jueves, 5 de diciembre de 2013

Quejas epistolares

Surge otra moda: quejarse a través de carta. La han iniciado los políticos que no satisfechos con los elevados índices de fracaso escolar, han echado mano de papel y lápiz, como en aquellos tiempos de cuartel y miseria pedigüeña, y se han lanzado a la aventura del lamento ante el superior de turno para solventar, o disimular, carencias inherentes a su propio ser. Hay que volver a los tiempos del dictado diario, a retomar lecciones de caligrafía y ortografía y, en definitiva, soslayar ayudas informáticas y revolucionarias tendencias de redes sociales para conseguir la meta de algo que creíamos oculto en el baúl de los recuerdos: el escribir con fundamento.
No vean cuán alegre me siento. Vivo sin vivir en mí y floto cual brizna de suave algodón que se mece con el alisio al arrullo de las olas en la Playa de Los Roques. Y todo se lo debo al que podemos considerar como pionero en sacar a la luz los encabezados, cuerpos y despedidas. Para que luego caigamos en la tentación del recurso fácil, el de calificarlos como descerebrados. Gracias infinitas, Paulino, por erigirte –y van…– en pionero. Fuiste el primero en percatarse de que la crisis tocaba a nuestras puertas –eso he escrito: a las nuestras– y ahora emprendes peculiar cruzada ante los contundentes informes (de PISA o no, el callo duele igual) que nos señalan como malos estudiantes. Volvamos a la escuela tradicional, a esa que tú tanto pistaste a los largo y ancho de la geografía sauzalera. A la del tesón, el trabajo, el sacrificio, el esfuerzo. Ese que tú, y con creces, has demostrado en tu quehacer vital, en tu abnegada entrega a solventar los problemas que nos acucian y nos desquician.
Emocionado me hallo desde que ‘pegaste’ (sinónimo de iniciar, comenzar, empezar, emprender…) a cartearte con Mariano y con el mismísimo Juan Carlos. Y te animo a que sigas haciéndolo con esa vehemencia que te caracteriza. Aprovecha que el Borbón anda fastidiado de la cadera, y no se puede mover mucho, y remítele misivas. Muchas, que necesitado anda (sinónimo: está) de buscar la manera de cargarse al Gran Wyoming y a su odioso Intermedio.
Ya causas envidia. Ahí tienes a Bravo de Laguna, que te imita sin recato. Y aprovecha que los populares de aquí (incluye al alcalde de mi pueblo, y si te place a Román Rodríguez), en un ejercicio casi tan cínico como el tuyo en el blog dominguero (perdona, pero tenía que decírtelo), se atreven a insinuarte que recortes altos cargos y nos bajes los impuestos, pégale otro envido siete a Rajoy y adjúntaselo con sello urgente y acuse de recibo. Cómo osan alegar en las ínsulas lo que no practican a nivel del territorio patrio. Ellos, qué atrevimiento, que en Moncloa tiene escribientes a porrillo para que el presidente lea. Que se fijen en ti, que no te hace falta ni una chuleta porque todo lo guardas bien sellado en ese portento de disco duro que tienes por cabeza.
Coincido contigo –sabes que casi siempre ha sido así– en que la culpa no es de las leyes educativas. Da lo mismo que sean siete o setecientas. La base, el fundamento, la plataforma de una educación como dios manda es la actitud. Ahí tenemos a los países del continente asiático adelantándonos por ambos lados. Finlandia retrocede. Porque los fineses, sobre todo los que nos visitan en sus periodos vacacionales, se han dado por vencidos. Y viéndonos tan relajados, pero felices, han mandado el esfuerzo a dormir el sueño de los justos en la Montaña de Tindaya y se han aplicado la máxima de a vivir que son dos días.
¿Cómo se nos ocurre pretender que el alumnado español se concentre (a las dos últimas décadas me remito), valore el trabajo y esas otras máximas del bien quedar, si observa cómo vive cualquier cargo público aún a sabiendas de que su paso por la escuela fue…? No sigas, que te conozco. Déjate de garabatear boberías en Pepillo y Juanillo y si estás disconforme con las acciones que emanan de cualquier poder ejecutivo, escribe una carta de queja. Y si trocas tus impulsos y arrebatos por composturas más dóciles y acomodaticias, lo mismo inicias el recorrido del medrar en la dirección adecuada.
Que sí, jolines y sin ambages, con estos espejos, con estos mimbres, cómo demonios aspiramos a que gran parte de nuestra juventud vislumbre otros caminos, otras salidas. Ustedes, que debieran ser espejos y modelos, son los únicos culpables del fracaso. La mocedad ha optado por seguir esos pasos que a ustedes han reportado pingües beneficios. Y entre la vida fácil y el hincar lo codos… ni que fueran bobos. Luego, con culpar a los maestros del desaguisado y lavarse las manos cual Herodes al uso, a otra cosa y a seguir cobrando.
Ahí tenemos al ministro Wert, ejemplo de todos los ejemplos y modelo de todos los modelos: Yo solo tiro la toalla al salir de la ducha. Ya está, no le des más vueltas. Vete tú ahora y dile al chico que debe recoger y ordenar su habitación. Si quieres más muestras, haz como yo: lee la prensa (toda la que puedas), escucha la radio y echa una visual a los informativos o telediarios. ¿Captas lo de la coherencia que tanto insisto?
Hoy estarán todos lo políticos ocupados en realizar actos que recuerden el Día de la Constitución. Que es mañana, pero ellos se van de puente. Como lo cobran bien, pueden. Y si tú no, ya sabes: sigue sus huellas.
Te propongo, Rivero, para concluir, tres posibles epístolas:
La primera a tu amigo Emilio Botín, ese con el que acabas de formar otro de tus proyectos estrella, para que nos explique con más lujo de detalles su afirmación: “En el Banco Santander somos muy optimistas”. A lo peor de ahí te viene el contagio.
La segunda, de agradecimiento por una ingente y fecunda labor en pro de la divulgación de la música clásica, a Fernando Argenta, porque de esos conciertos sí estamos necesitados y no de los arreglos monocordes con los que nos ‘deleitan’ cada día.
Y la última, a Joaquín Almunia, otrora derrotado socialista y ahora comisario europeo de la competencia. Quien dice haber multado, con récord, a la gran banca por amaños en el euribor a la hora de conceder préstamos. Lo mismo el dinero recaudado nos viene bien para la renovación de la planta hotelera o cualquier otra de tus ocho mil quinientas noventa y seis promesas restantes.
Viene un fin de semana bastante largo. Disfruten y descansen.