miércoles, 8 de octubre de 2014

Cuaderna vía

La cuaderna vía fue la estrofa del Mester de Clerecía. Se trata de un tetrástico monorrimo (cuatro versos alejandrinos), cada uno de ellos compuesto por dos hemistiquios heptasílabos. Va esta (a modo de prueba, nunca había hecho una), con todo mi afecto, a los candidatos socialistas. Con el consejo de un ex para que sean consecuentes en sus eslóganes. Cambio y regeneración es algo más, mucho más, que alongarse a Facebook a escribir boberías. Dejen eso para mí, que no tengo otra cosa mejor que hacer. Que no, no cierro puertas, pero si lo hacen, cuenten antes hasta diez. O más.
Si estuviera afiliado, yo no lo dudaría;
por un cambio profundo sin duda apostaría;
para más de lo mismo mi voto no daría,
porque el pueblo demanda con urgencia otra vía.
Ni soy Gonzalo de Berceo ni pretendo elaborar otro Libro del Buen Amor (Arcipreste de Hita). Pero cuando me levanté ayer y contemplé a doña Rosa Díez hablando en la tele de rehechura (bueno, dijo regeneración, pero como ya utilicé la palabra antes) democrática, casi no me desayuno. Y el desliz de esta trepa que lleva aupada desde los tiempos de aquella señora, cómo se llamaba, ah, sí, María Castaña, es cometido por muchos dirigentes socialistas que después de 30 años en diferentes cargos públicos no se recatan en seguir utilizando la palabra cambio.
Aquí en mi pueblo (la Villa de Viera), una vez cerrado el plazo de presentación de avales en el proceso de primarias del PSOE, tenemos dos aspirantes a encabezar la lista para las elecciones de mayo de 2015. Uno es el actual secretario general de la agrupación local y el otro ostenta el cargo de concejal desde 2007, aunque ya figuró también en el número 10 de la plancha de 2003 (los socialistas obtuvieron en ese entonces nueve actas).
Vaya por delante que las reglas del juego hay que respetarlas. Y cada cual es libre para participar en la contienda. Bien diferente es que uno esté o no de acuerdo con lo que podrían denominarse arrebatos poco meditados y demasiado mediáticos. Cuando se es joven pero se arrostra en lides tales, conveniente sería cavilar. Las trayectorias personales marcan huellas indelebles muy difíciles de soslayar. Porque la época en que los electores éramos meras comparsas en manos de los privilegiados de turno, ha pasado, afortunadamente, a la historia. Y no solo somos tan inteligentes como los que se aventuran a introducirse por intrincados vericuetos, sino que tenemos memoria. Y a los afiliados y militantes socialistas realejeros les presupongo idéntica, o superior, capacidad de raciocinio que la que un servidor pueda ubicar en la balanza.
Camino por el pueblo y hablo con sus gentes. Como saben que ya estoy en la época de verlas venir (aunque mis opiniones y comentarios sean públicos y notorios a través del cauce que me brinda este blog), se sinceran mucho más que cuando lo hacen con un cargo público. Al menos no hay tanta desconfianza. Y esa ventaja añadida que me da el haber sido, se ha puesto a disposición, mediante los oportunos artículos, de aquellos que se supone han heredado los principios por los que un ya lejano día unos muchos ilusos accedieron a puestos de responsabilidad. Nada descubro si digo que se han encerrado en su particular mundo y en su sesgada visión de la realidad. Somos viejos y como tales, al rincón. Y los más reacios a consejos, aquellos que han ido conduciendo al partido hasta extremos casi testimoniales. El último de la fila, no por convicciones personales sino por lo que escucho, parece que a hasta las postreras consecuencias.
El PSOE tiene poco que perder, pero sí mucho que ganar, en este inminente envite. Y apostar por más de lo mismo lo abocaría al pozo de su desaparición. Ojalá que quienes tienen la capacidad de decisión sean consecuentes y apuesten por el tan cacareado cambio. Hasta yo caí en la trampa y lo he escrito más de la cuenta. Tanto que este post no pasaría el examen de ingreso. Si el humo no los deja ver, cambien de óptica y aléjense un poco. Con la cercanía se empañan las gafas.
Me voy a caminar un poco. Siempre me encuentro con quien palicar. En apenas doscientos metros ya tenemos el pueblo arreglado. Incluida la calle Doctor González, la que no íbamos a cerrar al tráfico.
Llegué de dar la vuelta de rigor, tuve la oportunidad de charlar con el amigo Germán –quien sabe mucho de historia, de patrimonio y de arte– y cuando regresaba en el coche vislumbré a una de las candidatas socialistas a las primarias presidenciales –Patricia– que cruzaba los pasos de peatones de la confluencia de la Calle Taoro con la Avenida de Canarias y el de esta última rumbo al Gabana. Ños, tremendos tacones llevaba; admiro la capacidad de aguante y equilibrio para no caerse desde esas alturas.
Y concluyo con otra cuestión que tiene preocupado a todo el país. Les aseguro que no era mi intención sacarlo a colación, pero observando las veleidades de los que cobran de nuestro sudor, ahí va: Juro solemnemente que si el asunto del ébola no fuera de tal gravedad, propondría a Rajoy que cambie a Ana Mato por la también diputada popular Belén Hoyo. Y de no poder ser, hay otras tres en la sala de espera: Carolina España Reina, María Jesús Susinos y Concepción Veray Cama. Los apellidos son un valor en alza.
Hasta mañana.