lunes, 30 de junio de 2014

Gastos

Intuyo que se aproximan elecciones. Y a pesar de que el político deja de tener vida privada porque le dedica unas treinta horas diarias al cargo, cada vez son más –debe ser por la crisis– los que quieren alongarse al sugerente mundo de la vida pública. Es raro que no te levantes cualquier jornada, laboral o no, en la que te sorprenda, o quizás no, la aparición de una nueva formación, agrupación, asamblea, partido o entero. Son tantos los acrónimos y siglas que se distribuyen por el otrora arco (ahora debe ser ya círculo), que los mismo debemos inventarnos un nuevo abecedario que contenga, como mínimo, tres o cuatro veces más de letras con las que poder llevar a cabo las matriculaciones.
Es suficiente que se atisben discrepancias en cualquiera de los ya organizados para que haya cola en las oficinas del registro. Ahí tenemos a los díscolos santaursuleros, los que dejaron sola a Milagros, que se han erigido, pancarta incluida, en los salvadores de todas las desgracias del pueblo que linda por el oeste con el Valle de La Orotava (bueno, se mete un fisco en la comarca natural).
En San Juan de la Rambla (linde por el este), unos cinco mil habitantes, los electores lo van a tener crudo. Serán tantas las candidaturas que los contenedores de papel no tendrán capacidad material para soportar tanto material extra. Y si al ciudadano se le ocurriera ir a su colegio electoral para coger allí la papeleta sin haber realizado con carácter previo un cursillo de uso y manejo de material sensible, lo mismo se lo tienen que llevar las asistencias al centro médico más cercano.
Cuando todos abogan por el ahorro, uno entiende cada vez menos el ingente gasto que originan estos procesos. Sabido es que la confección de las papeletas (votos) corresponde siempre a las entidades públicas, en función del tipo de elección. Pero, además, cada partido o formación elabora las suyas para repartir a sus amistades y personas piadosas. Los más poderosos te las envían por correo. Por lo que en cada casa se podría empapelar una o dos habitaciones sin mayor problema. No quiero pensar el caos que se armaría si a Rajoy se le ocurriera, como ya se comenta, hacer coincidir las generales con los comicios municipales. Porque a nosotros, los canarios, nos tocaría llevar una bolsa de Mercadona ese último domingo de mayo de 2015, ya que nos correspondería portar cuatro sobres, con sus correspondientes contenidos: generales, autonómicas, cabildos y ayuntamientos.
Puedes tener la completa seguridad de que cada candidato esgrimirá por bandera lo importante que es el control del gasto público, las fuertes inversiones en sanidad, educación y servicios sociales. Y más, mucho más. De lo que se olvidarán en la primera sesión extraordinaria a celebrar tras la toma de posesión. Instante en el que se asignarán sueldos, dietas, comisiones, representaciones y otras mamandurrias varias. Unos de los escasos puntos que se ubicarán durante los periodos de mandato en el respectivo orden del día que no tendrá mayor discusión y que será aprobado por una unanimidad tal que raya el escándalo.
En torno a este particular surgen comentarios que demuestran la importancia de estas exposiciones, ferias y romerías. Porque, en definitiva, todo lo concerniente al asunto monetario y que afecta a los bolsillos, parece carecer de ideologías y se suben al carro, o carreta, más de lo que quizás pueda soportar el artilugio.
Relacionado con dineros, sueldos y otras prebendas va lo siguiente. A cierta persona se le ocurrió colgar en Facebook los sueldos de Cayo Lara, Gaspar Llamazares y Alberto Garzón, diputados y cabezas bien visibles de Izquierda Unida. Y surge lo inevitable. Pues algunos, que deben tener un resorte en el culo y saltan a las primeras de cambio (para defenderse de los ‘ataques’ a los suyos y para lanzarse a la yugular cuando de contrincantes se trata), en el vano intento de justificar no se sabe bien qué, no se les ocurre mayor gracia que tildar al informante, al mensajero, de ignorante y demagogo. Y basa su argumentación en señalar que parte de ese sueldo (he leído en algún sitio que se sostiene que hasta la mitad del mismo) se entrega a la organización.
¿Ignorante quién? Hombre, disimula algo e intenta demostrarle que las cantidades reseñadas son erróneas. Que cobran la mitad. O un tercio. O menos. Pero con tu respuesta ratificas –máxime cuando aún esperamos tus otros datos, que deben ser los verdaderos, por supuesto– que de las arcas públicas (dinero mío también) salen esos euros (varias decenas de miles). Y lo que cada cual haga con ellos bien poco nos importa a los que con nuestros impuestos vamos rellenado la hucha. Digo más. Dado que tan generosos son los militantes (en el resto deberá ocurrir tres cuartos de lo mismo), ya va siendo hora que se acabe con las aportaciones estatales (también a los sindicatos). Porque al final están recibiendo dinero público por varias vías. Ojalá mi pensión me permitiera ejercer la posibilidad que sí llevan a cabo sus señorías. Seguro que destinaría el exceso a causas más justas y a organizaciones que se dedican a matar el hambre de muchos de los ‘defendidos’ por nuestros diputados y senadores. Demagogo, que soy un demagogo. Esperaré pacientemente la confluencia de las izquierdas, porque de la de los astros… Bueno, se consideran estrellas. Yo los englobaría en el apartado de satélites.
Un manido recurso de los grupos minoritarios (los que sostienen que el progreso y el bienestar pasan por sus formas de proceder) para seguir poniendo la mano es que ellos son tan pocos que nada pueden hacer. Que es el mismo utilizado por los mayoritarios para no cambiar nada porque esto es apenas un grano de arena de los presupuestos generales. Y como nadie da el primer paso, los privilegiados seguirán siéndolo, mientras que el resto somos meros espectadores que nada importamos y menos pintamos. Como siempre, manga por hombro.
Por si alguno le queda la tentación de apuntar con el dedo acusador sobre el que estas líneas suscribe, no tengo el mayor inconveniente en explicar cómo se estilaba el particular en el ayuntamiento realejero en la década de los ochenta. Al menos hasta el 30 de junio de 1987, fecha en la que accedió a la alcaldía el ‘socialista’ José Vicente González y se inició el ‘cambio’.
Hasta mañana, que ya es julio. Pero por aquí seguiremos, al menos mientras ustedes quieran y sigan fisgoneando.