lunes, 8 de septiembre de 2014

Rambla de Castro

Han sido tantas las campañas habidas desde 1987 en el Paisaje Protegido de Rambla de Castro, sin que la tan ansiada recuperación haya surtido efectos más positivos que lo que su actual imagen nos ofrece, que uno se muestra reacio, cuando no escéptico. Salvando las consabidas distancias, el particular me recuerda los planes de empleo que Paulino Rivero ha acometido durante estas dos últimas legislaturas al frente del Gobierno Autonómico y que tan excelentes resultados han brindado a los miles y miles de canarios que han podido salir del oscuro abismo del paro.
Durante la pasada campaña electoral de las elecciones europeas, el PP realejero entregó al señor Cañete (el de los yogures caducados, la ducha de agua fría y los gusanos en pepitoria) un dossier (informe o expediente) para que lo llevara a Europa. No bajo el brazo (tampoco usa desodorante), sino en la cartera del Ministerio de Agricultura que, según me cuentan, no se devuelve cuando se deja el cargo.
Y ha debido cumplir satisfactoriamente con el encargo, porque, y es anuncio a bombo y platillo del grupo gobernante en la Avenida de Canarias, el proyecto ya ha pasado el primer filtro. No indica el comunicado cuántos más restan. Pero sean los que fueren, bienvenida sea la noticia. Tan acostumbrados estamos a lo malo y desagradable que no somos capaces de valorar las escasas alegrías que la vida nos brinda.
Me llama poderosamente la atención de que haya sido el comité evaluador del programa Life Plus el que haya sugerido la ampliación del ámbito de aplicación. Lo que me indica que los europeos han leído bien y han captado con total y exquisita exactitud los límites verdaderos que abarca la zona protegida. Porque cansadito estoy de que unos lo circunscriban a la Casona y alrededores y otros, a lo más, le extienden hasta la elevación de Gordejuela. Cuando desde sus inicios tuvimos bien claro que La Fajana, Callao de Méndez y zona de Los Roques debía ir incluido en el mismo paquete. Ello conllevará un incremento presupuestario (normal) y una ampliación del plazo de ejecución (ya me contenta menos).
El 31 de julio de 1987 publicó el periódico El Día un artículo de quien ahora escribe en el blog (chiquita trayectoria lleva el menda) titulado Sendero turístico de la costa de Los Realejos. Del mismo reproduzco estas líneas:
Tenemos conocimiento de que un grupo de profesores del Co­legio Público Mencey Bentor de la Cruz Santa ha realizado un gran trabajo acerca de esta ruta, habiendo elaborado, a pie de terreno y en múltiples visitas, el cuaderno del alumno y la guía del profesor, de lo que constituye una ejemplar lección de Na­turaleza, complementado todo ello con un vídeo y otro material, con lo que han logrado sacar la escuela de las clásicas cuatro pa­redes, inculcando en los jóvenes una actitud de respeto y consi­deración hacia cuanto nos rodea.
Creemos que la Consejería de Educación tendría que mojarse en estas experiencias, potenciándolas y dando toda clase de fa­cilidades a estos colectivos de profesores, porque, a buen segu­ro, que de su resultado se verán beneficiados cantidad de alumnos. Estaremos así dando un nuevo enfoque y una nueva vi­sión de los métodos educativos, tan faltos, la mayoría de las veces, de alicientes para el alum­nado.
Para terminar, humildemente, desde estas líneas, nos permiti­mos alzar la voz ante los organismos pertinentes –Ayunta­miento, Cabildo, Consejería de Política Territorial– para que, de una vez por todas, de una ma­nera real y efectiva, se lancen a una decidida política de conser­vación de los pocos y bellos pa­rajes que aún nos restan. Pero que no quede todo en el frío pa­pel, mientras cerramos los ojos ante los desaprensivos de turno. Planifiquemos entre todos el pre­sente para legar a nuestros hijos un prometedor futuro. Son de­masiado bonitas estas laderas como para permitir nuevos aten­tados.
El acantilado que nos ocupa es de naturaleza basáltica. Al inicio del sendero desemboca en la pla­ya de callaos y frente a ella, los dos roques (Roque Grande y Roque Chico) que ofrecen un gran atractivo paisajístico. Debido a su antigüedad geológica han sido colonizados por numerosas espe­cies. Así, el Roque Grande luce con esplendor una respetable po­blación de cardones, tabaibas y bejeques.
En las pequeñas plataformas costeras, transición entre el acan­tilado y el mar, existe gran cantidad de algas.
Dado que los acantilados po­seen suelo suficiente, se estable­ce en ellos una comunidad de matorrales entre los que encon­tramos siemprevivas, perejil de mar, margaritas, corazoncillos, vinagreras, tajinastes, ratoneras, esparragueras... Pero, sobre todo, se destacan las formacio­nes de tarajales, en particular en una de las bajadas a la playa.
Perdón por la extensión del texto transcrito, pero debo contener la rabia ante tantos años desaprovechados. Lapso de tiempo en el que los dineros corrían alegremente y muchos millones se enterraron sin que el cuidado y mantenimiento posteriores cumplieran los objetivos programados. Cuando en esta nueva iniciativa que se acomete uno lee lo de la recuperación ecológica, de un ecosistema equilibrado, aprovechamiento de las aguas que se vierten al mar, no le queda más remedio que rascarse el codo. Cuánto eché en falta que al menos en uno de los ‘panegíricos wladimirianos’ se llegara a reconocer que las campañas de siembras de dragos y palmeras constituyeron un despilfarro increíble.
Seamos, no obstante, optimistas. Y ojalá fuera esta la definitiva. Como sé que las cabras no me van a leer y el cumplimiento de las órdenes dictadas en el bando municipal se me antojan de muy difícil aplicación, un consejo a los responsables políticos municipales: No es ser buen gestor el acumular patrimonio si carecemos de los elementos necesarios para la posterior preservación. Comprar un coche con un montón de caballos puede estar al alcance de muchos. El problema viene luego a la hora de echarle de comer a tanto animal.
Como resta bien poco para las próximas elecciones locales, sigo a la espera de la formación política que me asegure una drástica reducción de concejales liberados, asesores y enchufados varios. Seguro que sobraría dinero para regar en Rambla de Castro (desde San Pedro hasta la playa de Los Roques). Y hacer el gran parque de La Fuente que prometiera José Vicente en una reunión celebrada en el polideportivo de La Longuera. Luego se echó a perder por su presunta connivencia con empresarios. Bueno, ahora parece que no hemos mejorado. Solo hemos cambiado de gañanía.