sábado, 4 de enero de 2014

14 de diciembre de 2013

Alcanzamos el sábado, penúltimo día y correspondió darse una vuelta por la ciudad, por la capital, por Santa Cruz (o por La Palma, como llegué a escuchar cierta vez muchísimos años atrás). No es época de que los balcones muestren sus flores en todo su esplendor, pero siempre tienen su encanto. No menos que el paseo por las recoletas calles que nos retrotrae a épocas de castillos, cañones y batallas. Y de Enanos. Luego, como casi siempre, las instantáneas de Las Nieves.
De todas las veces que me alongué al mirador de La Concepción, no aproveché un instante de fundamento para plasmar una foto de (medio) fundamento. Siempre te queda el consuelo de virarte para el otro lado, para Las Breñas.
Y concluimos en Mazo, donde una señora mayor me preguntó en el mercadillo que si conocía a un cura palmero que estaba destinado en Los Realejos. Tuve que ‘confesarle’ que ese aspecto no era mi fuerte. De vuelta, y gracias a Juan Carlos, el cura de Taco, me enteré de que se trataba de don Félix, el párroco de La Cruz Santa. Por aquellos lares sí que conocen a Hermas, amiga y compañera de promoción, a la que aún mentan como la alcaldesa. Y yo voy de oculto. Sigo con la manía –moriré con ella– de no querer molestar. Sí había quedado en saludar a Carmen, con quien coincidí en el último viaje del Imserso, pero a la señora (mi mujer) se le escachurró el móvil (donde estaba memorizado su número de teléfono) y… para otra ocasión. A este paso, esa próxima oportunidad estará destinada a las visitas.
Lo dicho, relájate un fisco. ¿Que no te gustan? Pasa página.