viernes, 11 de abril de 2014

Babosos

Hay días en que los renglones salen derechos, se signan siguiendo los cánones previstos. Pero en otros, y hoy me vale de ejemplo, ni el titular. Ahí estuve dale que te pego para intentar desarrollar los varios temas que me rondaban por la sustancia gris.
Tras las andanzas futbolísticas de ayer, y después de leer muchísimos comentarios relacionados con los partidos de la Champions League (creo que se escribe así y vete a saber tú cómo demonios se pronuncia), a puntito estuve de arrancarme con la desidia del Messi (unos sostienen que jugó peor que Cristiano en el banquillo), el crucifijo del Cholo o los espasmos del Tata. Pero lo pensé mejor. De verdad, que uno cavila y especula antes de ejercitar los dedos índices de cada mano. ¿Qué pasa? El que sabe, sabe, y el que no pa´maestro de escuela. Al final, tras varias idas y venidas, no me alejé demasiado.
Sabido es que conocemos por baboso al individuo adulador, pelotillero, servil, lamedor, que merodea en cualquier colectivo a la caza y captura de prebendas, canonjías o lisonjas. Aunque él manifieste desinterés. Ni que fuera bobo. Oye, puse en FB que un segundo después de estirar la pata pasabas a engrosar el capítulo de los famosos o, en su defecto, el de las buenas personas y hace un rato leí que, y lo añado, que te salen defensores a ultranza. Cuán ciertas todas ellas.
Muere un señor excéntrico, caprichoso, acaparador y le llueven las alabanzas. Incluso alguno para curarse en salud ante sus allegados y por si el futuro se mostrara algo turbio. Baboso. Bien le gusta un Mercedes.
En un tris estuve de encabezar el presente con un sugerente sexo sin acrobacias. Porque a dos meses de dar comienzo a otro mundial de fútbol, otros babosos ya dejan huella. Cuando pronto se apagarán los ecos de un Barça horroroso e infame (y un Madrid peor), Brasil asoma en el horizonte próximo. El país de la samba y el espectáculo, pero también de la miseria y el abandono, se apresta para echar la casa por la ventana. Unas semanas en las que los que pasan hambre se hartarán de driblar con la canarinha. Y la honra, el crédito y la estimación harán posible que se apaguen los cosquilleos en el estómago. Que se volverá agradecido, baboso.
Y a dos meses, insisto, nos devanamos los sesos para que los distinguidos (Neymar, flamante soltero, y el resto de compañeros) disfruten de toda clase de comodidades en el lugar de concentración (Granja Comary), tras la reforma integral de apenas unos ocho millones de euros, y que dispondrá de habitaciones individuales para que las canillas de oro puedan citarse con sus respectivas en la más estricta intimidad. Sin cabriolas ni piruetas, no vaya a ser que se desgasten. Compostura (que no con posturas) y sin consumición exagerada de calorías.
Lo malo de contar las verdades y escribir lo que piensas es que te granjeas unas amistades de tal porte y señorío que lo mismo te mueres y constituyes la excepción. Algo que realmente me importa bien poco porque tengo la impresión de que no me voy a enterar. Pero no soporto tanto halago y mayor hipocresía. Tengo ganas de que cada cual sea valorado por sus méritos y no por el soporte de cualquier índole que pueda llevar adherido. Me rebelo contra el acomodo y el acatamiento sin más. Detesto a los que aplauden con las orejas a quienes, aupados en el machito, deciden por los demás. Aborrezco la falta de criterio de los que admiran a ídolos de barro y adalides de la fotogenia. Ardo en deseos de mezclar unos pizcos de utopía con unas toneladas de ilusión.
Y todo lo hasta aquí manifestado adolece (tener o padecer algún defecto) sobremanera en la política y en el periodismo. Que son, para qué negarlo, dos de mis pasiones. La primera, para comentar. La segunda, para comentar asimismo.
Llega el fin de semana. Y la próxima, de recogimiento en el Sur. El que pueda, más lejos. Los babosos, marcando huella, como siempre. Me imagino que el presidente autonómico irá saludar a Cameron. Déjalo.
Sean felices.