viernes, 31 de octubre de 2014

Rentabilizar pensiones

En este mes de octubre que finaliza hubo que gastar (nada de invertir, un expendio inútil) 8.078 millones de euros (una burrada tan grande de pesetas que ni sé escribir la cantidad) en pagar la ‘nómina’ (chiquita jeta se gastan) a 9.239.688 pensionistas. Y como los conozco bien y soy capaz de ponerme en su pellejo, proclamo bien alto y claro que no hay derecho. Mejor, sí que los hay, y bien estirados. Algunos corren hasta maratones. Otros nadan muchos largos de piscina cada día. Bastantes tienen la osadía de subirse a una bicicleta para recorrer enormes distancias, kilométricas. Los más, inundan esas avenidas del colesterol en auténticas romerías. Y ya que las menté, si tú los vieras en los grupos folclóricos, bailan y brincan cual ágiles gacelas. Y los menos, cómo han cambiado los tiempos, en los bancos de las plazas y esquinas de los pueblos se cuentan sus batallitas como abueletes al uso.
Aunque peque de reiterativo, hay que cortar por lo sano. España no puede seguir manteniendo ociosa a esta pléyade de hombres y mujeres, cuyo único objetivo anual es acechar los viajes del Imserso para estar de vacaciones la mayor parte de los meses comprendidos entre octubre y mayo. ¿A dónde vamos a parar? Y si estás pensando que en el verano hacen algo de provecho, siento defraudarte. Se apuntan con cualquier hijo para irse a la playa con la vaga excusa de cuidar los nietos.
Qué va. El Partido Popular debe tomar cartas en el asunto más pronto que tarde. De ser yo Mariano Rajoy, encargaría a José Manuel Soria (en su faceta industrial y energética, que no turística) a poner orden en este disparate. Por lo pronto, a la mitad de los que chupan de la caja (casi cinco millones) les haría un cursillo rápido y les encargaría la lectura de contadores de la luz, ante las muchas reclamaciones existentes. Se trataría de volver al sistema tradicional, porque los avances informáticos en los aparatos que parpadean una lucecita roja no han dado los frutos apetecidos. Como el propio ministro señala que el precio de la electricidad baja en 2014 (ignoro qué compañía le suministra los electrones, porque la mía me tiene fundido), pero que no sabe si subirá en 2015, qué mejor que aprovechar esta carga de experiencia. Se le daría uso, igualmente, a las gafas para leer de cerca. Cuánto dinero se ha despilfarrado para que luego estén en cualquier gaveta de la mesa de noche sin ubicarlas con más frecuencia encima de la nariz. Y como la parienta tiene otras: María, préstame las tuyas que ya perdí las mías. No y mil veces no.
Cuando pasamos por los alrededores de cualquier colegio a la hora de entrar o salir los alumnos y pasas a formar parte pasiva del atasco, no es raro que nombremos a nuestros estimadísimos políticos. Y la retahíla de insultos quedaría paliada con un puñado de viejos en cada centro docente. Serán –seríamos– auxiliares de policía. Un cargo muy parecido al que Manolo Domínguez pretende crear en el pueblo: gestores de incidencias en la vía pública. Bastaría un chaleco reflectante, una señal de stop y una gorra. Porque la gorra impone respeto. Y siempre habrá alguno que quiera aprovecharse de la supuesta debilidad de los ancianos. Qué ignorantes.
A los más espabilados en la regulación del tráfico se les podría encomendar que pongan cordura y orden en los desaguisados circulatorios cada vez que caen cuatro gotas. Estos deberían ser los que se han jubilado anticipadamente (por ejemplo, los del sector bancario) y tienen sus facultades físicas y mentales más entrenadas para este tipo de situaciones. Además, aún les queda un mucho de maña para contar. En este caso, los vehículos. Que serían como billetes transitando por sus manos.
Existen tantas posibilidades que incluso me atrevería a que se ampliara el campo de acción. Y los cargos públicos no se han percatado del alivio que para su gestión supondría esta invasión de la tercera edad. Por ejemplo, si hubiese estado al frente de Sinpromi (Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad) uno de los del grupo senior que yo propongo, a buen seguro que Cristina Valido no habría tenido que ponerse brava. A destiempo, como casi siempre. Ahora resulta que el Cabildo desconoce cuánto dinero desvió el otro pequeño Francisco Nicolás. Con un experimentado, ni por asomo.
Y el próximo año, ahí a la vuelta de la esquina, un sonado fichaje: el mismísimo Paulino Rivero. Con un bagaje en su mochila que… agüita.  Y todo ese cúmulo de conocimientos bien plasmado en su blog, asignatura obligatoria en los nuevos planes de estudios. Que tanta envidia está causando que ya se han iniciado los ataques. Sí, hace unos días se colaron los intrusos y te advertían con el siguiente mensaje: “El sitio al que vas a acceder contiene software malicioso”. Esos rencores no los entiendo. Ni comparto. Ya saben que software es palabra inglesa que podría traducirse por partes blandas o suaves. Y mi presidente no tiene de eso. Que es un hombre curtido en mil batallas (su palabra preferida es pelear). Su piel es como las piedras de los mecheros antiguos. Los de la ruedita dentada. Como la de los actores de las películas del oeste. Y vaya que daría juego en mi plan de acción.
Nada de centros y hogares, antros de corrupción y vicio. Viejos, uníos, la calle es nuestra. Ganémonos honradamente nuestra pensión. Que no nos echen en cara que estamos mano sobre mano. Demostremos que aún somos capaces…
Acaba de llegar mi mujer y me espetó que siga dando ideas. Me dejó estupefacto.
Hasta la próxima.