lunes, 23 de diciembre de 2013

Un canto de elogio

Ayer, día 22, me levanté cuando ya el sonsonete madrileño de la lotería se propagaba por todos los hogares de este país maravilloso. Como las probabilidades del consabido pellizco eran, mejor, no eran ni siquiera mínimas (compro un décimo que reparto con tres compañeros del gremio; ellos hacen lo mismo), me dediqué a pensar en qué y de qué podía escribir para el post de hoy lunes. Deseché los telemaratones, las circunstancias atípicas, la lotería del Hermano Pedro y los primeros repartos de Repsol en Canarias, a Gallardón y a Soria, la apelación o llamado del PSOE a la conciencia de las diputadas del PP, los días libres a los camellos majoreros, los registros policiales, los titulares de La Gaceta…
Y disponiendo de tantos temas de los que poder plasmar unos párrafos, volví a recordar la negativa a la celebración de un charla en La Montaña. Unas dos mil vueltas le he dado al magín y sigo sin entender la postura del alcalde. Que me da no es compartida por más de un compañero del grupo de gobierno. Algo que pasa igualmente con las medidas progresistas del Ministro de Justicia. Por lo que repasando en las archivos viejos que guarda mi disco duro, me encontré con este artículo que fue publicado en el periódico El Día el 29 de julio de 1993. Sí, veinte años no es nada (que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra)…
“Se inaugura –o se habrá inaugurado, depende cuando el presente artículo vea la luz en estos días– el Centro Social de la Montañeta, barrio realejero enclavado en una encrucijada de caminos. Aquí se dan cita –aquí confluyen– los tres municipios del Valle, a los pies de la Montaña de los Frailes, en el barranco de la Raya.
Desde la atalaya de sus 343 metros se observa una singular panorámica, presidida, claro está, por este barrio que ha ido mejorando su infraestructura de una manera asombrosa en los últimos años.
Se ve cumplido con este acto entrañable un viejo anhelo de sus gentes. Abre sus puertas un Centro que quiere ser el núcleo que aglu­tine las actividades de una colectividad que lucha codo con codo para incrementar su calidad de vida.
Enumerar los logros que este barrio ha ido alcanzan­do a través de estos últimos años podría resultar prolijo. Y no crean que exagero lo más mínimo. Porque han sido años de constante sacrificio, de lucha y tesón por sacar ade­lante una serie de proyectos.
Se han multiplicado las visi­tas y las actividades, se ha trabajado con constancia y se ha perseverado en el esfuerzo. Y el premio a toda labor bien planificada ha llegado. Un colectivo de personas, encabezado por el amigo Manolo, puede sentirse satisfecho.
Pero conociéndolas bien, habría de manifestar que, a buen seguro, considerarán este acontecimiento como un simple paso más, y habrán de seguir en la brega, no dormirse en los laureles pensando que ya todo está hecho.
Fue el domingo 11 de febrero de 1991 cuando, sobre mediodía, se celebró el acto de colocación de la pri­mera piedra de este Centro que ahora se inaugura. Y que un local de estas carac­terísticas se haya culminado en un periodo de tres años, viene a poner de manifiesto la ingente labor de una aso­ciación de vecinos preocu­pada por el porvenir y el pro­greso de un barrio.
El presidente de la asocia­ción de vecinos Beneharo, con un magnífico equi­po a su alrededor, ha sabido cumplir digna y magníficamente con el papel que en su día las gentes de la Montaña le encomendaron. Echaron ganas e ilusión y acometie­ron grandes proyectos. Fue­ron, cual hormigas laborio­sas, recopilando, grano a grano, el capital necesario para afrontarlos. Se suce­dieron las visitas a diferentes organismos oficiales. Y el ayuntamiento, en concreto, supo de la presencia cons­tante de un barrio que demandaba mejoras.
Se inicia ahora una nueva etapa. Llega el tiempo de la planificación para el buen uso de las instalaciones que se inauguran. Sabiendo del espíritu emprendedor de estas personas, no me cabe la menor duda de que estarán pensando que aún queda un largo camino por recorrer, que no vendrá el resto por añadidura, que no basta con abrir las puertas, habrá que sacarle rentabilidad a la inversión. Tristes ejemplos tenemos en el pasado como para rememorarlos en el presente.
Ojalá el resto de colecti­vos vecinales pudiera mirarse en el espejo de Be­neharo y siguiera la senda que han trazado. No podemos esperar sentados a que nos venga todo de arriba, que nos den todo sin apor­tar un mínimo esfuerzo. Porque donde eso ha ocurri­do, el funcionamiento no está siendo el adecuado. Ejemplos de asociaciones que fueron modelo en una época pretérita, están surgiendo con una pasmosa facilidad. Y a ellas ha llega­do el pasotismo, la desgana y la apatía. Y grandes edifi­cios están siendo infravalorados y destinados a mera cantina.
Seguro que en La Monta­ña eso no va a ocurrir. Las directrices seguidas hasta ahora han marcado huella indeleble para un futuro pro­metedor y pleno de optimis­mo.
Las gentes de La Monta­ña están de enhorabuena. Sólo me resta desearles mis más sinceras felicitaciones. Y bien saben los que me conocen que no soy amigo de las adulaciones, pero el caso bien lo merece.
Si hay excepciones en la vida, ésta es una de ellas. Son acreedores, con holgura, a este humilde homenaje y a muchos más. Sigan en el noble empeño de lograr múltiples y buenas cosas para el barrio. Verán como den­tro de bien poco seguiremos en El Jardín”.
Y mañana es Nochebuena y pasado es Navidad.