miércoles, 30 de julio de 2014

Ensoñaciones paulinas

Nadie mejor que Paulino Rivero para hablar de reformas constitucionales. Porque el haber sido protagonista, testigo directo, de los avatares políticos desde 1978 (quizás antes), le lleva a sentenciar que es menester una segunda transición. De la que él, igualmente, será partícipe desde el cargo que el destino le tenga asignado para ese futuro inmediato. Bueno, sin exageraciones, porque mientras el cuerpo aguante, leña al mono que es de goma. Pactemos.
El país ya no es lo que era. Hay que adaptarse a las nuevas situaciones. Si el legislador me pusiera de modelo, estas disquisiciones sobre innovaciones, transformaciones y evoluciones (con dos…) no tendrían cabida en el discurso de la grey apoltronada. Es más, yo sería el candidato ideal (y quítense los Sánchez, los Iglesias, los Garzones –en todas sus versiones– y otros de mayor o menor porte) para liderar la ardua tarea de reflotar esta nave a la deriva.
Y valga Canarias (sin pasodobles ni arrorrós) de paradigma. Hemos sabido salir de la crisis antes que ninguna otra comunidad. Ya nos habíamos adelantado y hecha la pertinente previsión cuando el resto despilfarraba a mansalva. Lideramos la recuperación, nuestros hoteles están a reventar, la contratación de camareros y camareras alcanza límites de escándalo, los servicios de restauración han colapsado el mercado de productos autóctonos, las plataneras no dan abasto para cubrir las demandas, las papas deben ser recogidas un mes antes para saciar a tanto visitante…
Corren los millones, cual si de una banca suiza o andorrana se tratara, y la economía doméstica ha dado un vuelco radical, un giro de 180º (y si me apuran, el doble). Aquellos parados de larga duración que veíanse desesperados y abocados a la conmiseración ciudadana, entonan alegres los aires de nuestra querida y mejor estimada tierra para demostrar su general regocijo. Y de todo ello me siento culpable. Por lo que cada domingo, después de los kilómetros mañaneros, resto unos minutos de mi muy merecido descanso para alongarme al blog presidencial y lanzar la homilía que supla aquellas excelentes encíclicas wladimirianas.
Claro que el Senado es una cámara inútil. Si lo sabré yo. Su funcionamiento es completamente inadecuado y el gasto que acarrea no compensa. No, cuidado, no abogo por la supresión. Aquí no sobra nadie (discurso recurrente de todas y todos). Cambiemos su enfoque, permutemos sus competencias para que sea verdaderamente un órgano de representación territorial. Porque en política la veteranía es un grado. Y no conviene jubilar, como si de un vulgar oficio se argumentara, a tanto conocimiento acumulado, a tanto valor atesorado. Imagínate que Clavijo se empeñe en seguir pa´lante y me gane. ¿Me van a arrimar cuando soy un saco bien repleto de luces y discernimiento, andariego, transeúnte y ambulante? No, y mil veces no, me tomaré un bien justo y adecuado retiro en Madrid –qué mejor sitio– para mis penúltimas clases magistrales…
Tan en el papel de Rivero hallábame que casi me caigo del susto cuando sonó el teléfono. Era un amigo que demandaba mi parecer acerca del pacto que se ha firmado entre la Nueva Canarias de Román Rodríguez (médico él, de La Aldea, pero que no ejerce en ambos casos) con los escindidos del PP, los que se pelearon con Milagros en Santa Úrsula, y que ahora compraron otro chiringuito pero no saben explotarlo en solitario. Solo se me ocurrió espetarle: El susodicho ejercita lo que mucho ha practicado otro tahúr de la cosa pública, el tal Nacho González, más conocido por el hijo del papá que fue obsequiado en un cumple cualquiera con un juguete especial llamado CCN: nadar en la mierda y nutrirse de los desperdicios.

Y ahora otra remesa de mi adorada Gomera. Primera parte de una caminata que me llevó a un lugar encantador de Alajeró: Imada. En anteriores ocasiones de Tajaqué, ahora de Pajarito.

DE SILBOS, OTRA VEZ (V)