martes, 21 de octubre de 2014

Cuánta alegría

Estamos cayendo, y los medios de comunicación se prestan a ello con notorio jolgorio, en un cúmulo de despropósitos bastante considerable. El amplísimo campo de ventajas que nos ofrece Internet, se ve tristemente eclipsado por la cantidad de disparates que la denominada Red de redes es capaz de albergar en los diferentes sectores que nos brinda.
El periodismo digital, puede que por mor de la velocidad con la que se suceden los acontecimientos, no solo es capaz de informarnos en tiempo casi real de lo que acontece en este mundo convulso, sino que admite comentarios a cualquier noticia sin que prime el más mínimo rigor. No digo ya que haya que establecer filtros a modo de censura, líbrenme los dioses de tamaña ocurrencia, pero carta libre para que cada cual brame lo que su mala bilis le dicte tampoco.
Aun no teniendo nada claro cuál de los tres aspirantes socialistas era el más idóneo para defender los intereses canarios desde ese puesto de tan alta responsabilidad, una vez conocido el resultado del proceso que culminó este pasado domingo se ha iniciado la cacería desde los sectores que se autodenominan más izquierdosos del espectro. Y que suelen coincidir con muchos desencantados por razones diversas (incluyan los de aquellos que no alcanzaron prebendas en los supuestos repartos que critican) y que se desfogan recurriendo al vocabulario más soez posible.
Cuando yo estudiaba bachillerato (de seis cursos) en el Colegio San Agustín, único centro en aquel entonces en Los Realejos, mi padre, encargado en la finca de La Gorvorana, me tenía preparado un trabajo durante los veranos como recompensa a superar los exámenes en junio con meritorios resultados. Que se iniciaron a bien temprana edad bajando aceite para los motores de la elevación de Gordejuela y que continuaron en los veranos siguientes con otras labores en la platanera (regar, cortar farulla, quitar longo…).
En consonancia con lo relatado en el párrafo anterior, me duele enormemente que se ponga en solfa a Patricia Hernández, a quien ni conozco ni nada le debo (y a la que aconsejo que no se ría tanto, que no están los tiempos para sonrisas de oreja a oreja), por haber sido camarera o empleada en un supermercado. Otros (la incongruencia alcanza cotas alarmantes) la critican por trepa desde años mozos. Luego, los advenedizos y salvapatrias de Podemos y afines nos tachan de casta con un discurso (palabrería barata) que intenta influir en sentimientos más que en aportar soluciones (que me temo no las tienen). Ellos, que en su inmensa mayoría lo han encontrado todo llano, ponen en solfa quehaceres de los que grano a grano aportamos un mucho al llamado estado del bienestar. No, premios y medallas no demando, pero no me insultes, chanchullero.
Desde el 16 de diciembre de 1984 hasta el 23 de enero de 1985 estuvo la agrupación socialista realejera (otro adelanto de mis memorias) debatiendo, tras la ‘espantada’ de Santiago (bien sabe él que así fue), cómo debería ser el cambio tranquilo. La preocupación por la carga de responsabilidad añadida no nos condujo a señales de victoria ni a llamar a Dumas para que nos sacara una foto. En aquellos tiempos gloriosos no existía la parafernalia de simbología que hoy nos abruma. De ahí la recomendación de ser comedidos. Sobran los aspavientos y escasean gestos de verdadero compromiso. Cuidado, no del bien quedar, de los que la constancia gráfica constituirá casi toda la razón de ser.
Dejemos, por ahora, cuestiones de tanto calado e inmiscuyámonos en temas más domésticos. Porque la credibilidad o valor de las apariciones en Facebook, por ejemplo, guarda relación directa con el beneficio, interés o rédito que se pretenda obtener. Raro es que después de cualquier fenómeno meteorológico adverso, los que no demuestran demasiada simpatía por el esfuerzo y el deber no se descuelguen con un anuncio amañado cuya única finalidad es hacer argollas otro rato más. Cuánto estudiante (es un decir) no se frota las manos cada vez que caen cuatro gotas. Anteayer mismo, aunque con el membrete de la Consejería (o Ministerio, lo mismo da) de Hacienda, la suspensión de la actividad escolar formó parte de la picaresca que circula con desenfado por el país. Y como estas nuevas tecnologías han sustituido al ‘lo vi por la tele’, mucho incauto queda preso en las mallas de la duda.
Pero entiendo aún más grave el hecho de que el centro en el que culminé mi etapa docente permita a un alumno, por muy miembro del consejo escolar que sea (y al paso que va, hasta dentro de cuarenta años), se descuelgue con esta perla: “Comunicado oficial para el alumnado en el IES Mencey Bencomo. La jornada de clases a día de hoy lunes sige activa no se suspende por causas meteorológicas. Y los 3 días siguientes seran las huelgas”. Le sobran argumentos para dar el salto a otras facetas. Y que cada cual lo ubique donde mejor crea conveniente.
Termino. Visto en un digital: “El 12% de trabajadores de España son pobres”. Luego nos quejamos de que Rajoy lea siempre en cualquier folio que le pongan delante que el progreso del país es imparable. No me extraña, ni Alemania es capaz de presumir de logros tales y de que el 88% de los que curran sean ricos. A este paso, incluso los parados viven más felices que los de la serie Adán y Eva. Al menos desnudos ya están.
Hasta mañana.