el secretario general del PSOE había perdido. Lo de menos es respecto a qué. Es que lo lleva haciendo desde que fue nombrado como máximo responsable de la organización. Su patetismo es tal que hasta su notable dialéctica y oratoria ha quedado eclipsada. Da pena, lástima y sentimiento. Si la cara es el reflejo del estado de ánimo de una persona, este hombre está muerto, difunto, cadavérico. Hasta el día me vino de perillas.
¿Cómo es posible que los vaivenes alcancen el grado de que dos de sus dirigentes regionales, Susana Díaz y Javier Fernández, deban ponerle una pistola en el pecho –es metáfora– para que deje de bailar la sardana? Me recuerda a los clásicos juegos infantiles y las disputas entre los chavales para decidirse por uno u otro. No es que tropiecen con la misma piedra, es que se han encariñado con ella hasta el punto regalarle la dentadura al completo.
¿Tiene futuro el PSOE? ¿Saldrá de esta situación caótica? De igual manera que en anteriores ocasiones. Aunque la presente sea dura de verdad. Porque no ha habido otro caso en el que con el tremendo desgaste sufrido por el partido en el gobierno, el opositor vaya reculando con más fuerza que aquel. Parece una carrera en marcha atrás al más puro estilo de las películas de la saga fast and furious. Pero con una salvedad, no hay buenos, todos son malvados.
Echemos la vista atrás y recordemos que surgieron unos jóvenes Felipe González y Zapatero. Hasta que la cagaron, claro. Repasen a los Almunia, Borrell, y ahora Rubalcaba. Las historias son machaconas y repetitivas. Pero no aprenden. La terquedad y la torpeza los ciega. Y repiten clichés al más puro estilo blanco y negro, mientras se agarran como pulpos a cargos bien retribuidos. Porque el sistema permite el acomodo de los perdedores y los pesebres siempre están bien surtidos. Repasen parlamentos, que tenemos bastantes, y tendrán muestras a porrillo.
Creo que me estoy cansando de dar consejos gratuitos. Y estoy a punto de empezar a exigir compensaciones económicas por estas líneas que no leen los que debieran. Peor aún, ni siquiera trasladan aquellos, muy pocos, que vislumbro mínimamente preocupados. Los contados comprometidos siguen dando el callo en agrupaciones y municipios. Para que los bergantes de arriba se carcajeen a mandíbula batiente. Saben que si la paciencia del pueblo es infinita ante recortes, sablazos y podas a los bolsillos, mas lo deberán demostrar los militantes de base. Benefactores, sacrificados, generosos, desprendidos y… gilipollas.
Y como a partir de la próxima semana, promesa solemne, no pienso volver a escribir una línea más acerca del naufragio socialista, va el último –repito, último– recordatorio a todos los afiliados que sufren en silencio y aceptan calladamente las directrices que desde Ferraz inundan las sedes provinciales, insulares y locales: o pegan el moquete sobre la mesa ya, o esto se va al carajo (echarse a perder, tener mal fin). Y ciñéndome a este territorio nuestro, como Canarias y Tenerife no van mucho mejor que Madrid, así está la ubicada en La Cascabela. ¿Me entendieron? Amén. Los dos únicos concejales que había en Telde ya se mandaron a mudar. ¿Lo captaron? Amén otra vez. Que no voto de amén, sacristán de amén.
Descansen que ya estamos en noviembre. Menos mal que me queda el consuelo de los viajes del Imserso. De no ser así, este trabajo se me haría muy duro. Para más inri, la foto tocó por la derecha. He finiquitado.