lunes, 27 de octubre de 2014

Asfalto, mucho asfalto

Si los vecinos de La Aldea (Gran Canaria) tuvieran conocimiento de las cantidades de dinero que tenemos los realejeros, cambiarían de táctica. Se irían a Las Nieves (con sumo cuidado, pues por ahí radica el motivo de la protesta), se embarcarían en uno de los catamaranes de Fred Olsen (fletado ex profeso) y desde Santa Cruz, en 30 o 40 guaguas, se dirigirían hasta la rotonda de El Castillo (final de la autopista del Norte) y por Los Barros (parada incluida para comprobar in situ los movimientos de tierra) se trasladarían hasta el santuario de la Virgen del Carmen.
Aquí, en San Agustín, tras las plegarias de rigor para que la Patrona del Valle conceda a Manolo la gracia necesaria y que a sus jefes madrileños se les abran los ojos y se lo lleven al Ministerio de Fomento. Tras zamparse el primer bocadillo de los dos o tres, que junto a la manzana, plátano, jugo y un par de huevos duros, que conforman su peculiar picnic, Cascabela arriba, con los saludos protocolarios en las sedes del PSOE y de IU, harán la segunda estación en la plaza Viera y Clavijo.
Segunda ofrenda. Al Apóstol Santiago, rogándole que si hace falta montarse otra vez en el caballo para emprender nueva cruzada, que cuente con ellos. Porque unos con tanto y otros con tan poco, no parece ser un modelo de la ejemplaridad que debe regir en esta nación católica, apostólica y romana.
Me temo que no va a ocurrir esta aventura. Porque no es oro todo lo que reluce. Y el equipo de gobierno del ayuntamiento de Los Realejos se ha limitado a copiar lo que otros ya habían hecho en los finales de mandatos anteriores. Quizás sea La Orotava la muestra más cercana.
A nadie amarga un dulce. Ni a los diabéticos. Pero Domínguez y compañía se han pasado. No es que se les vea el plumero. Van mucho más allá. Y como quedan pocos meses para las siguientes elecciones, la carrera se ha desbocado. Tanto que no son capaces de medir las consecuencias que acarrea el cierre al tráfico de nada menos que dos entradas (y salidas) al (del) municipio. Como ellos no tienen prisa ni gastan gasolina propia, pueden permitirse ciertos lujos que al resto de los ciudadanos nos está vedado.
Me imagino que habrán hecho cálculos. Y entre ellos (incluyo a Marrón; chacho, cuánto pagará de móvil al mes), a través de sumas y restas, creo que olvidaron los vehículos que acuden a la ITV, los turistas que no quieren dejar la isla sin atender el obligatorio tocamiento de los atributos del guanche, los visitantes que no desean perderse los ‘eventos’ culturales o los atractivos paisajísticos, los noveleros que vamos a los fashion show y mucho más (que también acontecía en el pasado, aunque sin publicitarse tanto). ¿Se podrían incluir las cabras? Ayer pasaron por mi casa.
Estoy convencido de que contaron con ello. Pero luego pensaron que seis mil personas del pueblo están en paro. Y como no hay trabajo ni esta campaña desaforada de piche y más piche provoca disminución alguna, creyeron que cogerían la guagua (la de las dos). Me temo que erraron en estas sustracciones.
Insisto en que bienvenidos sean los arreglos. Pero todos juntos y al final, no. Porque ese el recurso del mal gestor. No me atrevo a la osadía del que fue primer teniente de alcalde güimarero al tildar de inepta a doña Luisa Castro (alcaldesa). O del que solo piensa en la rentabilidad electoral. Sigo viendo mucho cartel con se alquila, se traspasa o se vende. Los dramas familiares por la lacra del desempleo (muy triste la disculpa de que esa no es competencia municipal) persisten sin que a lo largo de cuatro años haya habido mejoría alguna.
Mucho concejal liberado (que sí, sigan tildándome de pesado y demagogo), mucho asesor que bien poco aconseja, mucha foto en ocasiones de la papa suave (día del no sé qué, encuentro del no sé cuánto, premio al atleta x, distinción al alumno y, condecoración al anciano z…), pero que se esconden cuando reclaman su presencia para situaciones de cierta trascendencia (cada vez que hay una concentración por fuera de las Casas Consistoriales, se agarran a sus despachos con más ventosas que las existentes en una guardería de pulpos, y se ponen tapones). O se escudan en que las competencias son de las instituciones de superior rango, aunque siempre estemos demandando mayores cotas (y cuotas) de descentralización y autonomía.
¿Qué te pareció lo del Puerto? Me llamó la atención la inmensa alegría que desbordaba Sebastián Ledesma. Me imagino que la situación tendrá arreglo. Así lo espero. Aunque los antecedentes no son halagüeños. De todas maneras, el lobo feroz ya está en ello.
Hasta después.