lunes, 6 de octubre de 2014

Tétrada

Conjunto de cuatro cosas que guardan relación, parece que es su definición. Y aunque puedan tratarse de asuntos bien dispares, tienen algo en común: las leí este fin de semana. Las anoté en la libreta que poseo a tal efecto y ahora las desarrollo para que tú emitas la valoración de rigor. ¿Te parece?
Es que me tiene manía, repetía una y otra vez el alumno para justificar a su progenitor la baja calificación de una asignatura. Los docentes siempre hemos tenido claro que si el escolar era bueno se debía a méritos propios y si era malo, ya te lo puedes imaginar. Pues algo parecido debe ocurrirle al coche de doña Esperanza. Los agentes de movilidad madrileños le calaron la matrícula y lo han vuelto a pescar aparcado en doble fila. En resumen, le tienen manía. Así que la señora Aguirre, a la que Ignacio quiere colocar en la alcaldía para que no le dispute el sillón autonómico, no es culpable de nada. Es su maldito vehículo que reincide para que nos metamos con ella. No hay derecho. Bueno, para ser más correctos, en su caso deberíamos utilizar no hay izquierdo.
Uno, acá en la distancia y en medio de la mar océana, no acaba de entender bien el envite catalán. Aparte, claro está, del consabido todos queremos más. Pero si observas las fotos en las que el Muy Honorable comparece ante los medios, casi siempre está detrás, en un segundo plano, un señor regordete, con cara de pocos amigos, que lo mira atravesado. Como queriendo advertirle: Cuidadito con lo que dices que te estoy acechando. Esta que ilustra este comentario es solo un botón de muestra. Presiento que muchos votantes de CiU están desencantados con la deriva. Y al igual que otros tantos que miramos desde más lejos, intuyen que don Oriol Junqueras (ERC) lo está manejando de tal manera que ahora mismo don Arturo Mas es un pelele en sus manos. Para entendernos, que lo tiene tan bien cogido por cierto sitio que duele, que cuando intenta sacudirse le entra muy fuerte sudor frío.
Tanta es la manía que tengo con los titulares periodísticos, que si hubiese estado trabajando en una redacción no hubiese durado más de una semana. Me habrían dado dos patadas en el culo y puesto en la puerta de la calle más rápido que queriendo. Y de haber sido encargado del cierre, el periódico no sale. Pero las premuras tampoco pueden ser justificadas con disculpas sin fundamento. Ello me lleva a pensar que mucho periodista se ha acomodado y cree que con esperar que la máquina le escupa el comunicado de la institución tal o cual, garbanzos asegurados. No me extraña que algunos pongan el grito en el cielo y se hallen preocupados. Me remito a la tarjeta roja, que señalara el maestro Salvador en su blog. Este pasado sábado podíamos leer en El Día: “Santa Cruz de Tenerife debe como mínimo más de 80 millones”. ¿Un mínimo de más de? Cada uno podrá pensar, de 80 para arriba, la cantidad que estime conveniente. Por ejemplo, los del PP, que están en la oposición, dirán que unos quinientos y pico. Y Corrales (que no sé dónde está en estos momentos vitales de su existencia política) alargará la cuestión a unos tres mil doscientos. Cuando acabe la película –a los postres, que se dice– se irán echar el cortadito al Parque García Sanabria.
Y vamos con el cuarto. Quedan tres aspirantes socialistas para el proceso de primarias que ha de elegir el candidato del partido a la presidencia del Gobierno de Canarias. Hay dos vocablos que sobresalen en la campaña: regeneración (rediseño, remodelación, rehechura) y cambio. Me parecen correctas y oportunas. Lo malo es que no se cae en la cuenta del peligro que su uso encierra y se introducen en la peligrosa red de las contradicciones. El político no se ha caracterizado jamás por ser dueño de sus silencios, sino que se embarca en la aventura de ser prisionero de sus palabras. Y no todos tenemos flaca memoria. Gustavo Matos, verbigracia, solicita que Carolina y Patricia publiquen sus patrimonios. Sin percatarse de que es un requisito que el propio partido les ha exigido para poder disputar la carrera. Y en el caso de la diputada nacional, el dato está a disposición del que se alongue a la web del Congreso de los Diputados. Pero me tiro de los pelos (qué ilusión) cuando recuerdo que ese asunto estaba ya superado en la década de los ochenta del siglo pasado. Época en la que muchos levantamos los edificios en los que habitan los que pretenden en 2014 repartir lecciones de moralidad, ética y buenas costumbres. Soy consciente de que en el fragor de la competición se pueda escapar más de un dislate. Pero guarden sumo tacto porque la tortilla se les puede virar. Y si se chamusca, el panorama cambia radicalmente. Vuelvo al ejemplo machacón. Discutimos si llevamos imputados o no en las listas. Y medito y respiro profundamente cuando tengo ante mí ciertas fotografías. Porque no es que vislumbre retratados –y nunca me vino mejor un calificativo– a personas a los que se atribuye hechos reprobables, sino que contemplo, además, a otros, que han sido juzgados y condenados. A los que aplaudimos a rabiar en el momento que nos discursea eslóganes del bien quedar. ¿A qué jugamos? Seamos consecuentes. Yo, de verdad, espero y deseo que afiliados y militantes de las agrupaciones locales demuestren alturas de miras y sean conscientes de lo mucho que se juega el PSOE en esta tesitura. Hablar de regeneración y cambios en pretendientes bien cercanos, cuya única carta de presentación es haber ido perdiendo elecciones de forma directamente proporcional a la trayectoria seguida por los cangrejos, que han abandonado estudios para agarrarse a la tabla de salvación de la teta pública, resulta, cuando menos, chocante y paradójico.
¿Saben una cosa? Duele, por lo visto, y mucho, que un exalcalde demande preparación, compromiso, entrega, sacrificio. Y menos fotos de poses extravagantes. Hay que ir al encuentro del pueblo y no esperar que este se asome a las redes sociales a ver si se sorprende con un perfil excelente y una frase copiada del amplio elenco que Internet brinda. A trabajar, carajo. Con desinterés y altura de miras. Y déjense de machangadas y niñerías. Ejemplaridad.
Permiso concedido para propagar y compartir estos mis pareceres. A lo mejor despierto alguna conciencia. Y no es mi deseo, con total sinceridad, que al hacerlo pueda cualquier dormido caerse de la cama abajo y se dé un leñazo por mi culpa. Aunque si con el golpetazo se le colocan las neuronas en su sitio, no me sentiré culpable ni defraudado.
Hasta mañana.