martes, 14 de octubre de 2014

Radiotelevisión Canaria

Algún perspicaz lector de las ‘boberías’ que Pepillo y Juanillo me permiten colar en su blog, me ha señalado que hace un tiempo que no escribo nada del helicóptero de nuestro bien amado y mejor considerado señor presidente autonómico. Cierto. Pero es que desde la última conversación que sostuvimos (uno también se codea), Rivero no ha hecho uso del mismo nada más que en la ocasiones indispensables, a saber, cuatro romerías, tres peregrinaciones y un par de congregaciones de mayores. Motivo por el que ya me di por satisfecho.
Ahora me hallo inmerso en otra cruzada, que ya desde que ojeaste el titular te habrás percatado de qué se trata. Así que me centro en el meollo directamente.
El Ente Radiotelevisión Canaria se supone, y es mucho suponer, debería estar regido, organizado y controlado por un Consejo de Administración, dependiente del Parlamento. Y los sujetos que lo conforman serían los que tendrían que supervisar las programaciones. Pero los consejeros, sujetos a los vaivenes de los partidos políticos que los colocaron, no están, ni han estado, por la labor porque no tienen ni la más remota idea del tema. Ellos se limitan a cobrar las dietas por asistir a las reuniones en las que Willy dice lo que le salga sobre la marcha (estilo 40 principales) y hace (o deshace) a su antojo sin que nadie rechiste. Aunque sujeto a lo que expondré luego, díganme qué demonios pintaba ahí, verbigracia, don Marcos Brito. Si se queda dormido nada más depositar el culo en cualquier silla, imagínatelo delante de un televisor viendo los movimientos sensuales de Pepe Benavente mientras desgrana las maravillosas letras del polvorete de su gallo peleón. Es que ni siquiera Eloísa fue capaz de evitar los ronquidos.
La historia del Consejo constituye otro de los despropósitos de esta Comunidad enfrascada en las mismas disquisiciones de siempre. Cuando estoy en la oposición digo nones y cuando me dejan tocar poder porque Paulino necesita estacones que lo sustenten, digo pares. Y así, entre Juana y la hermana, entre dimes y diretes, aquellos originales ocho miembros que designara la cámara de Teobaldo Power se han quedado reducidos a... ni sé, lo mismo es ya un conjunto vacío.
Los primeros que arrancaron la caña (2009) fueron los dos de la cuota del Partido Socialista, el tristemente fallecido Domingo González Chaparro, con quien coincidí en el Comité Regional hace la tira de años, y Manuel González Álvarez, que en estos momentos ostenta el cargo de viceconsejero de Relaciones con el Parlamento (la incoherencia es doble). El motivo fue la negativa de CC y PP de acceder a la renovación de la composición en base al resultado electoral de 2007, cuando JFLA obtuvo un montón de diputados, que a la postre no le valió sino para salir corriendo hacia Madrid y más tarde para Estrasburgo. Ni Paulino Rivero ni José Manuel Soria, en aquellos años amigos hasta en las prospecciones más íntimas, estaban por la labor.
No se quedaban atrás, y azuzaban de lo lindo, Santiago Pérez y Gloria Gutiérrez, quienes acusaban a diestro y siniestro tanto a los populares como a los ¿nacionalistas? de no querer “modernizar y democratizar los medios de comunicación públicos” ni “dotarlos de instrumentos jurídicos que garanticen la independencia, pluralidad, transparencia y objetividad reforzando la presencia del control parlamentario para adaptarlos a la UE”. El entrecomillado me lo copié de un artículo de Salvador Lachica. Los informativos (mi actual caballo de batalla) eran, según los opositores socialistas el NO-DO de Paulino. Ahora, socios gubernamentales, presumen de no verlos para que el tufo no los tumbe pa´tras. Pues yo sí los visiono. Y sostengo que son más puercos que antes. Y por mucho que miren para otro lado, eso que ustedes llaman memoria histórica aún existe. Como diría Calero, que yo tengo mi tino.
Pero aún hay más. El señor consejero de Presidencia, don Francisco Hernández Spínola, sostenía que el director general del ente (todo en minúscula) no daba el perfil y que no se hallaba capacitado para tripular la nave a buen puerto. A la vista está todo lo que ha llevado a la práctica tras el desembarco de las huestes de José Miguel en los muelles del sauzalero. Tanto que la RTVC, desde siempre adscrita a Presidencia, fue traspasada a Economía y Hacienda para que siguiera en manos de Coalición Canaria. Y lo que es peor: ¿Han escuchado que hayan dicho algo al respecto los tres aspirantes? ¿O coincidimos todos en que la incompetencia raya el escándalo en demasiados frentes?
No tengo la suerte de que la redacción de informativos de la Autonómica dedique unos minutos de los lunes (o de cualquier otro día, da lo mismo) a propagar los brillantes pensamientos que se suelen exponer lo días laborables a través de esta pareja de chicos plataneros. Son mucho más talentosos los del negro. Y no atisbo visos de solución. Cuando la señora Luengo (jefa) y el señor Matos (subordinado) llegan a un acuerdo para seguir juntos por la senda que puede mantenerles en situaciones de privilegio, cuando se corre tupido velo al no querer pactar en La Laguna para hacerlo a renglón seguido en esferas más altas y mejor pagadas, nada podremos esperar los que desencantados nos bajamos de la guagua hace más de cien paradas atrás.
Denme una alegría y defínase alguno antes del próximo domingo. Aunque sea uno de los que aspire a un cargo local. Rebélense contra estos desaguisados y no se limiten a esconder la cabeza bajo el ala. No jueguen a lo de los que acusan al PSOE de todos los males habidos (incluyan la mala racha de Casillas y de Diego Costa) y no son capaces de reconocer los deslices de algún prosoviético reconvertido a magnate ruso. Debe ser la doble moral. A pesar de ser un santín. No, ese no es de los nuestros (¿y quién lo nombró?), lo expulsamos (he leído que pidió la baja voluntaria) y salvada nuestra responsabilidad, el dinero que voló ya no le duele a los contribuyentes.
¿Se acuerdan de la cantinela de refundar y que yo permuté por refundir? Muy bien. Entiendo que llevada hasta las últimas consecuencias y depuestos todos los mangantes y corruptos, el efecto inmediato será la ganancia de simpatizantes y, por qué no, de afiliados. Y ojalá siga siendo el partido el enemigo a batir por muchos años. Que se note el nerviosismo.
¿El valor de cambiar? Vale. ¿Jugamos a ser coherentes o a la escondidilla? Se acabó por hoy. Hasta mañana.