martes, 28 de octubre de 2014

Incierto panorama

Suelo intercambiar opiniones con aquellos que un día estuvimos pero ya no estamos. Los que decidimos dar un paso a un lado por diferentes motivos y hoy vemos la actualidad política con demasiado escepticismo. Que nos levantamos cada día a realizar cualquier actividad, porque de ociosos no pecamos, y no es necesario esperar a la hora del cortado (alrededor de las once) para que cualquier medio a tu alcance te bombardee con la penúltima. Como ya te creo al tanto, me ahorro unas líneas con la exposición de lo de ayer por la mañana. En que un ‘granado’ y selecto grupo de patriotas desinteresados acudió al juzgado por ciertos deslices sin mayor importancia. Unos cientos de millones apenas. Calderilla.
Rajoy estuvo el pasado fin de semana leyendo los consabidos papeles ante un numeroso colectivo de cargos públicos de su partido. Y vino a decir que en manera alguna estos casos de corrupción que afloran pueden generalizarse. Ni mucho menos los 46 millones de españoles lo son. Faltaría más, don Mariano. Eso significaría que estuviéramos todos afiliados al PP y esas mayorías murieron con Franco allá en la década de los setenta del pasado siglo.
Mi tocayo y presidente del Congreso de los Diputados no quiso ser menos y consideró que los corruptos del PP no son excesivos. Puede que cuando soltó la guinda todavía no había tenido tiempo de sumar los de la Operación Púnica. Que por lo que vamos conociendo puede ser asunto tan entretenido como me lo parecieron en mis años mozos las denominadas Guerras Púnicas, con las peripecias de Asdrúbal, Amílcar Barca y Aníbal. El señor Posada, como su propio apellido indica, no ‘alberga’, al parecer, mucha desconfianza de estos pocos presuntos implicados y abre el abanico para que tengan cabida los que en días sucesivos irán apareciendo. Precavido que es el hombre.
Todo ello acontece con una naturalidad que raya el desparpajo. Porque al tiempo que Pujalte pone la mano en el fuego por todos sus honorables compañeros, los populares contrarrestan las acometidas judiciales echando mano (esta vez sin dobles) de la instrucción trescientos treinta y tres del manual: código ético. Chúpate esa, mi amol. Menudos morros.
Cuando ya llevamos recorrido el 29% de la centuria actual (siglo XXI), el que nos vengan con lecciones moralistas da norte de la calaña de algunos regidores de la cosa pública. Da la impresión de que no tienen reparo en darte un abrazo, mientras esconden afilado puñal en la bocamanga por si se tercia la ocasión. Y lo adornan, además, con la moraleja de abrir el partido a la sociedad. A buenas horas.
Cuando yo decidí (nadie me empujó) formar parte de la candidatura del PSOE a las elecciones municipales (Los Realejos) en 1983, firmé un papel en blanco (como lo lees) para que me pusieran de patitas en la calle cuando cometiera un desliz de los llamados imperdonables. Y ya en el ayuntamiento, una vez tomada posesión, se creó lo que ahora proclaman pomposamente como registro de intereses. Y cada uno de nosotros, ante el secretario, declaró solemnemente aquellos bienes que poseía. Que eran tan escasos, de otra parte, que de publicarse la hoja en cuestión en la actualidad, las risas de los beneficiarios de las tarjetas opacas armarían tanta escandalera que, con casi total seguridad, morirían asfixiados.
Jesús, con 34 años, era casi rico. Una plaza de maestro en propiedad, un piso en La Longuera y un coche (Fiat 128, matrícula TF-5236-C) que compró en 1973 cuando hizo las prácticas de alférez de milicia en Hoya Fría. Recuerdo que, casi concluyendo el mandato, compré al amigo Juan Pedro Escobar (regentaba una concesión de Peugeot en Los Barros, justo al lado de donde se hallaba la sede la agrupación local socialista. ¿Tráfico de influencias? Por supuesto, ustedes ignoran cómo corría el dinero negro por el barranco que discurría justo por detrás del edificio) un 205 GTX, de dos puertas, TF-5608-X (que todavía pueden vislumbrar por la zona de El Jardín, en los aledaños del local de la Asociación de Vecinos). Y le hice modificar a Carlos (el secretario) mi inmaculada relación (la hoja, que te menté antes) para que cambiara el Fiat (se lo vendí por cuatro perras a mi hermana) por el Peugeot (buen motor tenía el condenado). Ahí los tienen los dos en las fotos.
¿Incardinarse en el tejido social? ¿Contar o gobernar con la gente? ¿Ser receptivo y transparente? Pero bueno, ¿de qué estamos hablando? ¿A qué jugamos? ¿Qué lecciones me vas a impartir si ya me jubilé con la conciencia bien tranquila? O como se estilaba antiguamente: con la satisfacción del deber cumplido. Ahora, tras varias décadas de mamoneo persistente, ¿pretendes convertirte en adalid de las buenas prácticas? Sostiene Clavijo, alcalde lagunero y candidato de CC, que se debe escuchar las inquietudes sociales. Y, si puede saberse, ¿cómo han gobernado hasta ahora en este cortijo canario con los unos y con los otros? No escucha al que pretende sustituir cuando desde su blog nos suelta lindezas como esta: “Canarias está creciendo y creando empleo”. ¿Puede haber mayor cinismo?
Nos quieren vender modernidades que llevan inventadas la tira. ¿A qué jugamos? Lo dicho: incierto panorama.
Mañana más, si a bien lo tienen.