miércoles, 21 de mayo de 2014

Últimos cartuchos

Se aproxima el fin de la campaña electoral. Y los responsables de las diferentes candidaturas (partidos, coaliciones, agrupaciones, formaciones…) queman los últimos cartuchos a fin de lograr que el desencanto ciudadano tenga el menor impacto posible. Me temo que va a ser bastante difícil y complicado. Cuando todas las encuestas coinciden en que el porcentaje de abstencionistas va a alcanzar elevadísimos porcentajes, los políticos están tardando en plantearse qué aspectos de su ‘trabajo’ fallan estrepitosamente. Cuando ingentes cantidades de personas, incluso aquellas que alguna vez formamos parte del entramado, cuestionan que el distanciamiento entre electores y elegidos es cada vez mayor, alguno –sobre todo de los que sostienen que no todos son iguales– debería dar la nota (en el aspecto positivo de la expresión). Y cantar las cuarenta en bastos para comenzar con el apaleo que elimine cuanto indeseado se ha dedicado a medrar, importándosele un rábano sin hojas todo aquello que suscribió solemnemente en un programa.
Seguimos sin tener claro qué es Europa, qué puede ofrecernos y si las ventajas de formar parte de la UE superan los inconvenientes que podrían derivarse. En estos últimos días hemos asistido a un nuevo ingrediente del tirarse los trastos a la cabeza confundiendo al ciudadano de tal manera que este ha optado por la postura más fácil. De ahí el resultado de los sondeos. Ha habido un refrito tal que la mayoría de gente anda más despistada que un pulpo en un garaje. Y con tales mimbres es harto complicado. Hemos pasado por momentos en que el embrollo ha hecho viable que incluyamos hasta cuestiones de política local. Como queriendo demostrar al inocente votante que tiene toda la razón del mundo cuando argumenta que Europa queda demasiado lejos.
Es patética la imagen que ofrece el conglomerado que se dice de izquierdas. Nos han brindado el triste espectáculo de ir a la greña de manera continuada. No se han recatado en exigir coherencia sin mirarse el ombligo. Han creído que aquellos que debemos ir al domingo a la cita somos idiotas de nacimiento. Ni siquiera han sido capaces de concedernos el beneficio de la duda y pensar –sí, aunque les cueste y duela– que al menos podemos ser tan imbéciles como ellos (para que no busquen otros espejos). Lo de Izquierda Unida, con todos mis respetos, cada vez lo entiendo menos. Si quieren disputar el espacio que ocupan los socialistas, mala táctica el olvidarse de comportamientos tan dudosos como las prácticas que dicen combatir. Porque al final el argumento tan cacareado del todos son iguales (antes mencionado y referido a la forma de gestionar de los dos partidos que obtienen más votos) se les vira, como las tortillas españolas. Y esa proliferación de grupitos que surgen de no se sabe dónde, solo viene a confirmar la apetencia de un cargo excelentemente remunerado, con billetes en primera (clase business), amén de otras onerosas prebendas. Luego, de cara a la galería, todos glosamos a Pepe Mújica. Pero no lo imitamos más allá de la pura teoría. Qué difícil es, como hace el presidente uruguayo, repartir lo propio. Que coincidencia más plena con Évole:
Con tales antecedentes (pinzas incluidas), el machista Cañete se puede permitir el lujo de esconderse durante unos días en el convencimiento de que los ‘enemigos’ se encargarán de destrozarse entre ellos. Para ello basta que el señor Pons muestre el mensaje twittero de Valenciano, que se limitó a expresar una verdad como un templo: que Ribéry es feo a más no poder. Lo mismo que si yo digo que el señor Arias está gordo. ¿Dónde está el insulto?
¿Cuál es el problema? Que la escasa preparación –y no por ser titulado universitario se adquieren más papeletas– les aboca al enfrentamiento barriobajero con nimiedades que no vienen a cuanto. ¿Cómo van a sostener un discurso de enjundia si solo se limitan a reproducir las cuatro frases que el manual de instrucciones partidario les reparte cada mañana? Sí, son loros, hablan pero no saben de qué. Pero se lo creen. Mientras, a los narcos se les abren las puertas de la cárcel para que sigan haciendo de las suyas. Y ese sí es un gravísimo problema europeo, y mundial.
Hubo la pasada noche un debate televisivo. En el que debió figurar el representante de la Coalición por Europa. Como yo no lo vi, ¿podría alguien señalarme qué sugirió de Canarias, por Canarias y para Canarias? Porque nosotros, aislados y a miles de kilómetros del lugar en el que se adoptan las disposiciones que nos afectan, y mucho, sí dependemos de manera notoria de todo lo que nos venga de fuera. Y como CC se desgañita para que votemos al señor Morales, el parapentista y número cuatro de CEU, ya que su presencia en el parlamento de Estrasburgo tendrá un poder decisorio de no te menees (haz el favor de no reírte), no se le ocurre mejor proceder que solicitar el abaratamiento del billete de avión a los canarios que emigran. Según la tropa de Paulino, 40.000 isleños se han largado por la crisis. Lo que demuestra que en estas tierras estamos haciendo las cosas de maravilla. Aumenta el número de turistas que nos visitan, los extranjeros –aparte de los jóvenes sobradamente preparados– emigran porque no les queda otra y… el paro estancado.
Hay más, pero me lo reservo. Por hoy, basta. Como alguno de ‘izquierdas’ me comente algo, que piense que me estará dando la razón. Mientras escribas del PP te aplauden con las orejas. Como los menciones, saltan como quíqueres. Es como aquel chiste del comunismo: reparte lo que quieras pero lo mío no me lo toques. Hasta mañana, que será jueves.