miércoles, 18 de junio de 2014

El día más triste

Este pasado lunes fue el día más triste en la dilatada trayectoria de Antonio Castro Cordobez. El palmero, por el que no pasan los años (más de cuatro décadas en política y sin una cana), paradigma de la tan ansiada renovación, sujeto que se ha sentado en multitud de poltronas de todos los tamaños y colores, objeto incombustible ante todo tipo de incendios y chamusquinas, adalid de la oratoria y Marqués de La Caldera, se halla apesadumbrado, afligido, abatido, dolorido. Los presidentes de los cabildos, los siete, le han hecho un feo, una desconsideración. A él, al gran Antonio, al que ha entregado su vida para luchar con denuedo, tesón, arrojo y  bizarría por el bienestar de los canarios, al constructor de puentes y viaductos que han unido a pueblos dispersos y desanimados, al…
No hay derecho que le hayan dado plantón. Él se merece mucho más. Porque esta mancha quedará adherida como una bola de piche al uso. Qué van a comentar los enanos en la próxima bajada. No, no vale la disculpa de que habían avisado, pues a un político (y en los presidentes que cabildean los hay de todas las ideologías) se le presupone que no debe cumplir las promesas. No, no y mil veces no. Tamaño desagravio a un “órgano democráticamente elegido y que representa la soberanía popular” no va a encontrar jamás indulgencia. Este desatino merece la repulsa, y así se hizo constar en acta, de los abnegados, sacrificados, benefactores, virtuosos, sostenes y defensores diputados que acuden a Teobaldo Power las mañanas de martes a jueves.
Sí, el lunes Antonio Castro lloró amargamente. Recordó los rifirrafes habidos con López Aguilar en su corta estancia canaria. Que le vinieron a la memoria cuando se enteró de que el europarlamentario se había descartado de la ‘lucha’ por la Secretaría General del Partido Socialista (el ir de sobrado por la vida suele implicar estos “trompezones” y cree JFLA que nos hemos olvidado de antiguas tocatas y fugas).
La Fecai (lo pongo en minúscula a petición del propio Castro) ha cavado su propia tumba. La venganza del palmero será terrible. Por lo pronto, la Comisión de Cabildos (que fue creada ex profeso para escuchar las demandas isleñas) tiene los días contados. Nada ni nadie podrá reponer la tristeza de este aciago día. La desazón causada en el espíritu juvenil del Presidente de la Cámara es un hecho de muy difícil reparación. Ni las palabras de aliento de los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios valieron de consuelo a un alicaído Cordobez.
Seguro que confundieron Parlamento con Gobierno, sentenció el médico sin ejercer Román Rodríguez. Se cabrean con Paulino por enviarnos una ley de armonización, mucho más disyuntiva que copulativa y nos pegan la patada en el culo a nosotros (Mayoral dixit) cuando en realidad las posaderas acreedoras de tal caricia se hallan bien pertrechas en pantalones ajenos. Han desenfocado el destinatario. No nos merecemos este trato vejatorio. Esta sagrada institución, tan querida y apreciada, amén de muy conocida, por el pueblo canario, no puede ser tomada como caja de resonancia del desánimo popular. Un diputado no es el pito del sereno. Ni los timbales del cura de Villalpando.
Algún presidente insular rezongó y manifestó no entender el porqué una reunión que estuvo desconvocada el fin de semana tuvo que celebrarse el lunes por la mañana para escuchar a los que no iban a acudir. Máxime cuando ni siquiera la tele de Willy nos demandó el parecer. Quejicas.
Y en este estado de cosas (que sostienen los periodistas entendidos) nos encontramos. Con un Antonio abatido hasta el punto de que el propio lunes casi se marcha por la tarde para Marcos y Cordero. No lo hizo puesto que no estaba seguro si el consejero Basilio lo podía acompañar y así hablaban un fisco, para distraerse, de la feria de San Antonio, arriba en Garafía.
El pulso está echado. Menos mal que el verano está a la vuelta de la esquina y en la época estival los asuntos, sobre todo los de mayor enjundia, quedan aparcados hasta ocasión más propicia. Y cuando se retorne al asiento –cada uno ‘trabaja’ como puede y sabe–, entre la elección de candidatos, elaboración de programas y tal y cual, mayo a las puertas. Lo que no saben los representantes de los Cabildos es que el señor Castro Cordobez, a petición personal de Paulino… ¿Lo entendiste, no?
Mañana es jueves y la semana va de nuevo tumbando. Lo mismo me sentiré más contento. Estoy contigo, Antonio, eso no se le hace a nadie. Y menos a ti, que has dado casi toda tu vida a cambio de nada. Obrando desinteresadamente. Por ello te retraté con casco. Espero que te resarzan más que sea con la rapadura de oro. O algo así.