martes, 9 de septiembre de 2014

Sociedad vacua

Ya poco se profundiza. Prima la ligereza, cuando no la vacuidad. Algo, o mucho, falla cuando un político (cargo público) cuelga en su muro de Facebook (todavía no sé escribir face) una fotografía alusiva a lo mucho que hace (con el pertinente texto aclaratorio), incluso en sus horas libres (chacho, que no tienen), etiqueta a todos los retratados (y amigos de sus amigos), y obtiene como resultado unos pares de “Me gusta” y dos comentarios: uno laudatorio y el otro ya te lo puedes imaginar.
Sin embargo, el mismo protagonista nos sorprende con cualquier eco de sociedad (bodas, embarazos, nacimientos, bautizos, comuniones, enfermedades y/o defunciones) y la avalancha de apariciones con frases del bien quedar da para rellenar cuatro o cinco de aquellos libros de rotación que eran la reliquia de los maestros de antes. Lo que me lleva a pensar que mucho podría ahorrarse con los adelantos tecnológicos. Pero eso significaría reiterar que sobran concejales, consejeros, directores, cargos de confianza…
El Gobierno reclama a la UE una comisaría de peso para Arias Cañete. Eso leí. Y no creo que fuese necesario llegar a semejante detalle. Un cargo liviano para tan egregio personaje no le pegaría ni con poxipol. Tú me das tanto y yo te doy cuanto. No me gustan las componendas europeas. Y también De Guindos debe saber mucho del particular.
Seguro que te has percatado de que en los videoclips musicales, las cantantes promocionan sus discos a base de quitarse ropa. Cuanto más ligeritas aparecen (lo contrario que Cañete), más saben cantar, más dicen sus letras. Uno, al final, no sabe bien si nos intentan vender un CD o un sujetador (en el caso hipotético de llevarlo). Le tocó el turno ahora a Jennifer López (JLo, para los amigos), quien, ni corta ni perezosa, ha venido a reivindicar su trasero. A lo peor es que emiten su voz por el conducto que se encuentra en una octava más baja.
Xabi Alonso se querella contra El Mundo porque este medio publicó que su ida a Alemania estaba ligada a una infidelidad conyugal. Ha exigido una inmediata rectificación, aparte de la presentación de la oportuna querella. Es el periodismo que se estila. Y el periodista, o supuesto, se presta al juego pues juega con un público tanto o más chanchullero. ¿El culpable? Con total seguridad: la escuela, el maestro…
No estoy de acuerdo en que exista publicidad en medios de comunicación públicos. Si un ayuntamiento quiere tener una emisora de radio, que repercuta sus gastos en los bolsillos de sus ciudadanos. Pero la emisión de anuncios de las empresas (a veces, ni del pueblo en cuestión) es una competencia desleal con aquellas de carácter privado que deben ganarse el sustento con las cuñas de marras. Además, es de mal gusto, cuando no una desfachatez, el que pueda haber determinada complicidad de casas comerciales con los políticos de turno. Bastante fastidiada se halla la información (tal y como se recoge en el artículo 20 de la Constitución), como para continuar en esta escalada de parcialidad que raya el escándalo.
Sería (muy) interesante que hubiese elecciones cada seis meses. Si te fijas en las declaraciones de cualquier alcalde, los ayuntamientos ya están saneados y llegó la hora de bajar e incluso eliminar impuestos. Resulta que ahora todos ‘podemos’. Y qué me dices del inusitado movimiento de obras (priman los empichados). En este Realejo lo que queda pendiente es que cierto empresario pague una deuda de no te menees. Pero mientras los demás apoquinemos religiosamente nuestros recibos…
Wladimiro Rodríguez Brito publica ahora sus artículos en Diario de Avisos. En el de este pasado domingo se le coló la palabra ‘bollero’ (persona que hace o vende bollos). O el corrector ortográfico le jugó una mala pasada (este artilugio informático no es capaz de discriminar) o al redactor encargado de la página en el periódico se le fue el baifo. Porque todo el mundo sabe que la especialidad del profesor, y expolítico, es la agricultura y ganadería. Y no la repostería. Aunque haya habido mucho pasteleo en épocas no tan lejanas. Y como disertaba de romerías y cuidado de animales, a buen seguro que se refería a ‘boyero’ (persona que guarda bueyes o los conduce).
También el domingo hubo carrera de Fórmula I. Y no mentaré al piloto asturiano porque cuando quiere cambiar el coche por una bicicleta, ya te puedes imaginar cómo le va al otrora campeón. A un comentarista, un tal Lobato, se le está cayendo el pelo en proporción directa al número de veces que se le sale un tornillo. Durante las pruebas de clasificación se inventó un coche “inconducible”. Al tiempo, como vio en pista el Mercedes de Rosberg, que unos minutos antes tenía el motor en el suelo, aseveró que con toda probabilidad ya lo tenía todo montado. No, le faltaba la caja de cambios, lancha rápida. E iba con pedales. Y cuando la predicción meteorológica indicaba un 0% de probabilidad de lluvias, él remató que seguramente no iba a llover como en el anterior premio. No, desde luego que no, de tonto no tiene un cabello.
No sabía con qué ilustrar este comentario tan dispar, tan diverso. Me debatí en la duda apenas medio segundo y antes de poner una de Wladimiro, opté por esta otra de Jennifer Lyn López Rodríguez. Lo mismo gané varios enteros en la elección.