jueves, 23 de octubre de 2014

Delicuescencia

Te juro que ayer leí la palabreja por primera vez. Tuve que ir al diccionario, que para eso lo han renovado. Me señaló: Cualidad de delicuescente. Y te podrás estar imaginando que hube de acudir nuevamente para enterarme (todos los días se aprende algo) de que significa inconsistente, sin vigor, decadente. En conclusión, el presente pudo haber sido titulado también inconsistencia o decadencia.
Saben ustedes que he sostenido en comentarios anteriores, y ya van unos cuantos, que las redacciones de los medios de comunicación se han acomodado a lo que envíen los gabinetes de las diferentes instituciones, por lo que, salvo las convocatorias de ruedas de prensa, les sobra material para confeccionar las planas de los periódicos o los sumarios de telediarios o informativos en los audiovisuales.
Ayer circuló el siguiente titular: Más de 50 propietarios de perros sancionados por transitar sin bozal y por excrementos en la vía pública. Y leído así tú te preguntas cómo es posible que la mascota haya dejado salir solo a su dueño, sin bozal, y, lo que es aún peor, no advirtiéndole que no puede utilizar la acera como si fuera un retrete público. De lo que no abunda en los pueblos, por otra parte.
Uno no duda de las buenas intenciones de los consistorios en la redacción de estas normativas (ordenanzas), así como los bandos que se dictan al respecto. Verbigracia, aquel que pretendía controlar los rebaños de cabras. Pues aunque el alcalde proclame a los cuatro vientos que se han levantado más de 30 actas de infracción, que llevan aparejadas sanciones entre 90 y 200 euros (que me temo sea muy escasa la proporción de las ingresadas en las arcas municipales), son medidas de dudosa efectividad. En el caso de los perros (que no sus dueños) porque como el policía no los pesque en el preciso instante en que baja los cuartos traseros para dejarnos el regalito (se entiende que los que los sujetan, a medio metro del animal, son ciegos mientras dura el vaciado intestinal), no hay nada que rascar. Y en el de las romerías caprinas, como no haya una implicación de todas las administraciones, al cabrero se le importará un pimiento que lo multen. Por la zona turística de las Románticas saben mucho del atractivo. Porque agotará todas las vías (es decir, hará caso omiso) para no abonarla y no le preocupa lo más mínimo acabar en el juzgado porque siempre lo declararán insolvente.
Inconsistente asimismo el planteamiento del presidente del cabildo tinerfeño, Carlos Alonso, al proponer el cierre de los túneles cuando llueva algo más de la cuenta (cinco gotas). Lo mejor sería, es mi contrapropuesta, paralizar cualquier actividad. Nos quedaremos todos en casa viendo la intrépida reportera con botas de agua a medio muslo y mojándose como una toleta (pueden expresarlo en masculino), y luego se compensa la jornada perdida aunque haya que echar mano de sábados y domingos. No sería más que la aplicación a todo hijo de vecino del horario de trabajo de los políticos (las 24 horas del día y a veces más).
No entiendo el motivo de preocupación en Puerto de la Cruz para buscar el edil (puedes ponerlo en femenino) que sustituya a Sandra, futura alcaldesa, en el cargo de concejal de Hacienda. La solución es bien sencilla. O bien no delega esa competencia y la sigue asumiendo como hasta ahora, o la suprime, pues bien poco hay que gestionar cuando harto sabido es que la caja de caudales (no te rías) de El Penitente lleva años con demasiadas telarañas.
Para el final la eterna canción: 8,3 millones de turistas en 9 meses. Este año batiremos todos los récords. Lo más maravilloso es que hemos sido capaces de atenderlos con el mismo personal del año pasado. Y del anterior. Todo lo contrario de lo que acontece en las instituciones públicas (ayuntamientos, cabildos, consejerías…), en las que hay que colocar más y más gente porque el trabajo los abruma. Qué demagogo soy.