miércoles, 24 de septiembre de 2014

Equinoccio de otoño

Ayer me levanté raro. Se me fue quitando a medida que me informaba con la lectura de la prensa digital. Y luego cuando ya me desayuné, tiesito como una vela. Al menos de medio pa´rriba. Con la apertura del programa de viajes del Imserso (ya tengo el de Menorca, si place) no me había percatado de que se trataba de la llegada del otoño. Y en esa estación, ya se sabe, comienzan a caerse las cosas. También el ánimo. Y leyendo me entero de que incluso el apetito sexual se ve disminuido, alicaído, apocado y cabizbajo. Menos mal, pensé, creí que era la edad. Y me consolé. Pero solo me duró (ya saben: la cosa dura mientras dura dura) un fisquito. No había pasado sino un par de segundos y me tropiezo con: “Cinco partes del cuerpo humano (órganos vestigiales) que ya no necesitamos y que en un día nos fueron útiles”. Chacho, van a acabar conmigo. Apagué el ordenador y me fui a dar una vuelta. Para despejarme. Mientras lo hacía, sacudí la cabeza un par de veces. Y se me fue pasando por segunda vez. Unos sudores y unos escalofríos…
Pues sí, amigos y estimados todos, ayer Google nos sorprendía con un nuevo “doodle” dedicado al segundo equinoccio del año. Esos días en los que luces y sombras comparten tiempos iguales. Ya hoy tendremos al menos tres minutos menos de luz solar. Y cada día en franco retroceso hasta el solsticio invernal. Todo ello ocurre por no saber estarnos quietos en este planeta azul.
Saben ustedes que en la estación que iniciamos las aves emigran hacia el sur, mientras otros animales se afanan por recopilar alimentos. Como Scrat, la ardilla (rata) de Ice Age. Aunque la bellota se le muestre reacia. ¿Y qué ocurre con los seres humanos? Los jubilados, por ejemplo, empezamos a compilar viajes con Mundo Senior para poner a prueba la vacuna contra la gripe. Yo no la he probado aún, y espero seguir en ello durante todo el tiempo posible. Conozco médicos que siguen idéntica línea. Y tengo más de un amigo que nada más inmunizarse, agarraron una que estuvieron tumbados una buena temporada.
Dicen los entendidos que en otoño tendemos a deprimirnos por el Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Que nada tiene que ver con la Tasa Anual Equivalente. O a lo peor sí. Los estudios al respecto señalan que nos entra malhumor, perdemos interés por las cosas, la concentración se nos disipa y lo que te indicaba antes: disminuye el apetito sexual. Y todo este revoltillo sumado hace que se incremente el absentismo laboral e incluso los suicidios.
Si crees que te voy a contar mi experiencia en el apartado libidinoso, espera sentado. Pero del resto sí puedo hacer un esfuerzo. Te juro que cuando llega septiembre y me sigo levantando a la misma hora (a saber, la que me da la realísima gana) y no tengo que ir a cuidar chicos para que me paguen a fin de mes, me río en las mismísimas narices de la depre. Fíjate tú que antes cuando ya se aproximaba el final de agosto tenía la boca llena de llagas (aftas). Y en el tiempo que llevo jubilado, una o dos al año y va que chuta. Y es más, mandé al síndrome postvacacional a comprar unas aspirinas y todavía lo estoy esperando.
¿Tú qué vas a hacer después de que te jubiles?, sigo escuchando por ahí. Y me retiro prudentemente para no cometer un asesinato. Aparte de los entretenimientos hartos conocidos por mis múltiples admiradores (¿por qué te ríes?, otros tendrán menos), me hallo a la espera de que la Primitiva semanal (único vicio reconocido) se digne incrementar el saldo de la libreta de La Caixa en al menos 3000 euros para realizar (con mi mujer, por supuesto) la denominada Ruta de la Plata. Un coche esperando en el aeropuerto de Sevilla y… carretera y gasolina (o gasoil), con estancias de tres o cuatro días (ya se verá) en Carmona, Mérida, Béjar, Benavente y Gijón. Distancias entre esas poblaciones: unos 200 kilómetros, aproximadamente. Y visitas por las poblaciones que formaron parte de ese corredor natural que articuló el comercio del occidente peninsular y que luego utilizaron los romanos para avanzar hacia el norte: Santiponce, Monesterio, Montemolín, Fuente de Cantos, Calzadilla de los Barros, Zafra, Cáceres, Casar de Cáceres, Plasencia, Carcaboso, Hervás, Baños de Montemayor, Salamanca, Zamora, La Bañeza, León, La Pola de Gordón, Lena, Aller, Mieres, Riosa, Morán y Ribera de Arriba, aparte de las anteriormente mencionadas y que servirán de morada y aposento. Después de esos 20 días (minuto arriba, minuto abajo), un garbeo por Galicia y bajar por Portugal. ¿Te enteras ahora del porqué necesito esos miles de euros? Son caprichos culturales.
El santoral nos remite hoy a La Cruz Santa. Aunque ya no me gusten las fiestas multitudinarias, que se diviertan. Hasta mañana.