lunes, 30 de diciembre de 2013

Un mal trago

Como lo prometido es deuda, vamos con este mal trago con el que damos inicio a una semana que vuelve a estar signada de rojo. Me refiero a un nuevo festivo, no se ilusionen demasiado los que ocupan el sector izquierdo del campo de batalla (político).
Un mal trago (y van…) lo deberá pasar en este lunes, con el que ya casi despedimos el año, el todavía alcalde de SJR, quien deberá recoger, en mano, el atestado por el que se le imputa el delito de conducir en no muy buenas condiciones. Dado que sigo siendo un iluso redomado (vivo de sueños), quiero pensar que le deberán acompañar a la capital muchos de aquellos retratados el día del pleno en el que se debatió la moción de censura. Por ejemplo, Sebastián Ledesma, también imputado (y a mucha honra, me estará contestando). No sería bueno que condujera Tomás, sujeto a los nervios de rigor. Yo lo estaría, sin duda.
Un mal trago pasamos todos los que tenemos que pagar impuestos para abonar las nóminas de innumerables cargos públicos, para que ellos luego destinen parte de ese tiempo por el que cobran, y bien, a gestionar asuntos internos de sus respectivos partidos. Ahí nos encontramos con don Manuel Domínguez, presidente insular del PP, que el pasado viernes, en horario mañanero, se trasladó a San José porque quería intercambiar unas palabras con el señor Mesa. Y ese buen rato se lo tuvimos que pagar los realejeros, como si nosotros hubiésemos sido partícipes de los excesos del mandatario ramblero. En mis tiempos –qué rebenques éramos– estábamos hasta las tantas de la madrugada debatiendo esas materias. Debió mi alcalde tomar (esta va sin dobles) buena nota de los andares de su jefe regional, verdadero artista en estas lides de ocio y pesca.
Un mal trago sufriremos en 2014 –el de la salida del túnel– con el módico incremento (un regalo de Reyes) del 2,3% en el recibo de la luz, lejísimos del temido 11% con el que querían deleitarnos. Qué sería de este pueblo si no tuviéramos como garante un gobierno preocupado y al pie del cañón. Que le pondrá coto a todo lo que venga como consecuencia de esa subida: combustibles, transportes, alimentación… Tanto que se ha considerado oportuno congelar el salario mínimo, dar un ligero barniz a las pensiones y consignar en los presupuestos de todas las administraciones unas sustanciosas mensualidades para los vampiros de las arcas públicas. Qué morros.
Un mal trago pasé cuando leí este titular: “La Mancomunidad del nordeste implementa su flota con nuevos vehículos para el servicio de basura”. Aclaro que el subrayado es mío. Y aquí debo solicitar ayuda a mentes más privilegiadas que la de este eterno aprendiz para que me saquen de la duda con respecto a ese verbo implementar. Yo entiendo que está mal utilizado en la frase de marras. Mira a ver, échame una mano. Como diría Lorenzo de Ara: ¿Y tú qué opinas?
Un mal trago pasé también, y perdón por las referencias de carácter personal, cuando me enteré de que todavía hay ayuntamientos que efectúan brindis por estas fechas con los medios de comunicación. Me alegro de ser un simple blogger (que se dice ahora) y no un periodista de los que cubren las informaciones en consistorios, parlamentos y gobiernos. A lo mejor cuando alzaron la copa se acordaron de todo aquello que no se atreven a escribir. Vaya manera de reivindicarse, acción que tanto necesita la profesión.
Un mal trago no pasó, ni mucho menos, el presidente Rajoy este pasado viernes cuando no quiso responder cuestiones sobre el aborto. Un aborto, y de los gordos, hubiera sido el que hubiese hecho declaraciones al respecto. Para eso tiene los obispos, que como todos sabemos son especialistas en estos menesteres. Y en los matrimonios homosexuales, que provocan perturbaciones. Y en la píldora del día después. Y en las malformaciones. Y en las monjas violadas… Cínicos, carcas, retrógrados. Bueno, como muchos populares, los de los divorcios y abortos en la intimidad.
Un mal trago sufro cuando recibo invitaciones de todo y para todo. Desde las que surgen en las redes sociales –como hongos– hasta las que te sugieren acudas a las dieciocho mil manifestaciones que se convocan por las otras tantas coordinadoras nacidas al socaire de las próximas elecciones y a las que se suman con pasmosa facilidad partidos, partidillos, formaciones, agrupaciones, coaliciones, cofradías, gremios, sindicatos, sociedades, congregaciones… Y en total, cuando se reúnen en el lugar convenido, no suman más allá de veinte o treinta individuos, cada cual bien pertrechado con cuatro o cinco pancartas. Yo entiendo que existen otras métodos más eficaces que estas algaradas sin ton ni son. Y si no creemos en el sistema electoral con el que nos hemos dotado, comencemos la batalla por derogarlo. Lo demás vendrá por añadidura. Si el sistema de representación actual no es válido, fuera con él. Luchemos por acometer las reformas que estimemos precisas. Lo otro es mero fuego de artificio a la caza y captura de algún voto despistado. Al que se suma demasiado interesado en obtener unas migajas de la tarta.
Un mal trago constituye el manejo, en beneficio político, de un Plan General de Ordenación. Táctica que, sin reserva, es manejada por los que gobiernan (con grave peligro si las mayorías son absolutas) y por los que sin tener representación en los órganos decisorios manejan a los incautos bajo el tamiz de aparentes mejoras en el entramado social, cuando el verdadero objetivo es la ansiada meta de tocar poder. Y lo de aquellos que han estado en ambos lados, gobierno y oposición, es patético.
Pero, y acabo, el verdadero mal trago lo debe estar pasando el afortunado redactor del comunicado que pretendía aclarar un desaguisado circulatorio. Más en el sentido arterial que en el otro.
Y mañana se acaba lo malo, el mal trago. Brindemos, sin excesos, porque la recuperación toca a nuestras puertas.